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Ley del libro: el gobierno de Milei quiere derogar el precio único y el rechazo es generalizado

A pesar de los argumentos del gobierno sobre fomentar la libre competencia, escritores, libreros y editoriales advierten sobre el riesgo de concentración de mercado y pérdida de bibliodiversidad.

Por Fernando G. Toledo7 min de lectura
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Ley del libro: el gobierno de Milei quiere derogar el precio único y el rechazo es generalizado
Ley del libro: el gobierno de Milei quiere derogar el precio único y el rechazo es generalizado · Foto: Los Andes

A pesar de los argumentos del gobierno sobre fomentar la libre competencia, escritores, libreros y editoriales advierten sobre el riesgo de concentración de mercado y pérdida de bibliodiversidad.

Librería Iván Miszei Libros, en Garibaldi y San Juan, de la Ciudad de Mendoza.

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Escritores, librerías, cámaras del rubro, asociaciones y, por supuesto, lectores, se hallan en pie de guerra por el nuevo intento del gobierno nacional por derogar la conocida como Ley del Libro. Después del intento de 2024, cuando recién asumía el gobierno de Javier Milei, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, envió esta semana a la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia un nuevo anteproyecto que busca derogar esta normativa vigente bajo la intención de "eliminar restricciones, fomentar la libre competencia y reducir la intervención estatal en diversos mercados".

Este anteproyecto, que sería remitido en breve al Congreso para su tratamiento, ataca la ley 25.542, cuyo principal aspecto es establecer un precio de venta al público (PVP), uniforme para todas las librerías. Es decir, con esta ley, los libros llegan a las librerías con un precio preestablecido para que estas compitan con otras armas: la atención, el asesoramiento, las ofertas, la comodidad del local, la variedad de sus estanterías, etc.

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La andanada de críticas a la derogación ha vuelto a involucrar a un amplio rango de protagonistas. La Fundación El Libro, por ejemplo, que realiza año a año la Feria del Libro de Buenos Aires (una de las dos o tres más importantes de América) emitió un comunicado que defiende la ley que el gobierno nacional pretende eliminar.

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Mientras que desde la cartera de Sturzenegger se argumenta que "el proyecto tiene por objetivo que los libros sean más accesibles" y por eso "elimina una restricción que hoy impide que las librerías compitan en precios mediante descuentos, promociones u otras estrategias comerciales", la fundación explica que "esta normativa no constituye un simple mecanismo comercial: es la columna vertebral que garantiza la diversidad bibliográfica, condiciones equitativas de competencia y la supervivencia de las librerías independientes en cada rincón de nuestro territorio. Se trata, además, de una ley que cuenta con el consenso unánime de todo el sector del libro —editores, libreros, distribuidores, autores y gráficos—, que durante más de dos décadas la ha sostenido y defendido como pilar de la actividad".

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La Cámara Argentina del Libro se expresó de manera coincidente. "El precio único del libro es la herramienta fundamental para proteger a las librerías independientes de barrio y a las editoriales pymes frente a la concentración del mercado, garantizando el acceso federal a la lectura y sosteniendo la bibliodiversidad de nuestro país", dice el comunicado que publicaron esta semana.

Los libreros de Mendoza no son ajenos a la situación y por eso también han levantado la vez. Consultado por Los Andes, Iván Miszei (propietario de la librería que lleva su nombre y de otras de la calle Garibaldi) no sólo planteó su rechazo a la derogación, sino que llamó la atención sobre la experiencia en otros países: "Estoy en total desacuerdo con este intento de derogar la Ley del Libro. Esta desregulación que están planteando nos hace muchísimo daño. Y únicamente basta con ver qué ha pasado en las librerías en los países que lo han hecho y en los que no".

En este sentido, resaltó: "En Estados Unidos, donde hay un libre mercado, Amazon y otras cadenas destrozaron las librerías independientes. No bajó el precio del libro, eso se dio por muy poco tiempo, pero después, al monopolizarse y al tener ellos todo el control, subieron los precios, como lo hace cualquier entidad entendiendo que el valor del mercado, si ellos tienen ellos son los únicos que tienen el material, lo pueden vender. Así que estoy en total desacuerdo porque eso no pasó en España, no pasó en Francia, no pasó en Alemania, donde entienden que el libro es un bien cultural. ¿Por qué si editoriales, librerías, autores todos están de acuerdo con esta ley y vemos que en los diferentes países que está implementada funciona, por qué vamos a seguir el ejemplo de Estados Unidos? Un país capitalista que lo único que le interesa no es difundir un libro, sino ganar más dinero en cualquier producto que hagan, ¿por qué vamos a hacer eso? Si nosotros somos el tenemos el orgullo de ser uno de los países que más librerías tiene".

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Pilar García Santos (de García Santos Libros, la más antigua librería del centro de la Ciudad de Mendoza) elaboró un escrito que difundió este jueves y en el que subraya justamente las pésimas experiencias en países donde no existe una ley como la que quiere derogar el gobierno de Milei. "El punto más importante de esta ley, consiste en el precio único fijado por el editor o importador. Este mismo modelo de ley, también rige en los países con las industrias editoriales más desarrolladas como Alemania, Japón, Francia o España. Por ejemplo, en 1995 esta ley fue derogada en Inglaterra y eso impactó negativamente provocando el cierre de un tercio de las librerías independientes —600 en total— concentrándose el mercado en las cadenas de librerías, supermercados y plataformas digitales. Mientras que el precio de los libros, en vez de bajar, subieron por arriba de la inflación. Es una competencia desleal y que atenta contra el consumidor y, por lo tanto, a la cultura de un país".

Pilar, además, se fijó en un aspecto a veces despreciado por este liberalismo a ultranza: el lugar para escritores emergentes y el papel que juegan las liberías locales frente a las grandes cadenas. "Mendoza tiene una de las mayores y ricas producciones literarias del país. Y las librerías independientes somos las que recibimos todo ese trabajo, lo exhibimos y difundimos a la par de los libros que tienen distribución nacional e internacional. Además, quiero destacar que las librerías mendocinas no solo vendemos, sino que abrimos nuestras puertas para presentaciones y talleres. Acciones estas, que las grandes cadenas no realizan jamás, a pesar de que están instaladas hace años en nuestra provincia", expresó.

Miszei va un poco más allá, en este punto: "¿Sabés cuál es mi temor más grande de esto? Que al permitir que grandes cadenas (puede ser Amazon que llegue a Argentina u otra cadena) establezcan los precios, ellos van a decidir qué libros se venden. Porque, ¿qué pasa con los autores independientes, autores pequeños que no son masivos y no representan una gran venta? Ellos no van a poder estar en estas cadenas, porque es un costo físico que no están, no les interesa tenerlo, porque no a ellos les interesa difundir, sino sólo vender. Así que mi mayor miedo es que se está coartando también la libertad de expresión".

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Aun así, contra lo que pudiera suponerse, incluso las grandes cadenas han defendido la ley que el ministro Sturzenegger busca eliminar. Ya en 2024, cuando apareció el primer intento por derogar la Ley del Libro, la cadena Cúspide (firma con sucursales en numerosas provincias, incluida Mendoza), incorporó a su página web un cartel que ocupa el borde superior de la página y reza: "No a la derogación de la ley 25.542". Ese cartel sigue ahí.

Del mismo modo, escritores de renombre como el también periodista Hugo Alconada Mon o Guillermo Martínez, así como una incontable cantidad de editoriales, han planteado su rechazo a la posible eliminación de la ley. Lo que entienden es que no se trata sólo de una cuestión comercial, sino de algo mucho más grave.

Lo que se discute con la eliminación de la ley del libro, al parecer, es mucho más que una cuestión de precios. Una identidad cultural, una manera de entender la lectura e incluso la literatura, lo que puede decirse, escribirse, elegirse y leerse, parecen estar también en juego.

Fuente: Los Andes

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