La memoria fotográfica de Mario La Torre, el hombre que contó la historia con imágenes
Un flash lo impresionó cuando era un adolescente y a partir de ese momento le entregó buena parte de su vida al oficio de eternizar los instantes. De Juan Funes a "Copete" Cabañez, de la caída de un avión a una velada de box.

Un día de 1973, Mario La Torre caminaba con un amigo por calle Rivadavia, a la altura del viejo edificio de LV3. Desde un auto, Héctor "Tino" Videla les sacó una foto y el flash alumbró los ojos negros de Mario para siempre. "Es mi hermano –le dijo su amigo- que se va a cubrir la llegada del embajador de Indonesia".
A partir de ese momento la fascinación lo llevó a responder positivamente cuando su amigo le propuso hablar con Tino para conseguirle un puesto en el que por entonces se llamaba El Diario de San Luis. No era ajeno el olor a papel de diario para Mario, ya que su padre tenía un kiosco en la esquina de Illía y Junín donde funcionaba la distribuidora de El Tiempo de Cuyo, que venía de San Juan.
Mario nació en San Luis hace 72 años en una casa de Ayacucho entre Constitución y Falucho e hizo hasta 5° grado en la escuela Rivadavia y luego pasó al Don Bosco. Pasó una vida laboral en El Diario. Pero antes atendió un quiosco, ayudó en un taller de chapa y pintura y en una estación de servicio. Desde la semana posterior al flash de calle Rivadavia entró a la empresa periodística con doble función: por la mañana era diagramador de los avisos y en la tarde fotógrafo. Se jubiló en 2022.
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"Tino Videla fue un maestro para mí porque fue el que me enseñó todos los secretos de de la fotografía. Y además tenía una gran virtud porque en ese tiempo no había la tecnología que hay ahora. Me acuerdo que teníamos una cámara fotográfica a la que se le pegaba el disparador, entonces teníamos que andar con una pinza de depilar para levantarlo", recordó Mario a su mentor, con quien todavía sigue en contacto.
La primera cobertura que hizo fue con el periodista Rubens Lavandeira, con quien viajó a Balde para un acto escolar. Desde entonces cubrió accidentes, fechas deportivas, sociales, espectáculos, actos oficiales y crímenes tremendos que relacionaron su cara y su cámara colgada al cuello con El Diario de la República. "Todavía hay gente que me pregunta si sigo haciendo fotos".
Cada tanto, en su casa, Mario despunta el vicio con una Nikon digital y otra analógica, lo que demuestra su adaptación a los nuevos tiempos.
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Pero la pregunta más repetida que escucha Mario es si puede conseguir determinada foto que salió alguna vez publicada. "Es como si yo estuviera el archivo viviente", bromea Latorre, fanático de River, quien 1990 fue ascendido a jefe de producción de El Diario y vivió todo el proceso de cambio al modo digital.
Además de Lavandeira, Mario compartió cobertura con glorias del periodismo provincial como Eduardo Brovarone, Jorge Gómez Pérez, Eduardo Capella, Miguel Otero Alric, Miguel Fernández y Javier Echenique, un boliviano que había sido gobernador de Oruro y que estaba a cargo de la sección Cultura.
Con tantos años en la carrera, el fotógrafo es una fuente inagotable de anécdotas. "Una vez fuimos a una localidad del interior donde habían descubierto enterrado un tanque de los que transportan de nafta", cuenta como una de las coberturas más extrañas.
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Jorge Luis Borges, René Favaloro, Mario Socolinsky, Rafaella Carrá, Enzo Francescoli, entre otros, pasaron por la lente de Mario, quien se quedó con la deuda de fotografiar a Diego Armando Maradona. "Lo vi cuando vino al funeral de Juan Funes pero ya no estaba en fotografía", se lamentó.
La relación de La Torre con Funes merece un párrafo aparte. Comenzó en las coberturas deportivas y trascendió la relación profesional, a tal punto que muchas veces Mario fue a la casa de la familia del delantero que le dio la gloria a River en 1986. "Cada vez que lo llamaba a Juan o él necesitaba algo, estábamos. Incluso algunas fotos que fueron tapas de El Gráfico las hice yo a pedido de él".
Poco antes de morir, el futbolista puntano coqueteó con Boca, algo que de concretarse no hubiera molestado para nada a Mario: "Juan era tan buena persona, tan humilde, que trascendía todos los colores."
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Aunque el trajín diario lo obligaba a trabajar para todas las secciones, la fotografía deportiva fue la especialidad que más llamó la atención de Mario. Las finales de 1978 y 1979 de Juventud y su paso al Nacional B, las peleas de "Chiqui" Valenzuela y otros boxeadores de San Luis ("los conocí a todos") y las carreras de autos fueron sus preferidas por la exigencia que tenía para obtener una buena imagen. "Ahora con lo digital –resume Mario-, una cámara prácticamente filma la secuencia. Antes tenías que ser rápido para captar dos secuencias seguidas".
El trabajo fotográfico de la era de Mario dista muchísimo con la actualidad. El revelado de las fotos era una labor casi religiosa para la que los profesionales se encerraban en una pieza oscura y sacaban sus rollos para comenzar el proceso. Latorre cuenta que de cualquier cobertura le pedían por lo menos diez imágenes para que los editores eligieran la mejor.
"Cuando al otro día veía la foto publicada y comprobaba que era buena, impactante, sentía una satisfacción muy grande porque cumplía con el objetivo", recuerda Mario que al día de hoy cuando observa una imagen lo primero en que se fija es si está en foco, movida o mal registrada.
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Fanático del blanco y negro ("trabajar así en el laboratorio es espectacular"), La Torre fue el autor de las fotos más emblemáticas a Carlos Alberto "Copete" Cabañez, protagonista de uno de los hechos policiales más recordados de la provincia, el asesinato de tres mujeres en el barrio 1° de mayo.
"Fue el 20 de junio de 1988 –recuerda Mario con memoria fotográfica-, yo había ido a la cancha y cuando llegué a la redacción nos avisaron que habían sucedido los crímenes y nos fuimos para allá. Justo estaban sacando los cadáveres".
Acaso sin quererlo, como todos los fotógrafos, Mario retrató la historia de la provincia con cada click. Su ojo entrenado y la velocidad para buscar la mejor imagen lo mantuvieron en la profesión durante años, aún en un época de muchos cambios para su actividad. De lo analógico a lo digital, La Torre no le tuvo miedo a la nueva era. Son pocas las cosas a las que un hombre como Latorre le puede tener miedo si tiene su cámara al lado.
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Fuente: El Diario de la República
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