Las PyMEs resisten con menos empleo y estructuras cada vez más chicas
El deterioro del entramado PyME argentino no se expresa únicamente en la cantidad de empresas que bajan sus persianas. Una parte importante del ajuste también se observa en aquellas firmas que continúan funcionando, pero lo hacen con menos trabajadores, menor nivel de producción y estructuras cada vez más reducidas. A mediados de este año permanecían […]

El deterioro del entramado PyME argentino no se expresa únicamente en la cantidad de empresas que bajan sus persianas. Una parte importante del ajuste también se observa en aquellas firmas que continúan funcionando, pero lo hacen con menos trabajadores, menor nivel de producción y estructuras cada vez más reducidas.
A mediados de este año permanecían activas unas 506.457 pequeñas y medianas empresas formales, alrededor de 21.800 menos que en el punto máximo registrado durante 2023.
La retracción golpeó con mayor fuerza a los establecimientos más chicos. Cerca del 90% de la caída reciente estuvo concentrada en microempresas, un segmento particularmente expuesto a las bajas en las ventas, el aumento de los costos y las dificultades para acceder a financiamiento.
Durante 2025 se habrían perdido alrededor de 8.000 firmas, mientras que en mayo de este año el número de PyMEs volvió a mostrar una baja interanual cercana al 1,8%.
Sin embargo, el cierre definitivo representa apenas una parte del fenómeno. Entre las empresas que permanecieron abiertas también se verificó una reducción de planteles y una menor capacidad para ampliar su actividad.
Las firmas de hasta 100 trabajadores tienen actualmente una dotación formal aproximadamente 1,5% inferior a la de hace una década. Al mismo tiempo, las microempresas perdieron participación dentro del empleo asalariado registrado.
En los últimos diez años, su peso sobre el total del empleo formal pasó del 20% al 18%, lo que muestra una menor incidencia de los establecimientos más pequeños dentro del mercado laboral registrado.
El impacto se vuelve más visible cuando se analiza la composición del empleo vinculado al denominado universo PyME.
Si se contemplan asalariados registrados y no registrados, monotributistas y autónomos, el número total de personas relacionadas con este sector mostró un incremento interanual del 1,5%.
No obstante, detrás de esa mejora aparece una modificación significativa en la calidad del empleo.
Durante el último año se sumaron cerca de 186.700 trabajadores no registrados y unos 42.700 monotributistas, mientras que las pequeñas y medianas empresas formales perdieron aproximadamente 49.300 puestos asalariados registrados.
La evolución refleja que una parte de la actividad logró sostenerse, aunque con una creciente participación de modalidades laborales por fuera del empleo formal tradicional.
Este proceso también puede observarse dentro de las propias empresas. Muchas dejaron de reemplazar a trabajadores que se desvincularon, frenaron nuevas incorporaciones o redujeron áreas para sostener sus operaciones con menores costos.
De esta manera, una firma puede continuar en actividad desde el punto de vista administrativo, pero operar con una escala considerablemente inferior a la que tenía años atrás.
Otro de los factores señalados en los análisis recientes es la composición del crecimiento económico.
Cuando la expansión se concentra en sectores primarios o energéticos, la generación de puestos de trabajo suele ser menor que cuando el impulso proviene de actividades como la industria o la construcción.
Esa diferencia resulta relevante para el entramado PyME debido a que buena parte de las pequeñas empresas depende del consumo interno, la producción industrial, el comercio y los servicios asociados.
Durante 2025 la economía argentina registró un crecimiento del 4,4%, aunque ese desempeño no fue uniforme entre los distintos sectores.
En ese período, la industria retrocedió 3,9% y el comercio mostró una caída del 1,3%, dos actividades con una fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas.
En paralelo, las compañías de mayor tamaño aumentaron su participación relativa dentro del empleo formal durante la última década, mientras que los establecimientos más chicos perdieron terreno.
El escenario muestra así una transformación que va más allá del número de empresas que cierran.
La reducción de planteles, el menor nivel de actividad, el crecimiento del empleo informal y la expansión del monotributo forman parte de un proceso de achicamiento que afecta a una porción relevante del tejido productivo.
Para muchas PyMEs, mantenerse abiertas ya no necesariamente implica conservar la misma capacidad de producción o generación de empleo.
Fuente: Primera Edición
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