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Las derivaciones electorales del bombazo de los U$S250 millones: fidelidad bloquista, mensaje de Sturze y encerrona peronista

El acuerdo que cerró el gobernador Marcelo Orrego con la minera Vicuña es una cuestión de gestión. Pero también es un bombazo ineludible para la política.

Por Fernando Ortiz8 min de lectura
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Las derivaciones electorales del bombazo de los U$S250 millones: fidelidad bloquista, mensaje de Sturze y encerrona peronista
Las derivaciones electorales del bombazo de los U$S250 millones: fidelidad bloquista, mensaje de Sturze y encerrona peronista · Foto: Diario de Cuyo

El acuerdo que cerró el gobernador Marcelo Orrego con la minera Vicuña es una cuestión de gestión. Pero también es un bombazo ineludible para la política.

Hay anuncios que nacen políticos. Hay otros que se vuelven políticos. El acuerdo de U$S250 millones entre el Gobierno de San Juan y Vicuña pertenece a la segunda categoría. No hace falta atribuirle a la empresa ninguna intención electoral para entender que un desembolso de semejante magnitud, anunciado a menos de un año de que la provincia entre formalmente en el año electoral, modifica el tablero.

Vicuña está haciendo negocios. San Juan tiene las condiciones para que esos negocios ocurran. Y el Gobierno de Marcelo Orrego acaba de conseguir algo que, desde que asumió, le resultó particularmente difícil: una fuente de financiamiento de magnitud para volver a poner la obra pública en el centro de la gestión. Colombo lo resumió con una frase que terminó funcionando como título político del anuncio: "Es una bocanada de confianza".

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No necesariamente una confianza electoral. Sí una confianza empresarial en San Juan, en el rumbo de la provincia y en las condiciones que ofrece para recibir una inversión de semejante tamaño. El resto lo hace la política.

Cuando Orrego ganó en 2023 recibió una provincia acostumbrada a otro circuito financiero. Durante décadas, buena parte de la obra pública se sostuvo con recursos nacionales. Había que conseguir el favor del Presidente, encontrar al funcionario adecuado, golpear puertas, negociar una partida y esperar. Milei cerró esa puerta.

No es una interpretación: fue una decisión política explícita del Gobierno nacional. La obra pública dejó de ser una herramienta central de financiamiento federal y las provincias tuvieron que arreglarse con sus propios recursos. A Orrego le tocó gobernar con esa restricción.

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Y eso tiene una consecuencia política evidente aunque no sea una consecuencia electoral: si no hay recursos para hacer, tampoco hay demasiado para mostrar. Ahora aparece otra cosa.

Los U$S250 millones de Vicuña y la continuidad del proceso para colocar U$S600 millones en bonos internacionales abren una ventana financiera que el Gobierno provincial no tenía cuando empezó la gestión.

No son la misma operación, ni tienen el mismo origen, ni deben mezclarse como si fueran una sola caja. Pero tienen un punto en común: recursos para infraestructura. Y la infraestructura es una de las pocas herramientas con las que un gobernador puede transformar una administración en algo visible. Una ruta se ve. Un hospital se ve. Una obra hidráulica se ve. Una escuela se ve. La política también.

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Hay que ser cuidadosos con la lectura. Decir que Vicuña "apoya" la reelección de Orrego sería forzar el dato. La empresa invierte porque encuentra condiciones para hacerlo y porque tiene un proyecto minero de escala internacional. Pero también sería forzar la realidad fingir que una inversión de U$S250 millones no genera una señal favorable sobre la gestión que gobierna la provincia en la que esa inversión se concreta. Por eso la expresión de Colombo resulta adecuada. Bocanada de confianza.

Una empresa internacional que pone semejante cantidad de dólares sobre la mesa está diciendo, como mínimo, que encuentra en San Juan un lugar donde vale la pena invertir. Eso no es un voto. Pero tampoco es nada. Y menos todavía cuando la administración que recibe esa señal tiene por delante el desafío de construir una segunda etapa de gobierno y llegar a 2027 con mejores resultados para exhibir. Ahí aparece el condimento político. No en la urna. En el camino hacia ella.

El primer movimiento partidario no vino de Buenos Aires. Vino del bloquismo. Luis Rueda, presidente del Partido Bloquista, encaminó rápidamente los cuatro votos de su bloque hacia el acompañamiento del acuerdo. Otra vez, el partido de la estrella eligió el lado oficialista. No es una novedad absoluta. El bloquismo es socio de Orrego en la gestión. Y también fue aliado electoral del Gobernador en las legislativas nacionales de 2025. Pero en política los gestos importan especialmente cuando todavía falta definir la arquitectura electoral de 2027.

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Rueda pudo esperar. No esperó. Pudo poner condiciones públicas. No lo hizo. Tomó el timón del bloque y volvió a ubicar al bloquismo en el lugar que viene ocupando desde que comenzó esta etapa: junto al Gobierno. Las discusiones internas pueden existir. Naturalmente existen. Pero hacia afuera el mensaje quedó claro. Fidelidad. ACTUAR, Dignidad Ciudadana, PRO y UCR tampoco tienen demasiado margen para sorprender: son parte del oficialismo. El bloquismo, en cambio, tenía algo más para demostrar. Y lo demostró.

La segunda señal fue bastante más interesante. Llegó desde el Gabinete de Milei. Federico Sturzenegger tomó el video con el que Orrego anunció el acuerdo con Vicuña y escribió: "Felicitaciones Marcelo Orrego". Después hizo algo muy propio de su agenda: convirtió el caso sanjuanino en argumento para defender los cambios a la Ley de Glaciares y volvió sobre la discusión de la Ley de Tierras. "Se trataba de elegir entre el miedo y la prosperidad", escribió. Sturzenegger estaba haciendo política nacional. Pero felicitó a Orrego. Y lo hizo justo cuando volvieron a aparecer las especulaciones sobre una posible confluencia entre el Gobierno provincial y La Libertad Avanza para 2027.

¿Es una alianza? No. ¿Es un acuerdo electoral? Tampoco. ¿Es un guiño? Sí. Y no es el primero que aparece en los últimos tiempos en una relación Provincia-Nación que, después de algunos momentos de tensión, parece haber encontrado una frecuencia bastante más cómoda. La llegada del Colo Santilli a la Jefatura de Gabinete, con su rol central en la relación con los gobernadores y en la discusión de la reforma electoral, agrega otra pieza al rompecabezas.

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Por ahora, La Libertad Avanza sanjuanina mira. José Peluc, principal referencia provincial del Presidente, no salió públicamente a celebrar el acuerdo. Pero tampoco hay allí una crítica demasiado sencilla de construir. Porque si hay algo que el mileísmo difícilmente pueda cuestionar es que lleguen dólares privados a una provincia minera. El problema para Peluc y los suyos es otro: cómo competir electoralmente contra un gobernador que puede exhibir como propio un acuerdo que encaja bastante bien con el relato económico de la Casa Rosada. Todavía no hay respuesta para eso.

El peronismo tiene otro. Y probablemente sea más incómodo. No puede olvidar su propia historia. La minería no empezó con Orrego. La gran política minera de San Juan tuvo a José Luis Gioja como protagonista central. Y Sergio Uñac continuó ese camino durante sus dos gobiernos. De modo que salir a rechazar U$S250 millones de inversión minera sería bastante parecido a dispararse en el pie. Por eso el PJ no rechazó. Miró la letra chica.

El primero en ponerlo en palabras fue Cristian Andino: los dólares mineros son bienvenidos, pero los legisladores justicialistas deben poder hacer preguntas, revisar el convenio y despejar dudas en las comisiones antes de llegar al recinto. Es una posición inteligente para una oposición que todavía no decidió qué oposición quiere ser. Porque una cosa es cuestionar el convenio. Otra muy distinta es quedar asociado a la idea de rechazar U$S250 millones para San Juan. Y eso, puertas adentro del peronismo, lo saben.

El sector que responde a Uñac empezó a plantear que el convenio puede ser interpretado como un adelanto de aportes que Vicuña debería realizar igualmente en función de sus obligaciones legales. Hay reparos. Hay preguntas. Hay matices. Pero también hay una frase que se escucha entre quienes tendrán que levantar la mano: "Es muy difícil plantear diferencias, es ir contra San Juan".

Por eso la discusión legislativa será más interesante políticamente que numéricamente. Orrego tiene los votos. Tiene a los propios. Tiene a los aliados. Y tiene además a peronistas que ya demostraron disposición para acompañar determinadas iniciativas del Ejecutivo: Eduardo Cabello, Omar Ortiz, Leopoldo Soler, Franco Aranda, Jorge Castañeda.

El convenio va a salir. La pregunta no es si Orrego conseguirá los votos. La pregunta es qué hará cada espacio con esos votos después. Porque el acuerdo obliga a todos a definirse frente a algo que, en términos políticos, resulta difícil de combatir: inversión minera, dólares, infraestructura y expectativa de desarrollo. El oficialismo tiene una respuesta sencilla. Acompañar. El bloquismo ya la dio. La Libertad Avanza todavía busca la suya. El peronismo está buscando la manera de acompañar sin regalarle a Orrego una bandera.

El problema que Orrego tenía, ahora tiene una salida Hasta hace poco, el gobernador tenía una dificultad bastante concreta. Había heredado una provincia con una fuerte demanda de infraestructura y se encontró con un Gobierno nacional que decidió no financiarla. Podía quedarse reclamando. O podía buscar otra salida. Eligió la segunda. Primero apareció la posibilidad de los bonos internacionales. Ahora aparece Vicuña. Y en el medio, una minería que empieza a ofrecer algo más que regalías y expectativas: capacidad de financiamiento y movimiento económico real.

El desafío será administrar esos recursos. Porque San Juan ya tuvo dinero extraordinario. Tuvo bonos, créditos y ATN. Tuvo presidentes generosos y gobernadores habilidosos para conseguirlos. Orrego ahora tiene algo que no tenía al principio de su mandato: una ventana para acelerar. Y esa ventana se abre justamente cuando empieza a entrar en la zona más delicada de su proyecto político.

El 2027 está ahí, aunque nadie quiera decirlo demasiado fuerte. Todavía falta. Pero todos miran 2027. Orrego quiere reelegir. El peronismo necesita rearmarse. La Libertad Avanza debe decidir si enfrenta al Gobernador o busca algún tipo de entendimiento. El bloquismo ya mostró dónde está parado. Y mientras los partidos acomodan sus fichas, Vicuña puso U$S250 millones sobre la mesa.

La inversión minera puede terminar produciendo algo que para cualquier gobierno vale casi tanto como el dinero: tiempo para mostrar resultados. Eso es lo que cambia. Orrego no tenía financiamiento nacional generoso. Ahora tiene una alternativa privada de enorme magnitud y otra financiera en proceso.

Y mientras el bloquismo confirma fidelidad, Sturzenegger manda señales desde Buenos Aires y el peronismo calcula cómo votar sin regalarle el escenario al oficialismo, el bombazo de Vicuña empieza a producir su verdadera onda expansiva.

Fuente: Diario de Cuyo

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