La psicología explica por qué las personas nacidas en los años 70 demuestran amor con acciones y no con palabras
La educación emocional en las escuelas nació recién en 1994 con la fundación de la organización CASEL, dejando a una generación entera sin herramientas verbales.

La educación emocional en las escuelas nació recién en 1994 con la fundación de la organización CASEL, dejando a una generación entera sin herramientas verbales.
La psicología explica porque esta generación demuestra el amor de una manera de diferente a las generaciones más jóvenes.
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Muchos adultos que crecieron durante la década de 1970 demuestran su afecto arreglando un grifo roto o llenando el tanque de combustible de sus hijos antes que con palabras de apoyo, según la psicología. Esta conducta, lejos de ser un frío desinterés, responde a una profunda brecha de aprendizaje escolar que hoy genera fricciones familiares.
Para los jóvenes actuales, habituados a identificar sus sentimientos desde la primaria, resulta desconcertante que una llamada difícil termine con un silencio o una ayuda material inesperada en lugar de una pregunta empática sobre su bienestar.
La explicación de este comportamiento radica en un factor histórico. Los programas de aprendizaje socioemocional no existían en las escuelas cuando los niños de los años setenta asistían a clases. De hecho, la organización que popularizó este enfoque, CASEL, se fundó recién en 1994. Quienes ya habían superado los treinta años en ese momento jamás recibieron una guía práctica para nombrar lo que sentían.
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Al no desarrollarse el canal verbal, el cerebro recurrió a las acciones como configuración predeterminada. Un niño que nunca escuchó decir "Estoy frustrado" aprendió a leer el ambiente y resolver lo visible: reparar una pérdida de agua o auxiliar económicamente. Resolver lo concreto se convirtió en una forma de bajo riesgo para responder a problemas invisibles.
La fricción entre padres e hijos surge por una falta de sintonía entre lo que se ofrece y lo que se espera. Quien espera escuchar un "Estoy orgulloso de cómo lo manejaste" puede pasar por alto el valor de un filtro de aceite recién cambiado. Traducir estos actos prácticos ayuda a sanar relaciones con mayor rapidez que exigir un idioma emocional que nunca aprendieron.
Esto no significa que las palabras no importen. Muchos de esa generación recibirían con agrado la invitación a usar un vocabulario afectivo más amplio, siempre que se realice de forma paulatina y sin juzgar los métodos con los que demostraron su amor durante décadas.
Fuente: Los Andes
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