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La morosidad del personal entra de lleno a las empresas

Las deudas de los trabajadores dejó de ser un problema exclusivamente familiar para instalarse dentro de las organizaciones. Ante una consulta de La Voz el 60% de los empresarios sondeados respondió que tiene empleados con atrasos notorios en el pago de obligaciones. El riesgo de…

Por Walter Giannoni9 min de lectura
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La morosidad del personal entra de lleno a las empresas
La morosidad del personal entra de lleno a las empresas · Foto: La Voz

Un industrial cordobés encendió la luz de alarma. Todavía no es roja incandescente, pero sí amarilla intensa. El desfile de empleados ante la oficina de recursos humanos lo llevó a realizar un estudio propio. Excel en la notebook, llegó a la conclusión de que 31 de sus 100 empleados presentan mora irregular de algún tipo, no un simple crédito. La cosa no quedó ahí. Diez de esos trabajadores están en categoría cinco del Banco Central y ocho en el nivel cuatro.

Para una persona física, estar en mora 4 o 5 suele implicar la imposibilidad de obtener nuevos préstamos o tarjetas de crédito, un fuerte deterioro del historial crediticio, tasas mucho más elevadas si alguna entidad decide volver a prestarle dinero y mayores probabilidades de enfrentar acciones judiciales o cobranzas extrajudiciales.

En casos extremos, puede incluso derivar en la renuncia al empleo formal para pasar a la economía informal y evitar embargos sobre el salario. "Me alarma el tema", resumió aquel empresario.

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Para conocer la dimensión del problema, La Voz consultó a medio centenar de empresarios (dueños o altos ejecutivos) de la industria, el comercio y los servicios de Córdoba.

El primer dato surge casi como una señal de advertencia. El 60% de los empresarios respondió que tiene empleados con atrasos notorios en el pago de sus deudas. Apenas el 28% sostuvo que no enfrenta esa situación, mientras que un 13% reconoció no tener información suficiente para responder.

La percepción también aparece reflejada en otro indicador. La mitad de los empresarios afirmó que el endeudamiento de sus trabajadores ya constituye una preocupación para la empresa.

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Solamente el 13% respondió que el inconveniente existe pero no representa un problema, mientras que un tercio considera que, por ahora, la situación permanece bajo control.

Las cifras ayudan a explicar por qué un problema que durante años permaneció dentro de cada hogar comenzó a ingresar en las oficinas de Recursos Humanos. Para muchas empresas cordobesas ya no se trata únicamente del salario o de las paritarias.

El desafío también pasa por contener a trabajadores que llegan cada mañana con una mochila financiera cada vez más pesada y cuya situación económica empieza a tener consecuencias sobre la organización cotidiana de las empresas.

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Aparecen realidades muy distintas. Algunos casos responden al uso intensivo de tarjetas de crédito y préstamos personales. Otros están vinculados con refinanciaciones sucesivas que, lejos de aliviar la situación financiera, terminaron incrementando el peso de la deuda.

"La gente se endeudó como siempre lo hacía, pero esta vez la inflación no licuó las cuotas", sintetizó un desarrollista, resumiendo uno de los cambios estructurales que implica el plan del Gobierno nacional para estabilizar la economía.

Durante años, buena parte de las familias apostó a financiar consumos bajo la premisa de que una inflación elevada reduciría rápidamente el peso real de las cuotas. El proceso de desaceleración inflacionaria modificó completamente esa lógica.

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Casi la mitad de las empresas ya tomó algún tipo de medida para intentar amortiguar el problema. El 45% respondió que implementó estrategias específicas para colaborar con el personal endeudado. El restante 55% reconoció que no pudo hacerlo.

Las respuestas permiten observar una gran variedad de iniciativas. "En la empresa diseñamos un sistema de compras de alimentos para bajar los precios de los alimentos", explicó un industrial del sector del mueble.

Otro empresario detalló una batería de herramientas: "Algunas de las medidas que aplicamos son adelantos de sueldos a descontar en algunas cuotas. También pagar algunas semanas de vacaciones y que las trabajen, algún préstamo en casos especiales y la posibilidad de hacer horas extras si el sector lo amerita".

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También aparecen acciones de asistencia directa. "Con el pago del aguinaldo correspondiente se le sumó un bono de 100.000 pesos para retirar mercaderías en un supermercado", contó un fabricante del rubro plástico del interior provincial.

En otros casos, la estrategia apunta a la prevención. "Asesoramos a nuestro personal sobre endeudarse en banco, billetera y otros prestamistas", explicó un empresario de la minería.

No todas las compañías tienen espalda económica para intervenir. "No pudimos buscar ninguna estrategia para colaborar con el personal endeudado porque en las empresas pymes tampoco es buena la situación", señaló una empresaria de la industria.

"Intentamos que de ambas partes, empleados y dueños, haya colaboración para aguantar y esperar una reactivación. Esperemos que sepan ver los gobiernos, ¡todos!, lo que sufrimos en la microeconomía. Nos exigen que no dejemos sin trabajo, pero ellos no crean las condiciones para que no falte", agregó.

La afirmación refleja una constante entre las pequeñas y medianas empresas. Mientras enfrentan caída de rentabilidad, aumento de costos y dificultades para acceder al crédito, también reciben una creciente demanda de ayuda económica por parte de sus propios trabajadores.

El fenómeno ya comenzó a trasladarse hacia la administración cotidiana de las empresas. El 45% de los empresarios aseguró que aumentaron los pedidos de adelantos salariales o la llegada de embargos judiciales sobre los haberes. El 55% respondió que la situación permanece dentro de parámetros habituales.

"Estamos analizando cómo ayudar. La deuda en mora total es cercana a los 300 millones de pesos entre todos los empleados. Mi miedo es que cuando empiecen a caer embargos, empiecen a suceder renuncias en la industria. Es personal capacitado que se te va. Se supone que llegamos a este momento con los mejores y hemos recortado lo menos necesario según la visión y las necesidades de la empresa", advirtió un industrial con ventas en el mercado interno y el exterior.

La preocupación no se limita al costo administrativo de gestionar los embargos. También aparece el riesgo de perder trabajadores experimentados cuya formación demandó años de inversión.

Las opiniones también posibilitaron conocer la dimensión aproximada del fenómeno dentro de las empresas. El 34% de los empresarios que respondió estimó que alrededor del 5% de su personal presenta deudas atrasadas.

Otro 17% ubicó esa proporción en torno al 10%. El 32% respondió que el porcentaje asciende al 20%. Finalmente, un 17% sostuvo que el problema alcanza al 30% o más de la plantilla laboral.

Para el consultor en recursos humanos Martín Poncio la problemática alcanza especialmente entre quienes perciben los salarios más bajos.

Según explicó, cada vez es más frecuente la solicitud de anticipos de sueldo o préstamos internos cuando la organización cuenta con ese tipo de políticas. "Los empleados están pateando la pelota para adelante, resuelven cuestiones más cotidianas que inversiones", señaló.

Agregó que, cuando se consulta el destino de esos fondos, predominan gastos corrientes por sobre proyectos de largo plazo. "Aparecen cuestiones más cotidianas en lugar de motivos como cambiar el auto o mejorar la vivienda. La plata no está alcanzando y no todos pudieron acomodar su economía a los nuevos costos", afirmó.

Si bien muchas compañías flexibilizan sus políticas para asistir al personal, advirtió que "en algún momento llega el problema", por lo que el acompañamiento no resuelve de fondo la situación financiera de los trabajadores. En algunos casos, incluso, aparecen empleados que buscan acceder a una indemnización para obtener liquidez.

"La gente cuando está desesperada busca la alternativa que tenga a mano", explicó. No obstante, aclaró y recomendó que los trabajadores "confíen en la opinión de los empleadores, que son personas de finanzas", para evaluar alternativas que permitan aliviar el endeudamiento sin resignar el empleo.

Las respuestas de los empresarios también muestran que el fenómeno no es interpretado de la misma manera por todos. Algunos consideran que el problema se agravó en los últimos meses, mientras que otros sostienen que el endeudamiento forma parte de la economía familiar desde hace décadas y que lo realmente novedoso es la pérdida de capacidad para salir rápidamente de esa situación.

"El problema del endeudamiento del personal es constante desde hace décadas, no es de ahora", sostuvo el propietario de una pyme proveedora de la construcción. Un industrial textil relativizó el alcance del fenómeno dentro de su empresa. "Hay deudas normales como en cualquier casa. Debo tener cinco personas que hicieron un plan de pagos sobre un total de 150 empleados", comentó.

Entre quienes participaron de la consulta existe un consenso bastante amplio respecto de uno de los principales factores que explican el aumento de las dificultades para pagar.

"Creo que la morosidad creció, pero nadie dice que la mayoría siguió comprando en su momento con el Ahora 12 y otras cuotas pensando que la inflación licuaría los pagos, y eso no pasó", afirmó un importante empresario del comercio y la construcción.

Esa apreciación coincide con el cambio de escenario macroeconómico. Durante varios años, financiar consumos a tasa fija implicaba que la inflación redujera rápidamente el peso real de cada cuota. Con una inflación mucho menor, esa ventaja desapareció y muchas familias comenzaron a afrontar compromisos financieros que ya no pierden valor con el paso de los meses.

Otros empresarios ponen el foco en el sistema financiero. "Creo que los bancos, las tarjetas y las financieras son los culpables. Les resulta más fácil cobrar tasas exorbitantes a las personas que prestarles a las empresas", opinó un mayorista del sector comercial.

Desde la industria metalmecánica también surgió un planteo similar. "Las tasas que cobran las tarjetas de crédito son usurarias. Deberían desregularlas para que compitan y permitir que los bancos refinancien para reincorporar a la gente nuevamente al circuito financiero".

En la misma línea, un productor agropecuario y tambero con varios empleados reclamó "algún plan de cuotas para morosos a tasas lógicas", como mecanismo para evitar que miles de familias profundicen su deterioro financiero.

Las refinanciaciones tampoco resultan gratuitas. Además de los intereses y las comisiones que cobran las entidades financieras, las deudas refinanciadas soportan una carga tributaria que incrementa el costo final.

En Córdoba, los resúmenes de tarjetas de crédito y determinadas operaciones financieras pagan el impuesto de Sellos provincial, mientras que los intereses y varios cargos financieros tributan el IVA nacional. Así, quien refinancia el saldo de una tarjeta o demora el pago de un préstamo no sólo enfrenta intereses crecientes, sino también impuestos que encarecen todavía más la deuda.

El cuadro que describen los empresarios cordobeses encuentra respaldo en los indicadores nacionales. Según la consultora Focus Market, actualmente 20,3 millones de argentinos mantienen algún tipo de crédito, mientras que la mora en los préstamos familiares alcanzó el 12,1%, el nivel más elevado en más de dos décadas.

El informe también revela que seis de cada 10 hogares poseen deuda no bancaria y que el pasivo total de las familias asciende a 39 billones de pesos. De ese monto, 32,1 billones corresponden a deuda bancaria y 6,9 billones a compromisos no bancarios. El endeudamiento promedio alcanza 5,7 millones de pesos por hogar en créditos bancarios y 1,15 millones en deuda no bancaria.

Fuente: La Voz

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