La solidaridad detrás de la desgracia: el fuego arrasó con su casa y una vecina le prestó una piecita para que no quedara en la calle
Mariela apenas alcanzó a sacar a sus seis hijos antes de que las llamas arrasaran con su vivienda en el asentamiento San Cayetano. Ahora, mientras intenta empezar de nuevo, Johana, su vecina de al lado, le hizo un lugar en su propia casa para que la familia tenga dónde dormir.

Una semana después del incendio, Mariela sigue en el asentamiento San Cayetano. Está prácticamente en el mismo lugar donde vivió hasta aquella tarde, pero ya no tiene una casa a la cual entrar. A pocos metros del terreno donde quedaron los restos de su rancho hay una pequeña habitación que desde hace algunos días se convirtió en el refugio de ella y sus seis hijos. El lugar es de Johana, su vecina.
El fuego no le dio tiempo para elegir qué salvar. La mujer estaba sola con los chicos cuando las llamas comenzaron a acercarse. No hubo bolsos preparados, documentos guardados a último momento ni muebles arrastrados hacia la calle. La única decisión posible era la de estar a salvo. "Lo único que saqué fue a mis hijos y salir a la esquina, nada más", recuerda.
Quienes deseen colaborar con Mariela Barrios y sus seis hijos pueden comunicarse directamente con ella al 264 589-7536.
Su casa era sencilla. Una construcción mixta, de ladrillo y adobe, con una habitación, cocina comedor y baño. Allí transcurría la vida de los siete. Cuando el incendio terminó, prácticamente todo se había perdido. El rancho quedó destruido y con él desaparecieron muebles, documentación, ropa y objetos acumulados durante años. "Perdí todo, todo", resume Mariela.
Lo material duele, pero explica que lo que más extraña son "los recuerdos". Son esas cosas que no tenían demasiado valor económico, pero que acompañaban la historia de la familia y que el fuego convirtió en algo imposible de recuperar.
En medio de esa destrucción apareció Johana. Vive al lado junto a su marido y sus dos hijos, y también atravesó el miedo de aquella jornada y vio de cerca cómo su vecina quedaba, literalmente, sin un lugar donde dormir. Entonces decidió ayudar con lo que tenía: una pequeña habitación. Allí se acomodaron Mariela y sus seis hijos, allí pasan los días desde el incendio que se llevó todo. "Gracias a ella estoy acá con los niños. Si no fuera por ella... Estoy agradecida con ella", cuenta.
En una casa donde ya vivían cuatro personas hubo que encontrar la manera de hacer lugar para siete más. Pero durante estos primeros días alcanzó para resolver lo más urgente: tener un techo bajo el cual pasar la noche mientras afuera comienza otro proceso mucho más largo.
Las camas y los colchones llegaron a través del municipio, y la ropa y el calzado fueron apareciendo gracias a donaciones. Vecinos y personas que ni siquiera conocían a la familia acercaron lo que podían. "Gracias a Dios hay mucha gente buena que nos ayudó", reconoce Mariela.
Ahora la mirada está puesta nuevamente en el terreno. Una máquina comenzó a limpiar y acomodar el lugar donde estaba su vivienda. Entre los restos del incendio empieza a dibujarse la posibilidad de construir otra vez. Mariela sabe que será de a poco y que necesita prácticamente todo. "Lo que me puedan donar, porque quedé sin nada, va a ser bienvenido", dice.
Fuente: Tiempo de San Juan
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