Las mil y una anécdotas de un comerciante empedernido, cómo levantó un imperio y la "teoría del huevo"
La historia de Manuel García, el comerciante sanjuanino de 66 años conocido como Tito, está marcada por los negocios, las caídas y la capacidad de volver a empezar. Desde sus primeros pasos como cuidador de autos y vendedor de espuma de carnaval hasta las farmacias, las ferreterí…

El celular de Manuel Alberto García, conocido por todos como Tito, no dejó de sonar durante la entrevista con Tiempo de San Juan. Entre mensajes, llamadas y asuntos por resolver, el comerciante sanjuanino de 66 años atendía cada tema sin perder de vista la conversación. Pero su atención no estaba puesta únicamente en los negocios que ya tiene en marcha: también observaba, calculaba y pensaba en nuevas oportunidades para generar otro ingreso. En Tito, la cabeza parece funcionar siempre en clave comercial. Cada charla puede abrir una puerta, cada movimiento puede convertirse en una posibilidad y cada negocio puede ser el punto de partida de otro.
Esa forma de mirar el mundo ayuda a entender una historia marcada por emprendimientos, momentos de crecimiento y golpes económicos que lo obligaron a empezar de nuevo. A lo largo de los años, García pasó por rubros muy distintos, desde sus primeros trabajos y la venta de espuma de carnaval hasta las farmacias, la comercialización de vehículos y su actual ferretería, donde incluso incorporó la venta de huevos como una estrategia para atraer clientes. La búsqueda comercial no tiene fin para este gringo que las vivió todas. Siempre hay algo por hacer, una oportunidad para aprovechar o una manera de llevar un mango más a la mesa.
Antes de convertirse en un comerciante con negocios de distintos rubros, Tito García buscó la manera de generar sus propios ingresos desde muy joven. Estaba de novio con María Lucía Manzano, su compañera de vida desde la adolescencia, y tenía la idea fija de querer independizarse y construir un futuro con su propio esfuerzo.
Terminó la escuela en horario nocturno por cuestiones laborales y comenzó a trabajar en lo que encontraba. Cuidó autos y vendió espuma de carnaval en los bailes. Con el dinero que logró juntar, se animó a abrir un local dedicado a la venta de muebles usados. Fue su pequeño gran paso.
Para empezar, recurrió a un tío que tenía experiencia en el rubro. Cuando le mostró el dinero reunido, la respuesta fue poco alentadora. Sin embargo, Tito conocía a personas que podían entregarle muebles usados para comenzar a vender.
El resultado llegó antes de lo esperado. Según recordó, a los tres meses ya incorporaba muebles nuevos y, en poco más de un año, había comprado un pequeño camión y construido un galpón. Viajaba a Mendoza durante el día, cargaba mercadería, regresaba a San Juan y se ocupaba de venderla.
"Las ganas de hacer cosas te llevan a tener cosas. Acá no hay misterios ni secretos", resumió al recordar aquellos comienzos.
La actividad no se limitaba a comprar y vender. También implicaba dedicarle prácticamente todo el día al negocio. Esa dinámica, que comenzó en su juventud, se mantuvo a lo largo de las décadas y todavía forma parte de su rutina.
El siguiente salto llegó cuando, junto a su esposa, tuvo la posibilidad de comprar una farmacia. Así nació una etapa de expansión que lo llevó a involucrarse en un rubro que no conocía de antemano, pero que, según su experiencia, compartía una regla básica de cumplir con los compromisos, trabajar y administrar.
La Farmacia Universal, ubicada en avenida Rawson y Santa Fe, creció hasta llegar a tener 40 empleados. Más adelante, Tito compró la Farmacia Central y abrió su propia droguería. El emprendimiento avanzaba y las operaciones comerciales alcanzaban una escala muy superior a la de aquella primera mueblería.
Pero esa etapa también tuvo un desenlace inesperado. García recordó que una importante deuda vinculada a las ventas que realizaba al Estado se convirtió en un problema difícil de sostener, después de que el país entrara en cesación de pagos durante el gobierno de Carlos Menem.
Según relató, tenía un pasivo de unos 400.000 dólares y terminó afrontando compromisos por más de tres millones de dólares. La situación lo obligó a tomar decisiones drásticas, entre ellas desprenderse de bienes para pagar las indemnizaciones de sus empleados.
"Un día nos acostamos ricos con mi señora y nos levantamos pobres", recordó al describir el impacto que tuvo aquella crisis en su economía familiar.
En lugar de declararse en quiebra o presentarse en convocatoria de acreedores, decidió reorganizar su actividad y seguir trabajando. Durante un tiempo combinó la farmacia con la venta de muebles en distintas localidades de Iglesia, con negocios en Rodeo y otros puntos del departamento.
Viajó durante seis años para sostener esa actividad, hasta que los problemas de salud lo obligaron a cambiar de rumbo. Contó que sufrió dos preinfartos y que la presión arterial elevada, los nervios y el desgaste de los viajes terminaron por pasarle factura.
La decisión de dejar esa etapa no significó abandonar el comercio. Por el contrario, regresó a San Juan y encontró nuevas oportunidades en la compra y venta de automóviles y camionetas. Con el tiempo, también comenzó a invertir en propiedades, que dividía y transformaba en departamentos para obtener ingresos por alquiler.
"No me arrepiento y, si lo tengo que volver a hacer, lo haría con todo el gusto del mundo", aseguró sobre las experiencias que atravesó. Para él, incluso los errores terminaron convirtiéndose en aprendizajes.
La historia de Tito está llena de operaciones que surgieron de conversaciones cotidianas, oportunidades inesperadas y decisiones tomadas con rapidez. Una de ellas ocurrió cuando conoció la posibilidad de comprar una farmacia en Rawson, frente a la Villa San Damián.
Su hermano, que también era farmacéutico, había recibido la propuesta, pero finalmente fue Tito quien se acercó a conocer el establecimiento. La operación se concretó y el negocio quedó bajo su control durante años. Con el tiempo, aquella farmacia pasó a ser conocida como San Damián.
La expansión continuó con otras inversiones, entre ellas la compra de una farmacia en Santa Lucía. En ese caso, el acuerdo inicial para adquirir el negocio terminó derivando en la compra del inmueble y en la construcción de un salón comercial.
La historia tuvo otro giro cuando su hijo Manuel le comentó que había una persona interesada en comprar ese local. Tito aceptó escuchar una oferta, y la operación terminó concretándose por un monto que consideró conveniente. Con el dinero, volvió a invertir en propiedades.
Esa forma de actuar se repite en su relato: una venta puede abrir la puerta a una compra, y una compra puede convertirse en un negocio completamente distinto.
La ferretería Ferremag, ubicada sobre calle Laprida, a pocos metros de Catamarca, también nació de una sucesión de oportunidades. En plena pandemia, cuando las dificultades para transportar mercadería complicaban los planes comerciales, Tito decidió avanzar con un nuevo emprendimiento junto a sus hijos.
La idea inicial estaba vinculada a una cadena de ferreterías. Sin embargo, el proyecto tomó otra dimensión cuando apareció la posibilidad de adquirir un negocio que ya contaba con estanterías, mostradores y mercadería.
García recordó que realizó la operación sin esperar demasiado y que al día siguiente comenzó a trasladar los elementos para poner en marcha el local. Su hijo Manuel se encontró con la sorpresa de que su padre había comprado una ferretería y tenía previsto abrirla el lunes.
La decisión se tomó en un contexto de incertidumbre económica y restricciones sanitarias. Aun así, Tito siguió adelante y logró consolidar el emprendimiento, que ya llevaba casi seis años de actividad al momento de la entrevista.
El nombre Ferremag surge de las primeras letras de su nombre, Manuel Alberto García, mientras que sus hijos desarrollaron sus propios proyectos comerciales.
Aunque trabaja junto a ellos, reconoce que tienen personalidades diferentes. Él mantiene una participación directa en las operaciones y sostiene que buena parte de las decisiones pasa por sus manos, desde los pedidos a proveedores hasta el control de las facturas y los montos que debe pagar.
Entre las particularidades de Ferremag hay una que llama la atención de quienes entran al local: la venta de huevos. Para algunos puede resultar extraño encontrar ese producto entre herramientas, materiales y artículos de ferretería. Para Tito, en cambio, responde a una lógica comercial muy concreta.
El comerciante contó que, cuando decidió incorporar los maples, recibió burlas de algunas personas. Sin embargo, estaba convencido de que el producto podía atraer a clientes que, de otra manera, quizás no hubieran ingresado al negocio.
Según explicó, vende cada cartón de huevos a $4.900 y obtiene un margen de ganancia muy pequeño. El objetivo principal no es el beneficio directo que le deja ese artículo, sino la posibilidad de sumar compradores para el resto de la mercadería.
"El huevo me trae la gente", explicó. En su cálculo, cada día pueden acercarse unos 20 potenciales clientes motivados por esa compra.
Una vez dentro del local, esas personas pueden llevarse otros productos, como caramelos, desodorantes o cigarrillos, además de los artículos propios de la ferretería. De esa manera, un producto que parece ajeno al rubro termina funcionando como una herramienta para generar movimiento comercial.
La explicación resume buena parte de su manera de entender los negocios: no descartar una posibilidad porque parezca poco habitual y analizar qué otras oportunidades puede generar.
Para García, el comerciante debe conocer el funcionamiento de su local, estar presente y prestar atención a los números. También cuestionó a quienes delegan toda la actividad en sus empleados y se alejan del control cotidiano del negocio.
"Trabajo más trabajo= resultado", sintetizó.
La misma lógica aplica al momento de hacer pedidos. Según contó, revisa las facturas y calcula cuánto puede pagar antes de comprometerse con una compra. Si el monto excede sus posibilidades, reduce el pedido en lugar de asumir una obligación que después no pueda afrontar.
La actividad comercial de Tito no termina cuando baja la persiana de la ferretería. También llegó al mercado inmobiliario, un rubro en el que encontró una manera de complementar sus ingresos y aprovechar las oportunidades que se presentaban.
La casa donde recibió a Tiempo de San Juan tiene un valor especial para él por su vínculo con la historia familiar. García contó que la propiedad estaba relacionada con sus raíces y que decidió comprarla cuando tuvo la oportunidad, para después realizar una remodelación que demandó aproximadamente dos años.
Pero, incluso al pensar en su vivienda, encontró una alternativa para generar ingresos. En la planta alta construyó un departamento destinado al alquiler temporario, una actividad que lleva adelante junto a su esposa desde hace más de un año. La propiedad también cuenta con un ascensor pensado para facilitar el acceso de personas con discapacidad o dificultades para movilizarse.
Ese aprovechamiento del espacio responde a una idea que repite durante la entrevista: no depender de una sola fuente de ingresos. A la ferretería y los alquileres se suman las inversiones inmobiliarias y hasta un servicio de traslado en vehículo propio.
Tito relató que, en ocasiones, lleva pasajeros hasta Mendoza para tomar vuelos o realiza traslados para personas que llegan desde otras provincias. En uno de esos casos, aceptó llevar a un cliente hasta el aeropuerto mendocino y organizó su jornada para que pudiera llegar con tiempo suficiente para realizar el check-in.
Para él, esas oportunidades también forman parte del comercio. No necesariamente se trata de montar un negocio con una estructura propia, sino de encontrar una necesidad que pueda resolver con los recursos disponibles.
En paralelo, continúa atento a las propiedades que aparecen en el mercado. Durante la conversación, incluso recordó operaciones inmobiliarias que surgieron a partir de contactos y propuestas recibidas de manera inesperada.
Si hay algo que acompaña a Tito tanto como los negocios son los refranes. Durante la charla apeló a distintas frases para explicar sus decisiones y transmitir lo que aprendió después de décadas de actividad comercial.
Una de las ideas que más repitió fue la necesidad de diversificar. En lugar de concentrar todo en un solo rubro, considera que conviene abrir distintas posibilidades, porque una actividad puede atravesar un mal momento mientras otra permite sostener los ingresos.
Su afición por los autos, las motos y las camionetas antiguas también ocupa un lugar importante en su vida. García participa en encuentros y competencias de vehículos clásicos, y contó que obtuvo premios tanto a nivel local como nacional.
A eso suma su gusto por los caballos y las cabalgatas de la fe. Según relató, intenta participar de las actividades que le interesan incluso cuando llega cansado de la jornada laboral. En esas ocasiones, suele contar con la compañía de María Lucía, con quien construyó una vida en común durante décadas.
La familia ocupa un lugar central en su relato. Junto a su esposa tuvo cinco hijos: Manuel, Alejandro, Francisco, María Lucía y Rodrigo. Algunos de ellos siguieron sus pasos en el mundo comercial, mientras que sus nietos también forman parte de una historia familiar atravesada por el trabajo.
Tito habla de ellos con orgullo y reconoce que la relación entre padre e hijos, como ocurre en cualquier familia, también tiene sus diferencias. Sin embargo, destaca la participación de Manuel en los proyectos y la continuidad de una tradición que comenzó cuando él todavía era adolescente.
En su casa, los recuerdos familiares conviven con los planes comerciales y las nuevas ideas. El teléfono no deja de sonar y, durante la entrevista, los llamados y mensajes vinculados con sus distintos negocios interrumpieron varias veces la conversación.
A sus 66 años, admite que su ritmo puede resultar agotador, pero también asegura que mantenerse activo es parte de lo que lo impulsa a seguir adelante.
Al hablar de la situación del comercio, García no negó las dificultades económicas ni las adversidades que puede atravesar un negocio. Sin embargo, desde su experiencia, consideró que bajar los brazos ante un mal resultado puede cerrar oportunidades que todavía están disponibles.
Su recomendación es mantenerse presente, controlar los gastos, evaluar alternativas y no quedarse atado a una única forma de vender. También insiste en que el dueño debe conocer el funcionamiento de su emprendimiento y entender cuánto puede comprometer antes de realizar una compra.
"Si vos tenés una adversidad hoy día, seguí luchándola", aconsejó durante la entrevista.
No habla desde una trayectoria sin tropiezos. Por el contrario, recuerda la pérdida de su negocio farmacéutico, las deudas que debió afrontar y los problemas de salud que lo obligaron a cambiar de actividad. También reconoce que algunas decisiones fueron tomadas con demasiada rapidez y que no siempre las operaciones resultaron como esperaba.
Fuente: Tiempo de San Juan
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