Lluvias intensas: recomendaciones para el manejo de los yerbales
Cuando las precipitaciones son abundantes o persistentes, cambian las condiciones dentro del yerbal y también la forma en que conviene tomar algunas decisiones de manejo.

Un escenario de lluvias frecuentes no implica solamente disponer de más agua para los cultivos. Cuando las precipitaciones son abundantes o persistentes, cambian las condiciones dentro del yerbal y también la forma en que conviene tomar algunas decisiones de manejo.
Frente a este escenario asociado al fenómeno El Niño, el equipo de trabajo de INTA Misiones elaboró una serie de recomendaciones para anticiparse a posibles problemas y adaptar las prácticas productivas.
El foco está puesto en el manejo de las plantas, la fertilización, la protección del suelo, el manejo de malezas y la prevención de enfermedades.
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En períodos de elevada humedad resulta especialmente importante promover una estructura de planta abierta y bien aireada, principalmente en yerbales de alta densidad. Una mayor circulación del aire ayuda a reducir las condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades.
Al mismo tiempo, se recomienda intensificar el seguimiento sanitario, iniciar los monitoreos desde el comienzo de la brotación y aumentar su frecuencia durante los períodos de lluvias y elevada humedad.
En yerbales de mayor riesgo -ya sea por su alta densidad, asociación con árboles o por estar destinados a cosecha mecanizada- pueden considerarse estrategias preventivas de manejo sanitario. Ante la aparición de síntomas, la recomendación es intervenir tempranamente y realizar un diagnóstico adecuado que permita abordar el problema específico.
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Una sucesión de días nublados y lluviosos reduce la disponibilidad de radiación solar y puede limitar el crecimiento de las plantas. Por eso, desde INTA recomiendan ajustar el programa de fertilización a la respuesta real del cultivo y no exclusivamente al calendario habitual. La estrategia propuesta es fraccionar la fertilización en dos o tres aplicaciones durante el ciclo. Siempre que las condiciones del suelo y de las plantas lo permitan, se aconseja adelantar la primera aplicación y procurar realizarla durante septiembre. Las restantes deberían distribuirse según la evolución del yerbal y las condiciones meteorológicas.
También se recomienda evitar la aplicación de fertilizantes inmediatamente antes de precipitaciones intensas o prolongadas, ya que puede favorecer la pérdida de nutrientes y reducir la eficiencia de la fertilización. Por su parte, mantener una buena cobertura vegetal constituye otra herramienta importante ante períodos muy lluviosos. El impacto reiterado de las precipitaciones y el escurrimiento superficial pueden aumentar los procesos erosivos, especialmente cuando el suelo está descubierto.
La atención debe ser mayor en yerbales recientemente implantados donde se realizaron labores de remoción, como aradas o rastreadas. En esos casos, se recomienda procurar el establecimiento de una cubierta vegetal lo antes posible.
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El exceso de humedad también debe considerarse al ingresar con maquinaria. En lotes destinados a cosecha mecanizada se aconseja evitar el tránsito de cosechadoras cuando el suelo se encuentre excesivamente húmedo y esperar a contar con un piso firme para disminuir el riesgo de compactación y deterioro de su estructura. En un período de precipitaciones frecuentes, el pronóstico meteorológico se convierte en una herramienta cotidiana para planificar las labores de control de malezas y encontrar ventanas adecuadas de aplicación.
Se recomienda evitar el uso de herbicidas cuando exista alta probabilidad de lluvias inmediatamente posteriores. Como referencia, debería asegurarse un período sin precipitaciones antes y durante el tratamiento y entre dos y cuatro horas después, de acuerdo con las características y recomendaciones de uso de cada producto. El conjunto de recomendaciones apunta a una misma estrategia: ante precipitaciones persistentes, las decisiones de manejo deben adaptarse a las condiciones reales del ambiente.
Observar el cultivo, consultar el pronóstico, mantener el suelo cubierto, elegir adecuadamente cuándo fertilizar o ingresar con maquinaria y detectar tempranamente problemas sanitarios pueden contribuir a reducir los impactos de un período excesivamente húmedo.
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Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio.
Fuente: Primera Edición
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