La respiración y los latidos pueden influir en la memoria y en cómo sentimos el miedo
Un estudio de la Universidad de California en Santa Bárbara analizó cómo los ritmos del corazón, los pulmones y el estómago interactúan con el cerebro y pueden modificar la forma en que percibimos, recordamos y respondemos a lo que sucede alrededor.

Las "mariposas" en el estómago, el corazón acelerado ante una situación de miedo o la respiración que cambia cuando estamos concentrados suelen describirse como respuestas físicas frente a lo que sentimos. Sin embargo, una investigación científica plantea que la relación también puede funcionar en sentido inverso: los ritmos del propio cuerpo pueden influir en la actividad cerebral y modificar la manera en que percibimos el mundo.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) y publicado en la revista Neuroscience of Consciousness, estudió la interacción entre las señales provenientes del corazón, los pulmones y el sistema digestivo y la actividad neuronal.
La conclusión central es que el cerebro no procesa la información de manera aislada. Los ritmos internos del organismo actúan como una especie de referencia temporal que puede modificar el momento en que determinados grupos de neuronas están más preparados para recibir y procesar información.
También te puede interesar: El Saab 340 continúa uniendo el Continente Blanco
La investigadora Asa Young, integrante del laboratorio del profesor de Psicología y Neurociencia Jonathan Schooler, explicó que los latidos, la respiración y los movimientos del sistema digestivo generan señales regulares que ayudan a organizar la actividad neuronal.
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación está relacionado con la respiración y la memoria. Según los resultados analizados por los investigadores, el momento del ciclo respiratorio en el que una persona recibe determinada información puede influir posteriormente en cuánto recuerda. En particular, las imágenes presentadas durante una inhalación tendieron a ser recordadas mejor que aquellas observadas durante una exhalación.
La respiración, entonces, no sería solamente un mecanismo destinado a incorporar oxígeno y eliminar dióxido de carbono. Sus variaciones también formarían parte del intercambio permanente entre el organismo y el cerebro.
También te puede interesar: Más de 10 mil personas disfrutaron de la Fiesta de las Colectividades
Algo similar ocurre con el corazón. El estudio encontró diferencias en la manera en que se procesan los estímulos dependiendo del momento del ciclo cardíaco.
Las imágenes relacionadas con situaciones amenazantes pueden ser detectadas con mayor rapidez durante la contracción del corazón. En cambio, durante esa misma fase del latido, otros estímulos que no representan una amenaza —como determinados sonidos, imágenes cotidianas, sensaciones táctiles o dolor— pueden ser procesados con menor intensidad.
Esto significa que el cerebro no recibe todos los estímulos exactamente de la misma manera en todo momento, sino que su sensibilidad puede variar de acuerdo con las señales que llegan desde el propio organismo.
También te puede interesar: El conductor de un auto fue hospitalizado
La conexión tampoco es idéntica en todas las personas. Dos individuos pueden tener una frecuencia cardíaca similar y, aun así, mostrar diferencias en la manera en que sus cerebros responden a las señales provenientes del corazón.
Para los investigadores, la relación entre el cuerpo y el cerebro no consiste simplemente en que cuanto más intensa sea la conexión, mejor funcionará la persona. El equilibrio también resulta importante.
Una interacción demasiado débil o, por el contrario, excesivamente intensa entre las señales corporales y la actividad cerebral podría estar relacionada con distintas dificultades en el procesamiento emocional.
También te puede interesar: La mujer hallada calcinada había denunciado a su ex
En los trastornos de ansiedad, por ejemplo, las señales provenientes del cuerpo pueden adquirir una intensidad tal que resulta difícil dejar de prestarles atención. En el extremo opuesto, algunas personas con depresión pueden presentar una menor sensibilidad hacia esas señales internas.
Los investigadores plantean que otros problemas podrían estar vinculados con dificultades para sincronizar o flexibilizar esa comunicación entre el organismo y el cerebro.
El trabajo también cuestiona la idea de pensar al cerebro como una estructura que procesa información independientemente del resto del organismo. Las emociones, la percepción, la sensación del propio cuerpo y hasta parte de la construcción de la identidad dependen, en cierta medida, de la información que llega desde los órganos internos.
También te puede interesar: Sportivo es el campeón de la Liga Senior
Por eso, los científicos sostienen que la experiencia humana surge de un intercambio permanente entre cerebro y cuerpo. Un cerebro aislado podría mantener actividad neuronal, pero perdería buena parte de las señales que, en un organismo vivo, contribuyen a darle contenido y significado a lo que se experimenta.
La investigación propone así una mirada más integrada sobre el funcionamiento de la mente: lo que ocurre en el corazón, los pulmones y el sistema digestivo no queda simplemente fuera del cerebro, sino que puede participar en la manera en que pensamos, sentimos, percibimos y recordamos.
Fuente: Tiempo de San Juan
- #educacion
- #respiracion
- #los
- #latidos
- #pueden
- #influir
- #memoria
- #como
- #sentimos
- #miedo_1788830620
- #san juan


