Las regalías, un intento de compensar el desierto que dejaron Los Nihuiles
El ex intendente de Puelches, Enrique Tomas, recordó que las partidas generadas por las regalías de Los Nihuiles significaron, en parte, una forma...

El ex intendente de Puelches, Enrique Tomas, recordó que las partidas generadas por las regalías de Los Nihuiles significaron, en parte, una forma de paliar las consecuencias ambientales, productivas y sociales que la construcción del complejo hidroeléctrico provocó aguas abajo, al reducir los aportes del río Atuel hacia territorio pampeano. Números que hoy en día, ni siquiera se acercan a una compensación.
Tomas conoce de cerca esa historia, fue intendente de Puelches hasta diciembre de 2003 y participó de las discusiones que precedieron a la sanción de la Ley 1729, impulsada en 1996 por la entonces diputada radical Adela Cabal, de Victorica. Según recordó, en aquellos años se hablaba de que La Pampa recibía alrededor de dos millones de pesos/dólares anuales en concepto de regalías.
A partir de una consulta realizada por entonces al asesor del bloque de la UCR, pudo acceder a los presupuestos de los cinco años anteriores y, de acuerdo con su reconstrucción, los ingresos habían oscilado entre un mínimo de 1,6 millones y un máximo de 2,3 millones de pesos/dólares anuales. "Hay que tener en cuenta el valor de la energía y el agua disponible año a año", señaló Tomas al reconstruir aquellos números.
El proyecto fue discutido con intendentes y presidentes de comisiones de fomento del oeste y finalmente aprobado por unanimidad. La Ley 1729 fue sancionada el 11 de diciembre de 1996 y publicada en enero de 1997, durante el gobierno de Rubén Marín. La norma creó el Fondo Especial de Distribución para las Comunas del Oeste Pampeano.
Compensación para el oeste.
El mecanismo destinó al Fondo el 50% de las regalías anuales que La Pampa percibía por la generación eléctrica de Los Nihuiles. Los recursos alcanzaron a Santa Isabel, Algarrobo del Águila, Limay Mahuida, La Reforma, Puelches, La Humada, Chacharramendi, Puelén y, posteriormente, Gobernador Duval.
Pero no todo el dinero llegaba directamente a las comunas. El 30% del Fondo se destinaba al Ministerio de la Producción para emprendimientos productivos y préstamos reintegrables en la zona, mientras que el 40% correspondía al área de Obras y Servicios Públicos para infraestructura y mantenimiento. El 30% restante era distribuido trimestralmente entre las localidades, con una participación diferenciada para las cinco consideradas ribereñas.
De los fondos que recibían directamente, inicialmente el 90% debía utilizarse en proyectos productivos y obras destinadas a mejorar la calidad de vida de los pobladores rurales. El 10% restante podía ir a Rentas Generales, porcentaje que posteriormente pudo ampliarse hasta el 40%.
Tomas recuerda que durante sus años como intendente pudo acceder a varios de esos créditos y financiar obras para Puelches. Los préstamos productivos tenían además una característica particular: eran reintegrables y los fondos retornaban posteriormente a los municipios. La explicación de fondo estaba en una realidad que el oeste conocía desde hacía décadas. Antes de la construcción de Los Nihuiles, el Atuel sostenía lagunas, bañados y cursos de agua que atravesaban una extensa región pampeana. La interrupción de los escurrimientos transformó profundamente ese territorio.
Una reconstrucción reciente de la historia realizada por el propio Tomas recuperó fotografías y documentos familiares sobre las lagunas La Dulce, La Amarga y Urre Lauquen y el río Chadileuvú, donde existió una importante actividad pesquera antes de la interrupción de los aportes hídricos. La pesca comercial llegó a tener una dimensión significativa en las décadas de 1940 y 1950, con permisos otorgados por el Estado nacional y registros de hasta 45 mil kilos mensuales.
En ese contexto, Tomas interpreta las regalías como una forma de compensación parcial frente a una transformación territorial que excedió ampliamente la cuestión económica.
Cada vez menor.
El ex intendente también repasó la evolución posterior de los recursos. Señaló que los períodos prolongados de sequía redujeron la generación hidroeléctrica y, por lo tanto, el monto de las regalías. A eso se sumó el deterioro de la infraestructura del complejo y la menor generación de algunos de sus aprovechamientos.
Su revisión de los presupuestos provinciales desde 2018 hasta 2025 lo llevó a una conclusión: las regalías de Los Nihuiles dejaron de representar para La Pampa y para las localidades del oeste el peso económico que tenían en los primeros años de vigencia de la Ley 1729.
El dato debe leerse además en términos nominales. La Pampa presupuestó $92,06 millones en regalías de El Nihuil para 2024 y $290 millones para 2025, cifras que no permiten por sí solas medir su evolución real frente a la inflación y a los cambios en el valor de la energía.
Para Tomas, aun si se distribuyera la totalidad de las regalías entre las nueve localidades beneficiarias, los montos actuales estarían lejos de aquellos niveles que permitieron financiar obras y emprendimientos productivos durante los primeros años del fondo.
Una historia que vuelve.
La discusión recuperó actualidad después de que el Gobierno nacional derogara el Decreto 1560/73 y estableciera que las regalías correspondientes a Los Nihuiles fueran percibidas en su totalidad por Mendoza. El decreto invocó, entre otros argumentos, que la fuente hidroeléctrica se encuentra íntegramente en territorio mendocino. La medida impactó directamente sobre las nueve localidades alcanzadas por la Ley 1729, porque ese fondo había sido construido precisamente sobre el porcentaje de regalías que recibía La Pampa.
Así, casi 30 años después de aquella discusión que tuvo a Cabal, Tomas y los intendentes del oeste como protagonistas, la disputa vuelve a plantear una pregunta que excede el monto de una partida presupuestaria.
Para los pueblos del oeste, las regalías de Los Nihuiles no fueron solamente un ingreso. Fueron también una forma de devolver al territorio una pequeña parte de los recursos generados por una obra cuya construcción modificó para siempre el ambiente, la producción y la vida de las comunidades ubicadas aguas abajo.
Y esa es, para Tomas, la parte central de una historia que vuelve a discutirse casi tres décadas después: cuánto valieron aquellas regalías, cuánto representan hoy y, sobre todo, qué significaron para las localidades que durante décadas convivieron con las consecuencias de haber perdido sus ríos.
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Fuente: La Arena
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