La pelea y asesinato entre amigos en una partida de cacho en B° Salvador María del Carril
Estaban tirando los dados, discutieron y uno de ellos sacó un cuchillo. El homicida huyó y fue atrapado en Ullum, pero afirmó que no recordaba nada.

El que se enoja pierde, dicen. Y esa noche los dados rodaron, pero alguien no aguantó perder sus pesos. Fue entonces que la partida de cacho dio paso a los insultos entre los dos amigos, pero enemigos en el juego. Tanto, que uno le clavó un cuchillazo al otro y puso fin a aquella noche de diversión en el barrio Salvador María del Carril.
El cacho es un juego tradicional en San Juan y en la zona de Cuyo, y consiste en una partida de dos o más jugadores que se reúnen alrededor de una mesa, ponen cinco dados dentro de un vaso de cuero y cada uno los agita antes de tirarlos para ver qué le depara la suerte. La clave está en los puntos que suman o las combinaciones que acuerdan entre los jugadores. Es un juego familiar, pero la mayoría de las veces también hay apuestas.
Aquella noche del domingo 6 de septiembre de 1959 hubo una de esas tantas partidas de cacho en una esquina del barrio Salvador María del Carril, en Rawson. Benito Hermes Manzanelli venía de una larga maratón de vinos encima desde el mediodía y esa noche se encontró con un grupo de amigos que se divertía tirando los dados y apostando debajo de un árbol de pimiento.
En esa rueda estaban Lucio Escobar, José Ponce, Benigno Heredia, los hermanos Ramón Transfilación Barrozo y Pablo Barrozo, entre otros muchachos. Ahí estuvieron jugando por el lapso de dos horas hasta que Ramón Transfilación Barrozo y Benito Manzanelli empezaron a discutir, acusándose uno al otro de no respetar las reglas y no aceptar la derrota. Eran amigos, pero en el juego ninguno de los dos sabía perder. También había rencores pasados entre ambos por algunas diferencias que siempre los distanciaban y que esa noche volvieron a aflorar en medio de la partida.
Las versiones señalaban que hasta llegaron a amenazarse con irse a las piñas, pero el resto del grupo los separó y apaciguó la pelea. José Ponce después se fue a la pieza que alquilaba en la casa 30 y Ramón Barrozo lo siguió. Manzanelli, que estaba ebrio y aún consciente, se quedó con la pica y tragándose las puteadas contra su amigo y vecino.
La bronca le duró unos minutos y nada lo tranquilizó hasta que decidió ir a buscarlo. Manzanelli entró de prepo a la pensión y a la habitación de Ponce, que para entonces estaba dormido de la borrachera. Ramón Barrozo estaba sentado a un costado de la cama y charlaba con Benigno Heredia, otro amigo.
"Vos me debés una", gritó Manzanelli, todo desafiante y mirándolo a Barrozo. Este se puso de pie y le contestó. De vuelta comenzó la discusión y los amagues de tomarse a golpes, pero Heredia se metió en el medio para que no pelearan. En ese instante se apagó la luz. Pasó que Ramona Luna, la dueña de la propiedad, había escuchado los gritos y el alboroto en la pieza de Ponce. Y para correrlos, bajó la llave de paso del suministro de corriente eléctrica para dejarlos a oscuras, a ver si así se iban.
Nada de eso ocurrió. O lo consiguió a medias. Heredia salió imaginando que los otros dos amigos harían lo mismo y dejarían de pelear. Pero no. Manzanelli no la terminó ahí. Al contrario, como ya tenía enfrente a Barrozo, sacó un cuchillo y en medio de la oscuridad alcanzó a dar un puntazo.
Manzanelli y Barrozo discutieron mientras jugaban, pero la pelea luego se trasladó a la pieza que alquilaba otro amigo del barrio. Fue ahí que el primero de ellos atacó al otro con un cuchillo.
Nadie vio esa escena. Heredia contó que estaba afuera cuando vio aparecer a Ramón Transfilación Barrozo tomándose el estómago y diciendo: "Mirá que malo es el 'Negro' Manzanelli. Me ha pegado un puntazo". El vecino intentó ayudarlo, pero el herido respondió que no era nada y enfiló hacia su casa, la 15. Por detrás salió su agresor, que tomó otra dirección y desapareció.
Barrozo llegó exhausto a su casa, pero pensó que la herida no era grave. No sabía que el puntazo había tocado el intestino y el bazo. Primero se acostó, pero no soportó el dolor. Su hermano Pablo y el resto de la familia lo auxiliaron; ahí se dieron cuenta de que Ramón estaba muy pálido.
Ellos mismos buscaron a la Policía. Minutos más tarde llegó una patrulla de la Comisaría 6ta y una ambulancia. Barrozo no perdía la conciencia y hablaba: "Pero si me salvo de esta, hermano, me la voy a cobrar", le juró a Pablo. El agente Ramón Pacheco, que subió a la ambulancia con el herido, también escuchó que en el trayecto al hospital repetía: "El 'Negro' Manzanelli me ha pegado".
Ramón Barrozo fue asistido y operado en el Hospital Guillermo Rawson, pero la hemorragia era importante. Horas más tarde falleció en el servicio de terapia intensiva. Todo eso mientras los policías de la Comisaría 6ta y la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía ya andaban buscando al "Negro" Manzanelli.
A primera hora de la mañana del lunes 7 de septiembre de 1959, los policías de la Brigada de Investigaciones lo capturaron en el predio de una obra en construcción en Ullum, donde trabajaba. Lo encontraron durmiendo. Todo indicaba que, después de atacar a Barrozo, pasó por la casa de su hermana, en otra zona de Rawson, se deshizo del cuchillo y más tarde se trasladó a ese lugar para ocultarse.
De acuerdo con las versiones, lloró cuando le comentaron que su amigo Barrozo había muerto. Ese día, según la causa judicial, Manzanelli confesó la autoría del crimen frente a su padre y a los policías. También secuestraron el arma homicida en la casa de su hermana y la ropa que vestía, que tenía manchas de sangre.
Benito Hermes Manzanelli, de 22 años, fue acusado del delito de homicidio simple. Pero, pese a esa supuesta confesión, a los testigos y a las pruebas que lo vinculaban directamente con el asesinato, posteriormente negó todo. En su declaración en sede judicial contó que el día del crimen comenzó a beber desde el mediodía y que a la noche estuvo en esa ronda de amigos jugando al cacho, pero afirmó que no recordaba qué pasó después.
Esa laguna mental no cambió su destino. A diferencia de los dados, la suerte de Benito Hermes Manzanelli ya estaba echada. El 11 de abril de 1961, el titular del Juzgado del Crimen de Segunda Nominación condenó al joven a la pena de ocho años de cárcel.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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