Las estremecedoras coincidencias del femicidio en Costanera con dos casos que sacudieron a San Juan
El caso que ocurrió el jueves último por la madrugada, cuando Matías Marín asesinó a sangre fría a Gemma Álvarez, hizo recordar a hechos que conmocionaron a los sanjuaninos. Dos femicidas que, asombrosamente, actuaron de la misma forma.

El femicidio de Gemma Giselle Álvarez, asesinada por su ex pareja en la Costanera de Chimbas, vuelve a poner bajo la lupa una serie de características que ya estuvieron presentes en otros crímenes de mujeres ocurridos en San Juan. El caso presenta estremecedoras similitudes con los femicidios de Yanina Pérez, asesinada en Angaco, y Pamela Rodríguez, víctima de un brutal ataque en Calingasta: en los tres episodios aparecen antecedentes de violencia de género, un vínculo de pareja o expareja, ataques que muestran indicios de haber sido preparados y una fuga a pie del agresor, que intentó aprovechar las características del lugar para ocultarse.
La investigación por el crimen de Gemma tiene como principal sospechoso a su expareja, Matías Exequiel Marín, quien fue detenido después de permanecer oculto en la zona de Villa Obrera. La mujer había denunciado por violencia de género al hombre apenas un día antes del ataque. Además, ambos tenían un hijo de 11 años y se habían separado aproximadamente dos meses antes. La autopsia confirmó posteriormente que Gemma murió tras recibir 31 puñaladas y que no había recibido disparos.
Esas circunstancias permiten establecer un paralelo con otros dos femicidios que conmocionaron a la provincia. No se trata de afirmar que los tres hechos tuvieron exactamente la misma mecánica, sino de observar cuatro puntos de contacto que se repiten y que vuelven a poner en discusión el contexto previo de violencia en el que fueron asesinadas las víctimas.
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En los tres casos, los agresores utilizaron armas blancas y protagonizaron ataques dirigidos contra mujeres con las que habían mantenido una relación. En la Costanera, Gemma fue perseguida mientras circulaba en motocicleta. De acuerdo con la reconstrucción inicial, el sospechoso habría descendido del Volkswagen Gol Trend que conducía y la habría atacado con un cuchillo. La autopsia determinó que recibió 31 puñaladas.
En Angaco, Yanina Pérez fue asesinada a puñaladas en inmediaciones del cementerio donde trabajaba. Los investigadores contaron con el testimonio de una persona que habría observado el momento exacto del ataque, mientras otros testigos vieron al agresor escapar entre los parrales.
El caso de Pamela Rodríguez también tuvo como escenario un ataque con un cuchillo. Ángelo Castillo Cortez ingresó durante la madrugada a la vivienda de su expareja, la golpeó y le provocó un profundo corte en el cuello. La adolescente, que tenía 17 años, murió como consecuencia de la hemorragia. Castillo fue posteriormente condenado a prisión perpetua por el femicidio.
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Otro punto en común está relacionado con la forma en que se produjeron los ataques. En los tres expedientes aparecen elementos que permiten reconstruir una aproximación previa de los agresores a las víctimas y, en el caso de la Costanera, los investigadores incluso consideran que el crimen pudo haber sido premeditado.
En el caso de Gemma, la persecución por la avenida General Perón terminó cuando la víctima cayó de la motocicleta y el agresor descendió del vehículo para atacarla. A eso se suma el dato especialmente relevante de que la mujer había realizado una denuncia por violencia de género el día anterior.
En Calingasta, la investigación estableció que Castillo Cortez llegó hasta la casa de Pamela durante la madrugada y que llevaba consigo un cuchillo. Intentó ingresar varias veces a la vivienda hasta conseguirlo y llegó hasta la habitación donde la joven dormía junto a su bebé de tres meses.
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En Angaco, Yanina y Ariel Omar Pérez habían sido vistos discutiendo en los días previos al crimen. Ambos trabajaban en el mismo lugar, el cementerio departamental, y el ataque se produjo cuando la mujer se encontraba allí.
Los elementos no permiten equiparar automáticamente las tres investigaciones, pero sí muestran una característica común: los femicidios no aparecen como episodios completamente desconectados de la relación previa entre víctima y victimario.
La escena del crimen tampoco fue el punto final para los agresores. En los tres casos, después del ataque hubo una fuga a pie y los sospechosos intentaron aprovechar el territorio que rodeaba el lugar para permanecer ocultos.
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En la Costanera, Marín abandonó el vehículo en el que se movilizaba y escapó corriendo hacia una zona de descampados. La búsqueda se extendió durante horas hasta que finalmente fue localizado en Villa Obrera. Según las últimas informaciones, se encontraba oculto en los techos de una vivienda.
En Angaco, el "Guascazo" escapó a campo traviesa después de asesinar a Yanina. La Policía desplegó brigadas, perros, caballos y otros recursos para encontrarlo. El conocimiento que el sospechoso tenía de la zona fue considerado un elemento que podía favorecer su ocultamiento. Finalmente, después de casi 72 horas, se entregó a la Policía cerca de la villa cabecera de Angaco.
El antecedente de Calingasta presenta una escena prácticamente calcada en ese aspecto. Después de atacar a Pamela, Castillo Cortez huyó y fue encontrado horas más tarde en un descampado, en las orillas del río. Un vecino que era policía participó de su captura.
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En los tres episodios, entonces, la geografía inmediata al lugar del crimen se convirtió en parte de la investigación: descampados, parrales, zonas rurales, techos y márgenes del río fueron utilizados como posibles lugares de ocultamiento.
Existe además una coincidencia particularmente significativa en el vínculo entre las víctimas y quienes están acusados de asesinarlas: en los tres casos, los femicidas eran padres de hijos que habían tenido con las mujeres asesinadas.
Gemma tenía un hijo de 11 años junto a Marín y la pareja se había separado aproximadamente dos meses antes del crimen.
Pamela Rodríguez tenía un bebé de apenas tres meses cuando fue asesinada. La joven y Castillo Cortez habían convivido durante más de un año y, tras separarse, ella había regresado a la casa de su familia debido a los maltratos que sufría, según los testimonios incorporados a la investigación.
En el caso de Yanina Pérez, el femicidio también estuvo atravesado por una relación previa con el acusado y por la condición de expareja. La causa terminó elevada a juicio y la Fiscalía anticipó que solicitará prisión perpetua para Ariel Omar Pérez.
El cuarto elemento que atraviesa las tres historias -y que posiblemente sea el más importante para entender el contexto- son los antecedentes de violencia de género. Gemma denunció a Marín apenas un día antes de ser asesinada. Esa presentación quedó incorporada a la investigación y ahora forma parte de las evidencias destinadas a reconstruir la relación y el contexto previo al crimen.
En el caso de Pamela, su madre había señalado que existían numerosas denuncias por violencia de género contra Castillo Cortez. Los testimonios reunidos durante la investigación describieron al joven como una persona violenta, celosa y posesiva.
Yanina también había atravesado una relación conflictiva con el hombre que terminó acusado de asesinarla. Antes del crimen, ambos habían sido vistos discutiendo en los días previos, mientras compartían el ámbito laboral en el cementerio de Angaco.
La comparación entre los tres casos deja así una secuencia que se repite con diferencias, pero también con puntos de contacto difíciles de ignorar: una relación previa marcada por violencia, un vínculo de expareja y parentalidad, un ataque con arma blanca, una huida inmediata y un intento de utilizar la geografía del lugar para esconderse.
El femicidio de la Costanera vuelve a mostrar, de esta manera, que el momento del asesinato no necesariamente comienza con el primer golpe o la primera puñalada. En los tres casos, las historias de violencia y conflicto entre víctima y victimario ya existían antes de que el crimen ocurriera. Y, en al menos dos de ellos, las advertencias habían llegado previamente al ámbito judicial a través de denuncias por violencia de género.
Fuente: Tiempo de San Juan
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