Los cazadores de luces que buscan respuestas en el cielo jachallero y juntan historias difíciles de explicar
Vecinos organizan vigilias, registran avistamientos y comparten experiencias con un objetivo común: descubrir qué hay detrás del fenómeno.

No salen a buscar extraterrestres. Tampoco fantasmas, platillos voladores ni historias para alimentar leyendas. Cuando cae la noche sobre Jáchal, Daniel Ruiz y Lilí Figueroa simplemente se acercan al cerro, levantan la vista hacia el cielo y esperan.Esperan que aparezcan otra vez esas luces que, aseguran, llevan décadas acompañando las noches del departamento y que todavía nadie ha logrado explicar. Las ven brillar, cambiar de color, moverse en direcciones inesperadas, acercarse, desaparecer y, algunas veces, hasta "bailar". Nunca les pusieron un nombre. Para ellos son, simplemente, "las luces".
Hablan del tema con Tiempo de San Juan, sin vergüenza y sin temor a las burlas. Saben que muchos descreerán de sus relatos, pero también aseguran que no tienen por qué ocultar la verdad. Dicen que hay decenas de vecinos que observan el mismo fenómeno desde hace años, aunque prefieren callarlo. "Acá la gente ya convive con esto. Muchos lo han visto toda la vida y dejaron de buscar respuestas", resume Daniel.
El hombre que nació en la Capital y vive en el Norte hace unos años y Lilí, su amiga y prima de su pareja, integran uno de los grupos locales dedicados a observar y registrar esos extraños destellos nocturnos. Lo bautizaron "Team Johnny", en homenaje al perro que nunca falta a las vigilias y que, según cuentan entre sonrisas, también parece convertirse en testigo de cada aparición. A ellos se suman otros aficionados nucleados en grupos como "Ovnis Jáchal", además de vecinos que participan de manera ocasional en las salidas nocturnas.
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La rutina que comparten ambos comenzó hace unos dos años, aunque la curiosidad nació en ellos mucho antes. "Soy Daniel Ruiz. Me interesa la ufología desde siempre. Siempre me han pasado cosas. Hace dos años empecé a involucrarme con el seguimiento de estos fenómenos en Jáchal. La gente de acá dice que estas cosas pasaron toda la vida y ya no buscan respuestas. Viven con eso", cuenta.
Desde entonces, las noches suelen encontrarlos en un punto conocido como Camino de los Camiones, desde donde observan los cerros Los Coloraditos y Los Blanquitos. Allí dicen haber visto aparecer luces de distintos tamaños e intensidades, algunas solitarias y otras formando grupos, con movimientos que, aseguran, no logran asociar a fenómenos conocidos.
Pero hubo una noche que marcó un antes y un después. "Estábamos mirando las luces, como siempre, y una vino hacia nosotros. Se apagó a un metro de donde estábamos. Esa vivencia fue la que me convenció para seguir con el tema", recuerda Daniel.
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Cada salida termina igual: con la misma pregunta. "Uno siempre dice: '¿Qué es?'. Y nadie tiene una respuesta".
Con esa inquietud como motor comenzaron a organizar encuentros abiertos para compartir experiencias. Convocaron a investigadores y aficionados de distintas provincias, entre ellos integrantes de Guardianes del Cielo Cuyano, grupos de Mendoza y Buenos Aires, además de especialistas en ufología que participaron de charlas, caminatas y vigilias en los lugares donde suelen producirse los avistamientos en el departamento.
Paradójicamente, aquella noche en la que más personas esperaban ver el fenómeno ocurrió lo inesperado. "Las luces que vemos habitualmente no salieron. Fue un golpe duro para nosotros porque no logramos que las vieran. A veces pensamos que ya nos conocen", dice entre risas.
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Para Lilí Figueroa, en cambio, esta historia empezó mucho antes de conocer a Daniel. Ella nació en Huaco y asegura que las luces forman parte de sus recuerdos de infancia. "Siempre me llamaron la atención porque se veían cuando yo era chica. Mi abuelo decía que eso siempre había estado ahí, que era oro", recuerda.
Pero la anécdota que terminó de despertar su curiosidad pertenece a su madre. Según relata, cuando era joven regresaba caminando a su casa después de hacer unas compras y se encontró frente a un objeto luminoso. "Ella decía que se quedó mirándolos y ellos a ella. Lo único que pensaba era qué iba a pasar con el bolso que llevaba si se la llevaban los marcianos", cuenta entre sonrisas. El episodio quedó grabado para siempre en la memoria familiar y, con los años, también en la suya.
Cuando conoció a Daniel encontró alguien que compartía la misma fascinación por esas apariciones. Desde entonces comenzaron a reunirse con otros vecinos para observar el cielo. Las vigilias, aseguran, terminaron convirtiéndose en una costumbre en la zona. Algunas familias llegan con reposeras, mate y comida, especialmente hasta la zona de El Vivero, para pasar horas mirando el horizonte.
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"Empezamos a experimentar los avistamientos de las luces. Es algo impresionante. Primero decían que eran satélites u otra cosa. Pero nadie sabe explicar con exactitud cuál es este fenómeno que se da en la zona. Nosotros seguimos yendo, buscando respuestas", explica.
En ese camino también vivió la experiencia que, al igual que a Daniel, fue la que más la impactó. "Pensábamos que era una luciérnaga. De repente se nos paró enfrente, titiló y desapareció. Siempre intentamos ver qué hay detrás de esa luz. Pero no se deja... o tal vez no hay nada". Después de decenas de noches mirando el cielo, todavía conserva el mismo entusiasmo del primer día. "No te cansa. Realmente no te cansa", asegura.
De ese modo, más allá de las teorías, supersticiones o explicaciones que circulan en torno al fenómeno, quienes participan de estas vigilias coinciden en algo: no buscan demostrar que se trate de naves ni convencer a nadie de lo que vieron. Solo intentan comprender aquello que aparece una y otra vez sobre el cielo jachallero.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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