La nueva clase media: el esfuerzo ya no alcanza para progresar
Un estudio de la UNC detectó que un sector de hogares jóvenes con alta formación y mayoritariamente inquilino concentra el pluriempleo el endeudamiento y una creciente presión del costo de la vivienda para sostener su nivel de vida.

La imagen tradicional de una crisis económica suele estar asociada al desempleo masivo, los comercios cerrados y el aumento abrupto de la pobreza. Sin embargo, para el equipo que desarrolla el proyecto "La gestión de la crisis en los hogares cordobeses. Un estudio desde la perspectiva de la desigualdad de clases sociales, género y edad (2023-2027)", la situación actual en Córdoba tiene otra cara.
Es un rostro menos visible, pero igualmente grave: la de hogares que trabajan más que antes, recurren por necesidad al crédito a tasas elevadas y aun así encuentran dificultades para sostener su nivel de vida.
El informe de avance, elaborado en el marco del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) bajo la dirección de Héctor Mansilla y la codirección de Gonzalo Assusa, constituye una etapa preliminar de un trabajo que finalizará en 2027.
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Son resultados parciales (pero muy interesantes), construidos a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para Gran Córdoba, procesados mediante técnicas de análisis relacional que combinan variables de ingresos, educación, ocupación, género, edad y patrimonio.
La principal conclusión es que Córdoba atraviesa una "crisis de reproducción social", concepto que busca explicar una situación en la que los mecanismos tradicionales que permitían proyectar y sostener la vida cotidiana han perdido eficacia.
"Estamos viviendo una crisis que no es de desempleo, que no se ve en un piquete, pero que cambió las reglas de juego sobre cómo sobrevivir, qué esperar para nuestro futuro inmediato y a largo plazo y dónde nos creemos parados en la estructura social", dice el informe.
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Dentro de la estructura social cordobesa identificada por el estudio aparece una categoría que concentra buena parte de las tensiones de la economía actual: la denominada Clase Media B.
Representa apenas el 10% de los hogares del Gran Córdoba, pero reúne características que los investigadores consideran emblemáticas de la crisis contemporánea. Son sostenes de hogar predominantemente jóvenes, con elevada formación educativa, fuerte presencia de ocupaciones técnicas y una importante proporción de mujeres como principales proveedoras de ingresos.
Según el informe, el 69% de estos hogares tiene sostenes con estudios superiores completos, una proporción incluso superior a la observada en otros sectores medios. Sin embargo, ese capital educativo no se traduce en estabilidad económica.
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La investigación vincula este fenómeno con lo que denomina una "desvalorización de las titulaciones de nivel superior", un proceso que erosiona la histórica promesa de movilidad social asociada a la educación universitaria.
Uno de los datos más interesantes aparece en el mercado laboral. Mientras la tasa de desempleo se mueve entre 6,4% y 7,9%, lejos de los niveles posteriores a la crisis de 2001, el esfuerzo necesario para sostener ingresos aumentó de manera notable.
La Clase Media B presenta el nivel más alto de pluriempleo de toda la estructura social cordobesa: el 27% de los principales sostenes del hogar tiene dos o más trabajos. En la Clase Media A el porcentaje cae al 12%.
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Los investigadores sostienen que buena parte de la reproducción económica de estos hogares depende de una cada vez mayor inversión de tiempo y trabajo.
"La reproducción social en posiciones con más volumen de capital se estaría sosteniendo con plus de inversión de fuerza de trabajo", explican desde la UNC.
Pero el esfuerzo no se limita al trabajo remunerado. El informe introduce la idea de un "doble trabajo": generar ingresos y administrar permanentemente esos ingresos en un contexto de inflación acumulada, crédito, promociones, cuotas y vencimientos. "Hay pluriempleo, doble jornada y también doble trabajo: para conseguir dinero, y para hacerlo rendir", dicen.
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Si existe una variable que diferencia a esta clase media joven de los sectores medios más consolidados es la vivienda.
Mientras el 72% de los hogares de Clase Media A es propietario pleno, en la Clase Media B el 61% alquila. Apenas el 27% es propietario.
Para los investigadores, esta diferencia tiene consecuencias directas sobre la estructura de gastos y las estrategias de endeudamiento. El estudio sostiene que el mercado inmobiliario funciona como un mecanismo de redistribución regresiva de ingresos entre generaciones, transfiriendo recursos desde hogares jóvenes que alquilan hacia hogares de mayor edad que poseen patrimonio inmobiliario y perciben rentas.
Otro rasgo distintivo del informe es la centralidad que ha adquirido en la Argentina de Javier Milei el proceso de financiarización. Entre 2004 y 2025 los hogares que compran en cuotas o al fiado pasaron de 32,1% a 61,9%. Quienes solicitaron préstamos a bancos o instituciones financieras crecieron desde 4,4% hasta 16,8%. Y la proporción de hogares que utilizaron ahorros para cubrir gastos corrientes llegó al 39,6%.
La clase media joven aparece nuevamente como el segmento más comprometido. El 55% utilizó sus ahorros para afrontar gastos mensuales. El 74% compró en cuotas o al fiado. El 30% recurrió a préstamos de familiares o amigos y el 18% declaró haber vendido pertenencias para cubrir gastos corrientes.
Además, el índice de endeudamiento elaborado por el equipo ubica a la Clase Media B como la categoría con el mayor nivel promedio de presión financiera de toda la estructura social cordobesa. "La Clase Media B resulta la de mayor endeudamiento promedio en todo el espacio social", sentencia el estudio.
El aporte conceptual más novedoso del informe es que desplaza la discusión desde la financiarización hacia lo que denomina "apropiación desigual de las finanzas". La idea es que todos los sectores utilizan crédito, cuotas, préstamos o financiamiento, pero no para los mismos fines ni bajo las mismas condiciones.
Mientras algunos hogares utilizan instrumentos financieros para ampliar patrimonio o realizar inversiones, otros recurren a esas mismas herramientas para comprar alimentos, cubrir servicios o llegar a fin de mes.
"Algunos hogares se endeudan para comprar propiedades, autos o equipamiento para el hogar. Otros están teniendo que comprar alimentos con la tarjeta de crédito porque el día 15 del mes se quedaron sin salario", aseguran.
Para los investigadores, allí se encuentra una de las claves para comprender la economía actual de los hogares cordobeses. El problema ya no pasa únicamente por cuánto gana una familia, sino también por cuánto debe trabajar para sostener ese ingreso, qué porción destina al alquiler, cuánto depende del crédito y cuáles son sus posibilidades reales de proyectar un futuro menos condicionado por la deuda.
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Uno de los aportes más novedosos del estudio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) está en la forma en que los investigadores construyeron una nueva radiografía de la estructura social cordobesa.
A partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de 2025, el equipo desarrolló un esquema que divide a los hogares del Gran Córdoba en cinco grandes posiciones sociales, incorporando no sólo los ingresos sino también variables como educación, ocupación, género, edad, patrimonio y situación habitacional.
El trabajo parte de la premisa de que la clase social no puede explicarse únicamente por el salario que recibe una persona. Por eso, los investigadores aplicaron técnicas estadísticas de análisis relacional para construir grupos que reflejen de manera más precisa cómo viven, consumen, trabajan y gestionan sus recursos los hogares cordobeses.
El resultado es un mapa compuesto por cinco posiciones: Clase Media A, Clase Media B, Clase Trabajadora, Precariado A y Precariado B. La distribución muestra una estructura social donde los sectores más vulnerables siguen siendo mayoritarios.
Según el estudio, la Clase Media A representa el 16% de los hogares del Gran Córdoba; la Clase Media B, el 10%; la Clase Trabajadora, el 21%; el Precariado A, el 30%; y el Precariado B, el 23%.
La Clase Media A ocupa la posición más consolidada dentro de los sectores medios. Está integrada principalmente por hogares con sostenes varones, altos niveles educativos, inserción en puestos directivos, actividades profesionales y una elevada proporción de propietarios de vivienda. También es el segmento donde se concentra con mayor frecuencia la percepción de ingresos provenientes de alquileres o rentas.
La Clase Media B, en cambio, aparece como una categoría muy diferente. Reúne a hogares más jóvenes, con una fuerte presencia de mujeres como principales sostenes económicos y altos niveles de educación formal. Sin embargo, también concentra mayores niveles de pluriempleo, endeudamiento e inquilinato. Es el grupo que los investigadores identifican como el más presionado por la crisis actual.
Por debajo se ubica la Clase Trabajadora, que representa el 21% de los hogares. Está asociada principalmente a sostenes varones adultos, inserciones laborales operativas, niveles educativos intermedios y una importante presencia de cuentapropistas. A diferencia de los sectores medios, presenta hogares más numerosos y una fuerte dependencia de los ingresos laborales para sostener el consumo.
Los dos segmentos de menor posición relativa son el Precariado A y el Precariado B, que juntos concentran más de la mitad de los hogares del Gran Córdoba. El primero se caracteriza por la presencia de mujeres adultas y adultas mayores, bajos niveles educativos y alta dependencia de jubilaciones, pensiones y transferencias estatales.
El segundo comparte situaciones de vulnerabilidad económica, aunque con sostenes más jóvenes y mayores niveles de asalariación.
Otro aspecto innovador del trabajo es la creación de la figura del Principal Sostén del Hogar (PSH). En lugar de utilizar la categoría tradicional de "jefe de hogar", basada en la autopercepción de los encuestados, los investigadores diseñaron un algoritmo que identifica quién sostiene realmente la economía familiar considerando ingresos, calificación laboral y nivel educativo.
Según el informe, esta metodología permite reducir sesgos de género y captar con mayor precisión la organización económica de los hogares contemporáneos.
Para la UNC, esta nueva clasificación permite comprender mejor una crisis que atraviesa de manera diferente a cada grupo social. Mientras algunos hogares utilizan el crédito como herramienta de inversión o acumulación patrimonial, otros recurren a préstamos, cuotas o ahorros para financiar gastos cotidianos.
Esa diferencia es una de las claves del estudio y ayuda a explicar por qué un mismo contexto económico puede ser experimentado de formas tan distintas según la posición que cada familia ocupa dentro de la estructura social cordobesa.
Fuente: La Voz
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