La otra cara de El Niño: crece el riesgo de inseguridad alimentaria en América Latina
El Programa Mundial de Alimentos advierte que El Niño podría afectar la seguridad alimentaria de más de 16 millones de personas

El fortalecimiento de El Niño durante este 2026 no solo mantiene bajo vigilancia a las regiones expuestas a lluvias intensas, inundaciones o sequías. También vuelve a encender una alerta sobre otro frente menos visible pero de enorme impacto social: la seguridad alimentaria. Un reciente análisis del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (WFP) advierte que América Latina y el Caribe podrían registrar uno de los incrementos más fuertes de inseguridad alimentaria asociados al fenómeno, con más de 16 millones de personas afectadas en los países evaluados.
La preocupación forma parte de una proyección global todavía más amplia. Según el organismo, el actual episodio de El Niño podría empujar a al menos 49 millones de personas adicionales hacia situaciones de inseguridad alimentaria aguda hacia fines de 2027. De concretarse ese escenario, el número de afectados en los 45 países analizados crecería de aproximadamente 225 millones a 274 millones.
El WFP advierte que el impacto será desigual. En América Latina y el Caribe, Centroamérica aparece como una de las zonas más expuestas, especialmente por la combinación de sequías, menor rendimiento agrícola y mayor vulnerabilidad social. El organismo estima allí uno de los mayores aumentos proporcionales entre todas las regiones estudiadas.
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La relación entre El Niño y la inseguridad alimentaria se explica por una cadena de efectos que puede comenzar con una anomalía climática y terminar golpeando directamente el acceso de las familias a los alimentos. Sequías prolongadas, lluvias excesivas, inundaciones, pérdida de cosechas, menor producción ganadera, daños en infraestructura y dificultades logísticas pueden reducir la oferta disponible y elevar los precios.
Ese riesgo se vuelve mayor cuando el fenómeno climático coincide con economías ya tensionadas por costos elevados de energía y fertilizantes, conflictos internacionales, desplazamientos y problemas previos de acceso a los alimentos. El propio WFP remarca que el episodio actual se desarrolla sobre sistemas alimentarios que ya llegan debilitados.
Las previsiones manejadas por el Programa Mundial de Alimentos indican que El Niño continuará fortaleciéndose durante 2026 y que sus consecuencias pueden extenderse durante 2027, especialmente por el efecto que las anomalías de lluvia y temperatura pueden dejar sobre sucesivos ciclos productivos.
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El antecedente inmediato más significativo es el episodio de 2015-2016, que afectó la seguridad alimentaria de entre 60 y 100 millones de personas en distintas regiones del mundo. La comparación no implica que el fenómeno actual vaya a reproducir exactamente aquel escenario, pero sí sirve para dimensionar su capacidad de impacto.
Ante ese panorama, FAO y WFP ya pusieron en marcha un esquema de acción anticipatoria entre junio de 2026 y marzo de 2027, con el objetivo de proteger a cerca de nueve millones de personas en 22 países. Las medidas incluyen transferencias monetarias, semillas resistentes a sequías e inundaciones, protección de ganado, sistemas de almacenamiento de agua e infraestructura contra crecidas.
En América Latina, organismos de Naciones Unidas vienen reclamando una mayor coordinación entre gobiernos para enfrentar posibles eventos extremos. En mayo, FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y el WFP señalaron que la región ya arrastra 167 millones de personas con inseguridad alimentaria moderada o grave, mientras más de 181 millones no pueden acceder a una dieta saludable.
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Ese dato permite entender por qué El Niño puede actuar como un factor multiplicador de vulnerabilidades existentes, más que como una causa aislada del hambre.
Para Argentina, y particularmente para el Litoral, el impacto climático de El Niño suele manifestarse de otra manera: mayores precipitaciones y riesgo de crecidas de los grandes ríos, con consecuencias potenciales sobre actividades productivas, infraestructura y logística. Sin embargo, el informe del WFP no permite atribuir a la Argentina una porción específica de los 16 millones proyectados para América Latina y el Caribe.
Por eso, el dato regional debe leerse como una advertencia más amplia: cuando el clima golpea simultáneamente la producción, el transporte y los ingresos de los hogares, el problema deja de ser solamente meteorológico y pasa a convertirse también en económico y social.
Fuente: Primera Edición
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