Las lágrimas de Messi, las lágrimas de todos: el fin de una era y el nacimiento de la leyenda
El astro rosarino se quebró tras la final del Mundial en la derrota con España. Fue su despedida de las Copas del Mundo y recibió la ovación de todo el estadio

El astro rosarino se quebró tras la final del Mundial en la derrota con España. Fue su despedida de las Copas del Mundo y recibió la ovación de todo el estadio
Por Lucas Vitantonio (enviado especial)
AP
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Lionel Messi, con la medalla del subcampeonato y las lágrimas. Fue su último partido en un Mundial.
Argentina perdió al final del Mundial con España. Pero la imagen más fuerte del domingo en Nueva York fue la de Lionel Messiemocionado y llorando, tras lo que fue su despedida de la Copa del Mundo, en su sexta e histórica presentación. Es el cierre de una época dorada del rosarino, el mejor jugador del mundo y tal vez de la historia.
El líder de alegrías inolvidables y proezas sensacionales, que marcaron a fuego a todos los argentinos para siempre. Es el final de una era y el inicio de la leyenda. La leyenda del pibe que desde la zona sur de Rosario llegó a la cima del planeta, que ganó todo y que cuando le tocó perder este domingo lloró como lloran los grandes. Sin vergüenza, ni bajando la cabeza. ¡No te vayas campeón!
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Claro que duele la derrota de la final. Y a Lionel más que a nadie. Por eso ni bien terminó el partido Leo se paró delante de la fila de los jugadores argentinos, sujetando sus manos detrás del cuerpo y mirando cada detalle de un estadio que esperaba la coronación de España.
El diez estaba con las medias bajas, por momentos llevaba sus manos a las rodillas y se agachaba. El sabía mejor que nadie que posiblemente transcurrían sus últimos minutos dentro del gran circo mundialista, un torneo que lo jugó en seis ediciones y lo ganó en Qatar 2022. En esa cara quebrada en llanto de Messi estaba reflejado el dolor y al mismo tiempo el orgullo de todos los argentinos.
Entonces, en esta cruel Nueva York, Leo lideró la fila para recibir la medalla de plata, caminó lento por el escenario donde estaba el presidente de Estados Unidos Donald Trump y allí mismo recibió la ovación de todos los hinchas argentinos.
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Una vez con la medalla en el pecho, el diez y sus compañeros fueron a parase de cara a los hinchas argentinos que los aplaudieron a rabiar.
Lo curioso fue que mientras la voz del estadio nombraba uno a uno a los jugadores de España flamantes campeones del mundo, los futbolistas argentinos les daban la espalda y tenían la mirada clavada en la tribuna ocupada totalmente por los hinchas albicelestes.
Llegó lo más duro. El momento en que el rival levantó la copa, lanzaron papelitos de colores al aire y allí en fila india el plantel argentino se metió en el vestuario, masticando bronca por la derrota, pero con la frente arriba por defender con honor la camiseta albiceleste.
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Así se fue Messi de la cancha. Pisó por última vez el césped mundialista que tanto fertilizó con su fútbol total y conmovedor desde la edición de Alemania 2006, hasta esta de Estados Unidos, México y Canadá, donde se terminó de meter en el corazón del pueblo argentino.
El presidente Donald Trump le pone la medalla a Messi. Atrás, De Paul saluda a Giani Infantino.
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Es un domingo muy triste en Nueva York. Argentina no pudo ser bicampeón del mundo. Luchó como siempre lo hizo en este Mundial inolvidable, pero esta vez se quedó sin combustible en el físico para empiojarle la final a España, un rival que si bien hizo todo para golear, el miedo al papelón lo llevó a definir el título recién en el alargue.
Pero lo del rival poco le importa a la selección albiceleste, que cayó de pie, con la frente altísima y abrazada por todos los argentinos que estaban en estadio MetLife.
Esta durísima derrota, por tratarse de una final, no puede empañar lo que este equipazo generó hasta hoy. En esta Copa logró victorias electrizantes a cada paso, siendo el triunfo ante Inglaterra en semifinales lo que tal vez se llevó toda la carga de energía, fútbol y emoción de esta Scaloneta gloriosa. Esta vez lució casi destartalada ante una España muy superior que le hizo precio.
El estadio se fue vaciando de a poco. Con los argentinos gritando por Messi y sinceramente casi opacando lo que fue el festejo español, que en cuanto a hinchas fueron claramente visitantes. Claro que ser campeones del mundo no se compara con nada y merecen el aplauso general porque fueron el mejor equipo del torneo sin discusión.
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El Mundial, ese torneo mágico que atrapa como ninguno, que une al pueblo como nadie, que emociona como pocas cosas en la vida, que despierta pasiones únicas y desata festejos colectivos multitudinarios, llegó a su fin.
Lionel Messi y sus compañeros esperan el momento de la premiación.
Fue más de un mes de una Argentina con golazos memorables, remontadas heroicas, un Messi autor de ocho gritos fabulosos y con todo el pueblo embanderado y pendiente de una selección que entró en el corazón de todos. Por eso las lágrimas y la emoción del diez fueron el llanto de todos, pero no bronca, ni de reproches, sino de orgullo porque será por siempre una leyenda argentina.
Así fue la última imagen de Messi en los Mundiales, con una foto fuera de foco porque su producción y la del equipo no brilló desde el juego, pero sin reproches desde la entrega. Las piernas esta vez pesaban toneladas por el intenso trajín de una competencia que fue conmovedora a cada paso.
La era Messi en Mundiales se cerró, salvo que irrumpa el milagro. Y entonces comenzó su legado, su mito, su leyenda, la del pibe que soñando desde los potreros de la zona sur de Rosario conquistó el mundo y el corazón de todos.
Sus alegrías fueron las de todos, sus lágrimas también. Y cuando fue campeón del mundo, el pueblo se abrazó fuerte a ese logro y dio junto a él la vuelta olímpica. Ahora le agradeció el subcampeonato, que ya había conseguido, aunque con duras críticas, en 2014 en Brasil. ¡Gracias Leo, siempre serás un campeón!
Tras el final del Mundial 2026, el capitán de la selección viajó desde Nueva York a Miami, y desde allí tomará este lunes un vuelo privado directo a la ciudad junto a toda su familia.
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Fuente: La Capital
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