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Leer sigue siendo una deuda educativa: 250 mil adolescentes llegan al secundario sin la comprensión esperada

UNICEF advierte que unos 250 mil adolescentes ingresan cada año al secundario sin los dominios esperados de lectura.

Por Gabriela Loreiro4 min de lectura
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Leer sigue siendo una deuda educativa: 250 mil adolescentes llegan al secundario sin la comprensión esperada
Leer sigue siendo una deuda educativa: 250 mil adolescentes llegan al secundario sin la comprensión esperada · Foto: Primera Edición

La lectura sigue siendo una de las herramientas fundamentales para transitar la escuela, acceder al conocimiento y desarrollar autonomía. Sin embargo, garantizar que niños y adolescentes comprendan adecuadamente lo que leen continúa siendo uno de los principales desafíos educativos, tanto a nivel global como en Argentina. La discusión volvió a quedar en primer plano con la conmemoración del Día Internacional de la Alfabetización, que este año volvió a poner el foco sobre una problemática que excede ampliamente la capacidad básica de leer y escribir.

La UNESCOconsidera la alfabetización un derecho humano fundamental porque constituye la puerta de entrada a otros aprendizajes, al ejercicio de derechos y a una mayor participación social. Pese a los avances acumulados durante las últimas décadas, las cifras siguen mostrando una brecha considerable. De acuerdo con el organismo, 739 millones de jóvenes y adultos todavía carecen de competencias básicas de alfabetización, mientras que cuatro de cada diez niños en el mundo no alcanzan los niveles mínimos esperados en lectura.

El problema adquiere una dimensión particular porque aprender a leer no significa solamente reconocer palabras. La comprensión lectora implica interpretar información, relacionar ideas, extraer conclusiones y poder utilizar lo leído en situaciones concretas.

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En Argentina, una de las principales alertas aparece en el paso de la escuela primaria hacia la secundaria. UNICEF estima que cerca de 250.000 adolescentes ingresan cada año al nivel secundario sin haber adquirido los dominios esperados en comprensión lectora.

El dato resulta especialmente significativo porque se trata de estudiantes que ya atravesaron los años de escolaridad primaria y llegan a una etapa en la que se presupone una mayor autonomía para estudiar, interpretar consignas y producir textos.

Las dificultades de lectura, además, no quedan restringidas a Lengua. Comprender un problema matemático, interpretar una consigna de Ciencias Naturales, estudiar Historia o seguir una explicación escrita requieren herramientas de comprensión similares. Por eso, una de las discusiones centrales dentro de la política educativa es que la escolarización por sí sola no garantiza aprendizajes efectivos.

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Un alumno puede permanecer dentro del sistema durante años y, aun así, avanzar de nivel sin haber consolidado las competencias necesarias para desenvolverse con autonomía.

En ese escenario, garantizar materiales de lectura continúa siendo una herramienta central. Durante agosto, la Secretaría de Educación de la Nación aprobó las bases correspondientes a 2026 del programa Libros para Aprender, destinado a seleccionar materiales escolares de Lengua y Matemática para estudiantes del nivel primario.

En el caso de Lengua, las pautas establecen que los libros deben favorecer la práctica sostenida de lectura y escritura, la comprensión de distintos tipos de textos y el desarrollo progresivo de la autonomía. También se contempla que los materiales incorporen diversidad de producciones literarias y no literarias y actividades que vinculen lectura, oralidad y producción escrita.

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La política apunta así a recuperar un elemento básico pero todavía decisivo: el contacto sostenido con los libros y con diferentes formas de lectura. El acceso, sin embargo, es solamente una parte del problema. Para que leer se convierta en una herramienta real de aprendizaje, también hacen falta prácticas escolares sistemáticas, docentes capacitados, acompañamiento familiar y espacios donde la lectura no quede reducida únicamente al cumplimiento de una tarea.

La importancia de la lectura tampoco termina al finalizar la educación obligatoria. Comprender textos permite acceder a información, interpretar contratos, entender instrucciones, realizar trámites, reconocer noticias falsas y participar con mayor autonomía en la vida cotidiana.

En los entornos digitales, además, la alfabetización adquirió nuevas dimensiones. Hoy no basta únicamente con poder leer palabras en una pantalla. También es necesario interpretar información, evaluar fuentes, reconocer contenidos engañosos y distinguir datos confiables de afirmaciones sin respaldo. Esa capacidad se volvió especialmente relevante en un escenario atravesado por redes sociales, inteligencia artificial y una circulación permanente de información.

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La UNESCO insiste por eso en que alfabetizar implica mucho más que enseñar una habilidad técnica: significa generar condiciones para que las personas puedan desenvolverse plenamente dentro de la sociedad.

El dato argentino de los 250 mil adolescentes que comienzan la secundaria sin la comprensión esperada expone justamente esa distancia. El desafío ya no consiste solamente en garantizar que los chicos estén dentro de la escuela, sino también en asegurar que aprendan efectivamente durante su trayectoria educativa.

La lectura aparece en ese camino como una competencia transversal. Cuando falla, no solamente se dificulta el desempeño escolar: también se reducen las posibilidades de acceder a nuevos conocimientos y de desenvolverse con independencia en la vida adulta. Por eso, garantizar libros, prácticas de lectura sostenidas y estrategias para mejorar la comprensión sigue siendo una de las políticas educativas con mayor impacto potencial.

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La alfabetización, más que una meta alcanzada, continúa siendo un desafío en permanente construcción.

Fuente: Primera Edición

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