Las Supermanzanas: de Barcelona a Corrientes
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Arq. Carlos M. Gómez Sierracontacto@consultoraurbana.comCon la presencia de unos 10.000 arquitectos de todo el mundo, Barcelona fue en estos días el centro mundial de la arquitectura con la celebración del Congreso Mundial de la disciplina. Fue también oportunidad para apreciar una de las más innovadoras propuestas urbanas que se vienen desarrollando en la ciudad catalana: las Supermanzanas.
Formulada por el biólogo catalán Salvador Rueda constituye uno de los modelos más interesantes en el debate sobre calidad de vida, movilidad urbana y sostenibilidad ambiental en las ciudades. Concebida para Barcelona, la idea trascendió su contexto original y hoy es discutida como una estrategia potencialmente adaptable a distintas realidades, especialmente aquellas atravesadas por la hegemonía del automóvil, déficit de espacio público y problemas ambientales. En este marco, resulta pertinente analizar en qué medida la propuesta podría ser adaptada, ensayada y evaluada en una ciudad como Corrientes.
La Supermanzana se define como una unidad urbana compuesta por varias manzanas tradicionales -generalmente nueve- en la cual el tránsito vehicular queda restringido a las vías perimetrales, mientras que el interior se reorganiza priorizando la movilidad peatonal y los usos sociales del espacio público. No se trata simplemente de reducir el tráfico, sino de reconfigurar la jerarquía del espacio urbano, devolviendo protagonismo a la vida cotidiana, al encuentro y a la escala barrial. Para Rueda, el modelo responde a la lógica de un sistema que articula movilidad, espacio público, ecología urbana y cohesión social.
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Uno de sus fundamentos centrales es la crítica al urbanismo funcionalista del siglo XX, que separó usos y promovió la expansión del automóvil como solución universal a la movilidad. En palabras de Rueda, este paradigma condujo a ciudades energéticamente ineficientes, ambientalmente insostenibles y socialmente fragmentadas. Las Supermanzanas, en cambio, buscan reducir el espacio destinado al tránsito motorizado, disminuir emisiones contaminantes y ruido, y liberar el suelo para usos sociales: áreas verdes, juegos infantiles y equipamientos de proximidad. En su libro 503 manzanas (2025), Rueda expone el ejemplo de Barcelona como un laboratorio urbano en el que es posible disminuir el protagonismo del automóvil y mejorar la calidad ambiental.
En términos operativos, el modelo no implica demoliciones ni transformaciones costosas. Su principal fortaleza radica en que actúa sobre la gestión del espacio público existente, redefiniendo sentidos de circulación, velocidades máximas y usos del espacio vial. Esta condición lo hace especialmente atractivo para una ciudad como Corrientes que cuenta con recursos limitados pero enfrenta problemas urbanos complejos.
Ahora bien, Corrientes presenta particularidades que obligan a pensar la propuesta de manera adaptada a sus condiciones existentes. Es una ciudad de trama mayormente regular en su área central y pericentral, heredera del trazado colonial, con manzanas relativamente homogéneas y una fuerte dependencia del automóvil. A ello se suma su clima subtropical, que condiciona los usos del espacio público y vuelve crucial la presencia de arbolado, sombra y superficies verdes. En este contexto, la supermanzana aparece como una oportunidad para articular movilidad, ambiente y espacio público, siempre que se adapte a las prácticas locales de movilidad y sociabilidad.
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Desde el punto de vista físico, Corrientes ofrece condiciones favorables para una implementación piloto de Supermanzanas, especialmente en barrios consolidados cercanos al centro, donde existe una alta y positiva mezcla de usos (residencial, comercial, educativo, administrativo). La estructura de manzanas relativamente pequeñas facilita la conformación de unidades mayores sin alterar significativamente la lógica urbana existente. No obstante, a diferencia de Barcelona, Corrientes presenta menor densidad edilicia y de habitantes, lo que obliga a ajustar las expectativas en términos de movilidad, intensidad de uso y demanda de espacio público.


Uno de los desafíos centrales para una posible verificación del modelo en Corrientes es el cambio cultural asociado al uso del automóvil. Como ocurre en muchas ciudades argentinas, el auto no solo es un medio de transporte, sino también un símbolo de identificación y autonomía. La restricción del tránsito interno en las supermanzanas podría ser percibida como una pérdida de derechos, más que como una ganancia colectiva. En este sentido, la experiencia internacional demuestra que para una implementación exitosa se requiere de procesos participativos, instancias de pruebas piloto y una fuerte estrategia de comunicación pública.
Otro aspecto clave es la movilidad alternativa. Para que la reducción del tránsito vehicular sea efectiva, debe ir acompañada de una red segura y continua de ciclovías, mejoras en el transporte público y condiciones adecuadas para el peatón. En Corrientes, donde las veredas presentan déficits y la infraestructura ciclista es casi nula, la Supermanzana podría funcionar como un espacio de prueba donde invertir prioritariamente en mejoras peatonales, arbolado y mobiliario urbano.
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Desde el punto de vista ambiental, la propuesta resulta altamente pertinente. Corrientes enfrenta problemas asociados a la isla de calor urbana, la impermeabilización del suelo y el estrés térmico en el espacio público. Al liberar superficie hoy ocupada por el automóvil, las supermanzanas permitirían incorporar vegetación, suelos permeables y espacios de sombra, mejorando el microclima urbano y reduciendo la demanda energética asociada a la climatización.
Como referencia es posible verificar encuentros, capacitaciones y transferencias realizadas entre Salvador Rueda y colectivos de arquitectos de Asunción, Paraguay. Para Rueda, la capital paraguaya resulta relevante como ciudad latinoamericana, con relativa baja densidad, fuerte dependencia del automóvil y un clima que exige repensar el espacio público desde lo ambiental. En ese sentido, la relación establecida no es de exportación directa del modelo Barcelona, sino de adaptación crítica. La experiencia piloto asuncena de "La Cuadrita" va en ese sentido.
En conclusión, la propuesta de Supermanzanas no debe entenderse como un modelo cerrado a ser copiado, sino como un marco conceptual adaptable. En Corrientes, su verificación sería posible si se la concibe de manera progresiva, localizada y evaluable, articulando mejoras en movilidad, espacio público y ambiente urbano. Más que una solución técnica, la Supermanzana es una herramienta operativa y cultural, que interpela y discute la forma en que se distribuye el espacio, el tiempo y la energía en la ciudad. En ese sentido, este ejercicio podría pensarse como un paso significativo hacia una Corrientes ambientalmente sostenible.
Fuente: Diario El Litoral
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