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La plaza Independencia cambió la tristeza por ovación hacia la Scaloneta

La derrota en la final del Mundial no impidió que los tucumanos organizaran una celebración espontánea para respaldar y agradecer al equipo argentino y destacar todo lo que consiguió en el último ciclo.

Por Micaela Pinna Otero3 min de lectura
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La plaza Independencia cambió la tristeza por ovación hacia la Scaloneta
La plaza Independencia cambió la tristeza por ovación hacia la Scaloneta · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

El sabor amargo por haber estado tan cerca del bicampeonato quedó rápidamente opacado por la hinchada tucumana que se congregó en la plaza Independencia para alentar a la selección argentina pese a no haber conseguido el resultado esperado.

Cuando el reloj marcó los 130 minutos de partido, en la plaza temática del Paseo Independencia, donde decenas de personas habían seguido el partido desde la siesta, y frente a un bar de calle Laprida que instaló una pantalla gigante sobre su ventanal, hubo abrazos largos, lágrimas y miradas perdidas. Los vendedores ambulantes, que durante toda la tarde habían recorrido la zona ofreciendo camisetas, banderas, vuvuzelas y cotillón celeste y blanco, observaron cómo la multitud empezaba a caminar hacia la plaza Independencia buscando, quizás sin saberlo, una forma de compartir la desilusión.

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Pero lejos de volver a sus casas derrotados, comenzaron a juntarse en la plaza Independencia. Primero llegaron pequeños grupos de amigos. Después familias enteras, chicos envueltos en banderas argentinas y parejas que todavía discutían alguna jugada del partido. En pocos minutos, cerca de un centenar de personas coparon el microcentro.

La tristeza empezó a diluirse cuando desde uno de los balcones apareció Bruno Stazzonelli con una armónica en las manos. Interpretó las estrofas del Himno Nacional Argentino y, al terminar el último acorde, conectó un parlante y convirtió la plaza en una fiesta.

Los primeros en animarse fueron unos chicos que comenzaron a saltar frente al balcón. Después se sumaron los adultos. La nieve de carnaval pintó el cielo y los cabellos de blanco, las banderas empezaron a flamear otra vez y los cánticos reemplazaron a los lamentos.

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"Muchachos", de La Mosca; "Pa' La Selección", de La T y La M; "La Cuarta Estrella", de Palmito, y "La Mano de Dios", de Rodrigo, fueron marcando el ritmo de una celebración que, por momentos, parecía la de un país que acababa de consagrarse campeón del mundo.

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No había bronca ni reproches, sólo agradecimiento hacia el equipo argentino. "A estos jugadores los vamos a bancar siempre, en las buenas y en las malas. Hemos perdido, pero no les podemos reprochar nada. Nos dieron un Mundial, dos Copas América y una Finalísima. Se tienen que ir con la cabeza en alto porque hicieron muy feliz a un país", dijo Bautista Ponce, que se había reunido con sus amigos.

El momento de mayor emoción llegó cuando comenzó a sonar "Arrancármelo", de Wos. Antes de que la canción invadiera la plaza, Stazzonelli dedicó unas palabras a la Selección y a todo el recorrido realizado durante el torneo. Cientos de voces acompañaron cada estrofa con los ojos húmedos y las manos levantadas. "Hemos perdido la final, pero lo mismo somos argentinos, lo mismo estamos orgullosos. No le podemos dar la espalda a una Selección que nos dio tanto. ¡Aguante Argentina! ¡Aguante la Selección! ¡Seguimos de pie!", expresó Gonzalo Ezequiel Mamone.

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En medio de la celebración, un grupo de jóvenes desplegó una bandera argentina de casi tres metros de largo. Luego del popular cántico "El que no salta es un inglés", comenzaron a recorrer el perímetro de la plaza entre cantos y aplausos. Para muchos, la victoria sobre Inglaterra en la semifinal y la imagen de los jugadores ingresando al campo con la bandera que decía "Las Malvinas son Argentinas" ya habían convertido este Mundial en un torneo inolvidable.

"No podemos estar tristes porque somos subcampeones. A pesar de todo somos segundos. El segundo no es el último, sino el intento de llegar a una final. Tenemos al mejor del mundo. No necesitamos balones ni estrellas de oro. Somos los mejores del mundo", sostuvo Valeria Soraire. Para ella, el triunfo frente a Inglaterra fue el verdadero punto culminante del torneo. "Cuando vencimos a Inglaterra sentí que ahí ya habíamos ganado todo. Ellos tienen que estar orgullosos porque lo dieron todo. Para mí siguen siendo los mejores del mundo", agregó.

Margarita Ahumada prefirió quedarse con el camino recorrido. "Si bien no fue el resultado que queríamos, no hay que llorar. Tenemos que disfrutar porque hemos logrado mucho, hemos llegado muy lejos. Somos campeones igual y estamos felices por eso", afirmó.

Fuente: La Gaceta

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