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La parálisis de la obra pública y el consumo hunden a los corralones

El freno total a los trabajos de infraestructura, la falta de crédito y la erosión de los ingresos familiares ahogan a la red comercial minorista de materiales. Los negocios de barrio se ven obligados a achicar planteles y postergar inversiones para intentar sobrevivir.

Por F autor2 min de lectura
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La parálisis de la obra pública y el consumo hunden a los corralones
La parálisis de la obra pública y el consumo hunden a los corralones · Foto: El Diario de La Pampa

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EL DIARIO digital

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La recesión económica en la Argentina dejó de ser un guarismo abstracto de planillas financieras para convertirse en un silencio inquietante en los mostradores de los corralones de barrio. Lo que en el arranque de la gestión nacional se proyectaba como un reacomodamiento transitorio derivó en un estancamiento estructural que amenaza la subsistencia de la red comercial de proximidad. Sin margen para las refacciones familiares ni flujo de fondos estatales, la venta minorista de materiales atraviesa su momento más crítico en años.

En el rubro de la construcción, la parálisis total de la obra pública por parte del Ejecutivo nacional amputó de golpe el volumen mayorista que oxigenaba a los grandes distribuidores y proveedores. A ese impacto se sumó el repliegue del comprador particular: golpeadas por la pérdida del poder adquisitivo, las familias redujeron a cero los presupuestos destinados a arreglos o ampliaciones en el hogar.

La histórica costumbre de la clase media argentina de resguardar ahorros "acopiando" bolsas de cemento, varillas de hierro o ladrillos desapareció por completo. En el mostrador, la demanda se limitó a compras mínimas y fragmentadas, con clientes que solicitan múltiples presupuestos antes de llevar lo indispensable para reparaciones de urgencia.

Números en rojo y achique operativo

Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ratifican la profundidad del golpe: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una contracción interanual del 4,4%, profundizando una racha negativa que impacta en toda la cadena industrial. La caída en los insumos clave refleja la magnitud del parate: el despacho de asfalto se derrumbó un 18,4%, el yeso un 17%, las cales un 13%, los pisos y revestimientos cerámicos un 11,9%, los ladrillos huecos un 9,7% y el cemento portland un 8,1%.

En los comercios de cercanía, la baja en los despachos alcanza picos de entre el 30% y el 50%. Para sostener las estructuras operativas, los dueños de los corralones se vieron forzados a tomar medidas drásticas: achicar planteles de trabajadores, recortar el uso de flota logística y evitar cualquier endeudamiento o renovación de equipos por temor a un mayor deterioro de las ventas.

A este complejo escenario se suma una paradoja operativa: mientras la actividad se paraliza, los costos para mantener el comercio en marcha —como fletes, servicios y gastos de reposición— continúan en ascenso. Sin rentabilidad y en un mercado congelado, los corralones de barrio resisten en el margen, sin señales de crédito accesible ni incentivos a corto plazo que permitan avizorar una reactivación del sector.

Fuente: El Diario de La Pampa

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