La nueva paz es una forma de guerra permanente
La Argentina de Javier Milei es un laboratorio. Medio Oriente es otro. Las crisis y las guerras son dos formas de emergencia, y las emergencias aceleran procesos.

Nicolás Lantos
Trump firmó la capitulación en Versalles. Seguramente no entiende el simbolismo de ese gesto. El acuerdo de catorce puntos (otro dato histórico que seguramente también se le escapó) concede casi todo lo que Irán planteaba como condición para sentarse a negociar y obtiene prácticamente nada a cambio. Es un hecho que pasará a la historia y marca un quiebre en la presencia norteamericana en Medio Oriente, con consecuencias en todo el planeta.
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El texto acepta el control iraní sobre el estrecho de Hormuz, levanta las sanciones que pesaban sobre ese país, descongela los fondos iraníes bloqueados, establece un fondo de reconstrucción de 300 mil millones de dólares y mantiene el status quo sobre el programa nuclear de Teherán. A cambio, Irán "renuncia" a desarrollar armas nucleares (un compromiso que ya existía antes de la guerra) y admite condiciones que ya figuraban en el acuerdo de 2015
Que lo pactado se haya incumplido rápidamente, antes de que pasaran días, y la ceremonia en Suiza, donde las partes iban a ratificar lo que firmaron, esté suspendida y sin fecha, no hace menos grave la rendición, sino que la hace todavía más gratuita y le arrebata al presidente de Estados Unidos la posibilidad de venderse como un módico gestor de la paz de cara a las elecciones de medio término, la única ventaja que le brindaba el memorándum de entendimiento.Para peor, el desafío a Trump proviene de su aliado más cercano en la región. Es el gobierno de Israel el que se rebeló contra lo acordado entre Washington y Teherán, un cese al fuego en todos los frentes, incluyendo el Líbano. Los ataques israelíes causaron 47 muertos sólo el viernes, el segundo día más letal desde que se abrió ese frente de conflicto. Benjamin Netanyahu dijo que no va a retirar las fuerzas del territorio libanés.
El resultado será, probablemente, la continuidad de un conflicto menos intenso que en los últimos meses, pero que le demandará a Estados Unidos mayores recursos por un lapso de tiempo indefinido. Combustible para la maquinaria de la guerra, que ahora es hardware y software. Pero al mismo tiempo el reconocimiento, en los hechos, del corazón del memorando que firmó Trump: el rol de Washington en Medio Oriente comenzó un lento y tortuoso fade out.
Eso, a su vez, va a acelerar el repliegue hemisférico, la mano de hierro y algoritmo posada sobre América Latina y el plan para asegurar el continente y blindar los pasos bioceánicos. Cuellos de botella en la carrera tecnológica con China, que es la que están mirando los que diseñan la estrategia, algo que a esta altura del partido ya no sucede cerca del Salón Oval. La pregunta es: Trump firmó la capitulación. Perdió. Pero, ¿perdió Silicon Valley? ¿Perdió el Pentágono? ¿Perdió Palantir?
La Argentina de Javier Milei es un laboratorio. Medio Oriente es otro. Lugares donde no hay reglas, en los que todo vale y todo tiene un precio. Campos de prueba para experimentos que luego se implementarán en otras partes. Las crisis y las guerras son dos formas de emergencia, y las emergencias aceleran procesos: el corrimiento de límites, la experimentación y el desarrollo tecnológico, los cambios sociales necesarios para volver aceptable lo inaceptable, o viceversa.
Hace diez años el fascismo neoliberal encontró en las crisis permanentes una forma de gobierno que le sirve para desarmar los controles institucionales, probar nuevas tecnologías de vigilancia y control, y transferir riqueza hacia la cima; ahora, la misma casta de ultra ricos que financió esos experimentos intenta repetir el asalto a escala global. Un imperio mediante la guerra permanente contra el orden multipolar, que es la gran amenaza al experimento de aceleración capitalista de los dueños del mundo.
Fuente: El Destape
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