Las temperaturas cambiantes y las lluvias afectan los ciclos de floración de las plantas
En el Litoral, El Niño favorece un escenario de temperaturas más alevadas, mayor humedad y precipitaciones, que pueden alterar los ciclos de la vegetación

En el Litoral, El Niño favorece un escenario de temperaturas más alevadas, mayor humedad y precipitaciones, que pueden alterar los ciclos de la vegetación
Las lluvias fuera de los habitual están impactando en el ciclo de las plantas
Hoy comienza septiembre, el mes de la primavera, la estación en que las plantas florecen y recuperan el vigor perdido durante el otoño y el invierno. Sin embargo, en este año en el que se vienen registrando variaciones bruscas de las temperaturas, períodos de humedad elevada y lluvias frecuentes, se vieron afectados los ciclos naturales de la mayoría de las especies vegetales de la zona.
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Sobre este punto, los expertos explican que el fenómeno de El Niño favorece un escenario de mayor humedad y precipitaciones en el Litoral, generando que las variaciones térmicas puedan alterar los ciclos de floración y brotación de las plantas, ya que la mayoría debe adaptarse a una sucesión de condiciones que no siempre coinciden con las esperadas para cada época del año.
"Cada estación tiene sus pros y sus contras", explicó a UNO Octavio Pagliotto, especialista en plantas y jardinero autodidacta, quien advirtió que el frío, el exceso de humedad, las lluvias y los períodos cálidos pueden tener efectos diferentes según la especie.
Uno de los ejemplos más claros aparece en los frutales. Un período de temperaturas elevadas durante el invierno puede adelantar la floración de un duraznero. Luego, si se produce una helada tardía, los pequeños frutos que comenzaron a formarse pueden resultar afectados.
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Lo mismo suele suceder con otras especies que comienzan a emitir brotes antes de que las condiciones sean estables. En esos casos, poco puede hacer quien tiene una planta en el jardín para modificar el ciclo natural. La recomendación es observar su evolución y evitar intervenciones innecesarias.
También mencionó que en el caso de una helada, puede quemar las hojas nuevas y dejarlas marrones, pero eso no significa necesariamente que la planta haya muerto. Si las raíces y los tallos permanecen vivos, puede volver a brotar cuando las condiciones mejoren.
En tanto, en los períodos de lluvias frecuentes, uno de los principales riesgos es el exceso de agua, especialmente en las plantas cultivadas en macetas. Cactus y suculentas son particularmente sensibles porque están adaptados a ambientes con menor disponibilidad de agua. El exceso de humedad puede favorecer la aparición de hongos, plagas y enfermedades, además de provocar la pudrición de las raíces.
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Por eso, regar una planta porque sus hojas están caídas no siempre es una buena decisión. El problema puede ser precisamente el exceso de agua.
Una manera sencilla de comprobar el estado del sustrato es introducir un palillo en la tierra. Si sale seco y limpio, probablemente sea necesario regar. Si sale húmedo y con tierra adherida, conviene esperar.
El especialista también destaca otros factores que suelen quedar en segundo plano: la calidad del sustrato, la cantidad de luz, la ventilación y el espacio disponible.
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Cada especie tiene requerimientos diferentes y conocer su origen permite determinar qué condiciones necesita para desarrollarse.
La falta de espacio no impide tener plantas e incluso algunos frutales pueden cultivarse en balcones y patios pequeños. Limoneros, quinotos, mandarinos y granados son algunas de las especies que pueden adaptarse al cultivo en maceta, siempre que tengan suficiente espacio, un sustrato adecuado y buena iluminación.
También es posible generar espacios ornamentales con diferentes tamaños, formas y texturas de follaje. No hace falta disponer de un gran terreno para tener un jardín, aunque sí es importante evitar la acumulación excesiva de plantas.
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Cuando están demasiado juntas, disminuye la circulación de aire y aumenta la posibilidad de enfermedades asociadas a la humedad.
La sombra también puede modificar el desarrollo de determinadas especies.
Entre las especies más resistentes, Pagliotto menciona al potus, la lengua de suegra y el malvón.
La lengua de suegra puede tolerar diferentes condiciones de cultivo y es capaz de permanecer durante períodos prolongados en agua. El malvón también se caracteriza por su resistencia y facilidad de reproducción a partir de esquejes.
En el caso de las plantas aromáticas, como el perejil, la luz natural resulta fundamental. La iluminación de una lámpara doméstica no reemplaza la que necesitan las plantas para desarrollarse.
La regla general, explica el especialista, es conocer las necesidades de cada especie y no aplicar los mismos cuidados a todas.
Las plantas no responden todas de la misma manera ante el clima. Algunas pueden sufrir el exceso de agua; otras, las bajas temperaturas; y otras pueden adelantar sus procesos cuando aparecen períodos de calor fuera de época.
Frente a esas situaciones, no siempre es posible evitar los efectos de un cambio meteorológico. Pero sí se pueden reducir los riesgos con cuidados adecuados: controlar el riego, mejorar el drenaje, garantizar una buena iluminación, mantener cierta ventilación y proteger de las heladas a las especies más sensibles.
En definitiva, el clima puede alterar los tiempos de la naturaleza, pero las plantas también tienen capacidad de recuperación. Un brote quemado por una helada no necesariamente implica la pérdida del ejemplar y una etapa de crecimiento interrumpida puede retomarse cuando vuelven las condiciones favorables.
La clave, según Pagliotto, está en observar antes de intervenir y entender que cada planta tiene sus propios requerimientos y ciclos. En tiempos de mayor variabilidad climática, conocerlos se vuelve todavía más importante.
Fuente: UNO Entre Ríos
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