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Lluvias, humedad y cambios de temperatura ponen en jaque a la producción hortícola

El exceso de agua por las lluvias, los días sin sol y las variaciones térmicas ya afectan los cultivos y reducen los rendimientos en las quintas de Paraná.

Por Vanesa Erbes6 min de lectura
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Lluvias, humedad y cambios de temperatura ponen en jaque a la producción hortícola
Lluvias, humedad y cambios de temperatura ponen en jaque a la producción hortícola · Foto: UNO Entre Ríos

El exceso de agua por las lluvias, los días sin sol y las variaciones térmicas ya afectan los cultivos y reducen los rendimientos en las quintas de Paraná.

Por Vanesa Erbes

Panorama: Los productores trabajan sembrando por tandas para garantizar una provisión constante

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El exceso de agua por las lluvias, los días sin sol y las variaciones térmicas ya afectan los cultivos y reducen los rendimientos en la región. En este contexto, productos como la espinaca, la acelga, la zanahoria y otras verduras sienten las consecuencias de un clima desconcertante. Y para los productores hortícolas es un desafío encontrar la forma de sostener la siembra y evitar que las pérdidas se traduzcan en faltantes y mayores precios.

En medio de este tiempo tan cambiante, hay cultivos que se deterioran, hojas que se pudren, pueden aparecer hongos y aunque la producción continúa, se resiente. "El agua es vida, pero tanta tampoco es buena", resumió Nicolás Bevilaqcua, presidente de la Asociación de Productores Hortícolas de Paraná, al describir a UNO el momento que atraviesa el sector.

El dirigente explicó que las condiciones meteorológicas de las últimas semanas, caracterizadas por alta humedad, lluvias, lloviznas, escasa radiación solar y cambios bruscos de temperatura, están afectando especialmente a las hortalizas de estación. "La espinaca, por ejemplo, es una especie que necesita frío pero no tolera bien el exceso de agua. La acelga también está sufriendo: tantos días de humedad pueden hacer que el cogollo comience a pudrirse. A esto se suma la aparición de hongos y el deterioro general de las plantas", graficó Bevilaqcua.

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El problema se vuelve más complejo cuando, después de varios días nublados y húmedos, aparece de golpe el sol y sube la temperatura. Los cultivos deben adaptarse a cambios que alteran sus ritmos naturales. "Cuando no tiene calor y no tiene sol, la planta no trabaja", explicó.

También comentó que frente a una sequía, el productor puede recurrir al riego artificial, aunque eso implica mayores costos y, en esta zona, tiene además una dificultad adicional: la salinidad del agua.

Cuando ocurre lo contrario y llueve demasiado, las alternativas son mucho más limitadas. "Esperarla no más. No nos queda otra", respondió Bevilaqcua al ser consultado sobre qué medidas pueden tomar frente al exceso de precipitaciones.

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El productor sostuvo que la combinación de lluvias abundantes y humedad también contribuye al deterioro progresivo de los suelos. Y aunque las heladas pueden generar pérdidas, también tienen un efecto que en determinadas circunstancias beneficia al productor: reducen la sobreoferta de algunas verduras y evitan que los precios caigan todavía más.

El sector ya registra una disminución en la producción, aunque resulta difícil establecer un porcentaje general porque la estrategia de los horticultores consiste precisamente en sostener la siembra para compensar las pérdidas.

En lugar de sembrar todo de una vez, en medio de este clima los productores trabajan por tandas, incorporando nuevos lotes aproximadamente cada 15 o 20 días. Así buscan garantizar una provisión constante. "Ha disminuido. Ha hecho estragos la lluvia", reconoció Bevilaqcua.

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Pero reducir la producción tampoco es una opción. Si el clima provoca una pérdida del 50% en un lote, el objetivo es contar con otro que permita sostener parte de la cosecha.

En esta época del año, las quintas producen acelga, espinaca, achicoria, rúcula, rabanito, perejil, puerro, cebolla de verdeo y remolacha, entre otras hortalizas.

Las consecuencias del clima no se limitan a la producción local. Paraná recibe buena parte de las frutas y verduras desde otras zonas productoras del país, por lo que las dificultades climáticas de esas regiones también repercuten en el mercado local.

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La zanahoria, por ejemplo, llega principalmente desde Santa Fe. Allí las lluvias pueden generar anegamientos en zonas bajas y afectar tanto la producción como la conservación posterior.

El deterioro incluso puede aparecer después de que la mercadería llega a la verdulería. Un producto que sale aparentemente en buenas condiciones puede comenzar a pudrirse pocos días después debido al exceso de humedad.

La papa, en cambio, atraviesa actualmente otro escenario. Según Bevilaqcua, su precio tiende a bajar luego de una temporada anterior muy complicada para los productores.

El dirigente explicó que las dificultades climáticas pueden alterar rápidamente la relación entre oferta y demanda. Si de una zona productora se esperaba que salieran cientos de camiones y las lluvias permiten sacar apenas una pequeña parte, esa mercadería disponible termina dirigiéndose hacia los mercados que ofrecen mejores precios.

"Ahí está la oferta, ahí está la demanda", sintetizó.

El tomate es otro de los productos que permite observar cómo el clima, la distancia y los costos logísticos terminan impactando sobre el precio final. La producción regional se redujo y actualmente ingresa mercadería desde provincias como Salta y Corrientes. Son cientos de kilómetros de traslado que deben pagarse antes de que el producto llegue a una verdulería de Paraná.

El combustible es, en ese esquema, un componente central.

Además, las condiciones climáticas también afectan a las zonas proveedoras. "Cuando no tiene calor, no tiene sol, la planta no trabaja", explicó Bevilaqcua al comparar el crecimiento de un cultivo con el del pasto: en invierno crece lentamente, mientras que durante el verano necesita cortes mucho más frecuentes. La misma lógica se aplica al tomate: sin las condiciones adecuadas, demora en madurar y la disponibilidad disminuye.

La calabaza atraviesa una situación similar. Mendoza es una de las principales zonas productoras y allí se utiliza, entre otras prácticas, el almacenamiento bajo tierra para conservar la producción. Pero las dificultades registradas en esa región redujeron la disponibilidad y ahora comienza a ganar protagonismo la producción del norte, especialmente de la provincia de Salta. Así, el cambio de origen y los costos de transporte ayudan a explicar el fuerte incremento que tuvo el producto en los últimos meses.

El escenario climático obliga a los horticultores a trabajar con incertidumbre. Si las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño se mantienen durante los próximos meses, deberán continuar ajustando los tiempos de siembra y cosecha.

Sin embargo, la respuesta no será sembrar menos. "Tenemos que hacer más producción", afirmó Bevilaqcua.

La estrategia es sostener la producción escalonada y diversificar los cultivos para amortiguar las pérdidas. Si una especie resulta particularmente afectada por el exceso de agua, habrá que apostar por otras que toleren mejor esas condiciones.

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Mientras tanto, en las quintas de Paraná y alrededores las plantas siguen respondiendo a un clima que parece no encontrar su propio ritmo: florecen cuando no deberían, se deterioran con la humedad, esperan el sol y vuelven a crecer cuando las condiciones lo permiten.

Para los productores, cada jornada de lluvia no es solamente un dato meteorológico. Es también una pregunta sobre cuánto podrán cosechar, cuánto costará llevar esa mercadería hasta el mercado y cuánto terminará pagando el consumidor.

A las dificultades climáticas y económicas se suma otra preocupación para el sector: la venta informal de frutas y verduras. Bevilaqcua cuestionó la circulación de camiones que ingresan a Paraná y comercializan mercadería directamente, sin afrontar los mismos costos que los productores y comerciantes formalizados.

Según denunció, algunos vehículos trasladan mercadería con hojas y sin cumplir con los controles correspondientes. "Todo el que quiera trabajar hay que apoyarlo, pero que sea parejo para todos", planteó.

El reclamo apunta a una desigualdad que, según explicó, afecta a quienes pagan impuestos, alquileres, empleados y demás costos de la actividad, mientras otros vendedores pueden ofrecer mercadería con una estructura mucho menor.

En un escenario de consumo retraído y pérdida de poder adquisitivo, la competencia se vuelve todavía más difícil.

Fuente: UNO Entre Ríos

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