La visión del tucumano Wenceslao Posse: "Fundó la primera industria pesada de América del Sur"
Presentaron el libro "Wenceslao. Una épica del oro dulce", del historiador tucumano José María Posse.

Resumen para apurados
La música amenizaba la espera. Carlos Coronel y Ángel "Pila" Álvarez punteaban algunas zambitas, que bailaban dos parejas, vestidos de gauchos -ellos- y de chinas -ellas-. "Zambita de los pobres" y "Piedra y camino", de Atahualpa Yupanqui; "El Anacleto del viento", de Orlando Rinaldo Ovejero; "El beso", de Abel y de Ariel Pintos, y "Chacarera del olvida'o", de Néstor Garnica.
El salón del segundo piso ya estaba colmado, para participar de la presentación del libro Wenceslao. Una épica del oro dulce, del historiador tucumano José María Posse. La cita estaba prevista para las 20. Algunos minutos antes de las 20.30 llegó el autor, y antes de pasar al frente del salón se tomó un breve tiempo para firmar un par de ejemplares y para tomarse unas fotos con algunos presentes que lo interceptaron en la puerta.
"Pido disculpas; tuvimos problemas con la manifestación, para poder traer los libros y distintas cosas", explicó Posse, en alusión a la réplica local de la marcha federal universitaria. Y ya con él ubicado en la mesa, los músicos interpretaron, por pedido del autor del libro, dos canciones homenajes escritas por Coronel: la "Chacarera a Bernabé Aráoz" y la zamba "Tucumán Patria Dulce", escrita sobre la base de la vida de Wenceslao Posse.
Tras los aplausos que generaron esas canciones, comenzó una suerte de diálogo improvisado, que los tuvo como protagonistas a él, al editor del libro, Jorge Daniel Brahim, y al periodista Dante Alfredo Erbetta. "Wenceslao... fue un proyecto que apareció a mediados de 2025. Me habló José María y empezamos a coincidir en puntos fundamentales. Esta obra será la fuente de donde beberán los futuros historiadores, porque es la primera biografía de un prócer no tan conocido", afirmó Brahim.
Tal rótulo, según se desgranaría luego de los dichos de Posse y de Erbetta, no le quedaba grande a Wenceslao Posse. El autor del libro lo ubicó en medio de nombres tucumanos que fueron parte fundamental de los inicios de la Argentina ya como país: Julio Argentino Roca, Nicolás Avellaneda, Juan Bautista Alberdi. En medio de ellos, subrayó Posse, Wenceslao, además de también haber tomado las armas en distintas ocasiones de aquellos tiempos de luchas intestinas, resultó clave para fundar en Tucumán la industria azucarera.
"¿Cómo pudo ser que este hombre, de una selva inculta -porque eso era este lugar- gestó la primera industria pesada de la América del Sur. Aquí, en Tucumán, a 1.300 kilómetros del puerto, producto del esfuerzo y sacrificio de estos hombres. Trajo desarmado parte de un ingeniero azucarero: en Rosario se bajaron de un barco los grandes cajones; y en carretones, sin caminos, sin puentes, sin seguros, sin créditos, sin nada, lograron hacer funcionar una industria que fue orgullo no solo de los tucumanos, sino también de los argentinos", destacó Posse.
"La industria azucarera fue fundadora de ciudades; ninguna otra actividad logró esto. Y si quieren hablar de deportes, en cada ingenio se fundó un club deportivo, un club de fútbol. Incluso era la liga más grande del interior; la que más clubes tenía. Y a partir de ahí tuvimos universidad, cultura, música. Todo esto está explicado en el libro", aportó Erbetta.
Para graficar el espíritu generoso de Wenceslao, Posse apeló a una anécdota sobre Alfredo Guzmán (N. de la R.: destacado industrial azucarero y filántropo; fundador de lo que hoy es la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres): "Don Alfredo, como todos los industriales azucareros de su época, tuvo tiempos malos. ; y en un momento, estuvo en un punto concreto de quiebre, literalmente. Un día recibe una carta de Wenceslao, que lo invitaba a su casa, a tomar un café. Este le pregunta si tiene un problema; y Guzmán le explica que era algo serio, que le hacía falta una cantidad importante de bolsas de azúcar. Wenceslado le dijo: 'andá, retiralas del depósito del ingenio Esperanza; y me la devolvés como puedas. Fíjense la grandeza de este hombre, que daba una mano a la competencia, porque entendía que no era una competencia, sino que se trataba de la industria que movía esta provincia. Si ese ingenio quebraba, ¿qué consecuencias habría traído?".
Sobre la base de esta historia, Posse lanzó una pregunta que sobrevoló el público: "¿Qué nos pasó?". Pero no dejó huérfana esa cuestión. A su criterio, el espíritu de Wenceslao -así como el de los otros grandes tucumanos que fueron protagonistas en los inicios pujantes del país- pervive en sus comprovincianos. "Esto fue Tucumán; debemos pensar en grande, y podrá volver a serlo", arengó.
Fuente: La Gaceta
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