La psicología afirma que las personas que aún usan reloj no son anticuadas, sino que evitan perder hasta el 40% de su tiempo productivo
Consultar la hora en el celular activa una cadena de distracciones invisibles que fragmentan la mente, restando casi la mitad del tiempo productivo diario.

Consultar la hora en el celular activa una cadena de distracciones invisibles que fragmentan la mente, restando casi la mitad del tiempo productivo diario.
La psicología confirma que las personas que usan reloj tienen otra administración de su tiempo.
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Las personas que eligen usar reloj de pulsera en lugar de consultar su teléfono para saber la hora no lo hacen por motivos anticuados. La psicología revela que esta elección es un mecanismo de defensa para controlar el tiempo sin permitir que las notificaciones del smartphone fragmenten la atención de manera irreversible.
Consultar un dispositivo de pulsera reduce la interacción a una sola pregunta con una única respuesta. En contraste, el teléfono ofrece un bombardeo de información no solicitada, mensajes, llamadas y noticias, que se presenta ante los ojos incluso antes de que el usuario logre localizar los números que buscaba en la pantalla.
La investigadora Sophie Leroy determinó que ver una notificación, aunque no se abra, genera un zumbido mental denominado "residuo de atención". Parte de la mente permanece atrapada en el mensaje pendiente mientras el resto intenta retomar la tarea original, creando una sensación de niebla mental que a menudo se confunde con cansancio o envejecimiento.
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El impacto técnico de este cambio de foco es crítico para la eficiencia. David Meyer, a través de su laboratorio de investigación, estableció que los bloqueos mentales producidos por estos constantes cambios de marcha consumen hasta el 40% del tiempo productivo. No se trata del tiempo de uso del teléfono, sino del daño que sufre el cerebro al intentar reenfocarse.
Un estudio de la Universidad Estatal de Florida demostró que el rendimiento disminuye drásticamente con el solo hecho de saber que hay una notificación pendiente. Los participantes del experimento no contestaron sus teléfonos ni leyeron los mensajes, pero su capacidad de concentración cayó ante el simple estímulo sonoro o visual del aviso.
El costo de consultar la hora en el móvil se paga en el instante en que la pantalla se ilumina, no cuando se cede a la distracción. Quienes usan reloj han detectado que la atención es hoy un recurso diseñado para ser arrebatado. Al mirar su muñeca, simplemente protegen esos momentos donde solo necesitan averiguar si es hora de irse.
Fuente: Los Andes
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