Las lluvias intensas generan "pulsos tóxicos" en afluentes del río Paraná
Investigadores del Conicet y la UNL detectaron que desencadenan episodios breves pero extremadamente tóxicos en los cursos de agua

Investigadores del Conicet y la UNL detectaron que desencadenan episodios breves pero extremadamente tóxicos en los cursos de agua
Por Luis Emilio Blanco
En un contexto de fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, los investigadores consideran que los sistemas de control deberán adaptarse para capturar estos episodios en tiempo real.
También te puede interesar: A los 89 años, falleció Antonio Ubaldo Rattin
El estudio fue realizado por Ana Cuzziol Boccioni, Andrés Attademo, Karen Russell-White, María Lancelle, Rafael Lajmanovich y Paola Peltzer.
Lo que para la mayoría de las personas es simplemente una tormenta intensa puede convertirse en un fenómeno ambiental de enorme magnitud. En pocas horas, la lluvia moviliza contaminantes acumulados durante semanas o meses en campos agrícolas, industrias, sistemas de drenaje, establecimientos ganaderos y lagunas de tratamiento de efluentes. El resultado es una descarga repentina capaz de alterar drásticamente la calidad del agua y exponer a la fauna acuática a condiciones extremas.
Ese proceso fue documentado por un equipo de investigadores argentinos que acaba de publicar un trabajo en la revista científica internacional Human and Ecological Risk Assessment, especializada en evaluación de riesgos ambientales y salud. El estudio fue realizado por Ana Cuzziol Boccioni, Andrés Attademo, Karen Russell-White, María Lancelle, Rafael Lajmanovich y Paola Peltzer, científicos del Conicet y del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
También te puede interesar: Qué significa soñar con una casa grande, vieja, nueva o en ruinas
La investigación se desarrolló en la cuenca del arroyo Las Conchas, en Entre Ríos, una red hídrica conectada al río Paraná medio. El objetivo fue analizar qué ocurre inmediatamente después de lluvias intensas, un momento que rara vez es capturado por los sistemas tradicionales de monitoreo ambiental.
Los científicos se concentraron en las horas posteriores a una tormenta extraordinaria ocurrida en octubre de 2025. En distintos sectores de Entre Ríos se registraron entre 83 y 118 milímetros de lluvia en apenas dos días. En el departamento Paraná cayeron 87 milímetros, prácticamente la totalidad de las precipitaciones acumuladas durante ese mes. Las muestras fueron tomadas apenas 24 horas después del evento para capturar los llamados "pulsos de contaminación", episodios breves durante los cuales grandes cantidades de contaminantes son arrastradas hacia arroyos y ríos.
Los investigadores explicaron que estos fenómenos responden a un mecanismo conocido como first flush o "primer lavado". Después de períodos secos, diversos contaminantes se acumulan en suelos, caminos, canales, sistemas de drenaje y superficies urbanas. Cuando ocurre una lluvia intensa, todo ese material es movilizado de forma simultánea hacia los cursos de agua, generando concentraciones que pueden superar ampliamente las registradas durante condiciones normales.
También te puede interesar: La Selección argentina ajusta detalles de cara al cruce definitivo frente a Suiza por los cuartos de final del Mundial
Uno de los puntos más comprometidos fue el arroyo Crespo, aguas abajo de instalaciones de tratamiento de efluentes. Allí el agua presentaba una coloración rojiza, olor pútrido y niveles extremadamente bajos de oxígeno disuelto. A ese escenario se sumaron elevadas cargas bacterianas, microorganismos asociados a contaminación fecal, metales pesados y de cianobacterias potencialmente tóxicas.
Uno de los datos más preocupantes fue el nivel de oxígeno. Mientras los valores considerados adecuados para proteger la vida acuática superan los 4,7 miligramos por litro, en el sitio más comprometido los registros se ubicaron por debajo de 0,5 miligramos por litro, una condición cercana a la anoxia o ausencia casi total de oxígeno.
La investigación también detectó concentraciones elevadas de cobre, plomo y zinc. Según los índices de riesgo ecológico utilizados por los investigadores, varios de esos registros alcanzaron categorías consideradas severas para organismos acuáticos. La verdadera dimensión del fenómeno apareció cuando las muestras fueron trasladadas al laboratorio.
También te puede interesar: Aumentó a 4.118 el número de personas fallecidas por los terremotos
Para evaluar los efectos biológicos de la contaminación, el equipo utilizó renacuajos de Rhinella arenarum, el sapo común argentino, una especie ampliamente empleada como bioindicador debido a su sensibilidad frente a diversos contaminantes ambientales.
La exposición al agua sin diluir proveniente del arroyo Crespo provocó la muerte del ciento por ciento de los ejemplares en menos de 24 horas. No se registró un efecto semejante en ninguno de los otros sitios analizados.
Para los autores, la mortalidad no puede atribuirse a una única sustancia. Sería el resultado de una combinación de factores actuando simultáneamente: falta extrema de oxígeno, contaminación bacteriana, materia orgánica en descomposición, metales pesados y otros contaminantes transportados por la lluvia.
También te puede interesar: Grave accidente entre un camión y una moto en Fraile Pintado
Incluso en los sectores donde no se observó mortalidad aparecieron señales de deterioro biológico. Los renacuajos mostraron alteraciones en sistemas vinculados a la desintoxicación celular y cambios de comportamiento. Nadaron menos, recorrieron distancias más cortas y redujeron significativamente su movilidad, efectos que pueden comprometer su capacidad para alimentarse, escapar de depredadores y completar su desarrollo.
Uno de los aspectos más llamativos fue la utilización de imágenes satelitales históricas para complementar las observaciones de campo. Los investigadores identificaron aguas abajo de lagunas de tratamiento de efluentes una marcada pluma rojiza que no aparecía en imágenes anteriores a la instalación de esas infraestructuras. Durante los relevamientos después de la tormenta, la misma coloración también fue observada en el arroyo.
Según los autores, esa evidencia sugiere una posible conexión hidráulica entre las lagunas de tratamiento y el curso de agua durante eventos de lluvia intensa. No obstante, aclaran que el fenómeno no puede atribuirse a una única fuente contaminante.
Por el contrario, el trabajo sostiene que los pulsos tóxicos serían el resultado de la convergencia de múltiples aportes: desbordes de efluentes urbanos e industriales, escorrentía agrícola y arrastre de contaminantes acumulados en suelos y canales de drenaje.
A medida que el agua avanzaba río abajo, la toxicidad disminuía. Sin embargo, las huellas de contaminación seguían siendo detectables incluso en sectores vinculados a la reserva Enrique Berduc, uno de los ambientes naturales mejor conservados del centro de Entre Ríos.
La observación refuerza una idea cada vez más presente entre los especialistas: las áreas protegidas no funcionan como sistemas aislados. Su calidad ambiental depende en gran medida de lo que ocurre kilómetros más arriba dentro de la misma cuenca hidrográfica.
La investigación también detectó cianobacterias de los géneros Microcystis y Oscillatoria, que incluyen especies capaces de producir toxinas perjudiciales para peces, fauna silvestre, animales domésticos y seres humanos. Aunque el estudio no analizó directamente la presencia de esas toxinas, los autores consideran que se trata de una señal de alerta que merece seguimiento específico.
El trabajo incorpora además una dimensión sanitaria. Los investigadores detectaron bacterias indicadoras de contaminación fecal en sectores utilizados con fines recreativos y sostienen que estos episodios pueden incrementar el riesgo de enfermedades gastrointestinales, infecciones de oído, afecciones cutáneas y otros problemas asociados al contacto con agua contaminada después de fuertes precipitaciones.
Pero posiblemente la conclusión más relevante no tenga que ver con un contaminante específico ni con un arroyo en particular. Tiene que ver con la forma en que se busca la contaminación.
Los autores sostienen que los sistemas tradicionales de monitoreo suelen trabajar con muestreos realizados días o semanas después de ocurrido un episodio extremo. El problema es que muchos de estos pulsos duran apenas unas horas. Cuando llegan los técnicos, gran parte de las evidencias ya puede haberse diluido, desplazado o desaparecido.
La reflexión adquiere especial interés para Santa Fe, donde durante los últimos años distintas mortandades de peces registradas en el río Carcarañá generaron preocupación entre pescadores, vecinos y organizaciones ambientales. El nuevo trabajo no analiza esos casos ni permite establecer relaciones directas. Sin embargo, aporta un elemento que merece ser considerado: los eventos de contaminación más severos podrían ser también los más difíciles de detectar cuando el monitoreo se realiza una vez que el fenómeno principal ya pasó.
>>Leer más: Mortandad de peces en el Carcarañá: investigan las causas del fenómeno registrado el fin de semana
En otras palabras, el desafío podría no ser únicamente identificar qué contaminantes buscar, sino también llegar a tiempo para encontrarlos.
En un contexto de fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, los investigadores consideran que los sistemas de control deberán adaptarse para capturar estos episodios en tiempo real. De lo contrario, algunos de los momentos de mayor impacto ecológico podrían seguir ocurriendo sin quedar reflejados en los registros oficiales.
>>Leer más: El peligro acecha en el río Paraná: confirmaron los niveles de glifosato más altos de Sudamérica en uno de sus afluentes
Investigadores del Conicet y la UNL detectaron que desencadenan episodios breves pero extremadamente tóxicos en los cursos de agua
Por Luis Emilio Blanco
Por Lucas Vitantonio (enviado especial)
Por Alvaro Torriglia
Fuente: La Capital
- #provinciales
- #las
- #lluvias
- #intensas
- #generan
- #pulsos
- #toxicos
- #afluentes
- #del
- #rio
- #parana
- #n10269070
- #santa fe


