Los cinco países de Europa que reducen las pantallas en las aulas y vuelven al papel
El nuevo desafío consiste en definir qué herramientas son más adecuadas para cada etapa del aprendizaje y evitar que la incorporación de pantallas reemplace prácticas que continúan siendo fundamentales para la concentración, la comprensión y la memoria.

Por Redacción
La Agencia Nacional de Educación sueca decidió suspender formalmente su estrategia digital obligatoria. Imagen creada con IA.
Frente a las dificultades en la comprensión lectora y la preocupación por la atención de los estudiantes, varios países europeos comenzaron a revisar sus políticas de digitalización educativa. Suecia, Finlandia, Países Bajos, Francia e Italia impulsaron en los últimos años medidas para limitar el uso de dispositivos en las aulas y recuperar herramientas tradicionales como los libros impresos, los cuadernos y la escritura a mano.
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El giro no implica un abandono total de la tecnología, sino una revisión del papel que deben ocupar las pantallas dentro del proceso educativo. En varios casos, las decisiones fueron acompañadas por investigaciones sobre comprensión, memoria, atención y aprendizaje.
Durante más de una década, la incorporación de tablets, computadoras y libros digitales fue presentada como una de las principales vías para modernizar los sistemas educativos. Sin embargo, distintos estudios comenzaron a advertir que la lectura en pantalla no siempre produce los mismos resultados que la lectura en papel, especialmente cuando se trata de textos extensos o que requieren una comprensión profunda.
Suecia, uno de los países que durante años impulsó la digitalización de las aulas, comenzó a modificar esa estrategia.
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Las autoridades educativas suecas reforzaron la inversión en libros de texto y materiales impresos y limitaron el uso de pantallas en la educación de los niños más pequeños. La medida estuvo vinculada a la preocupación por los resultados de comprensión lectora y por la necesidad de recuperar herramientas tradicionales en las primeras etapas de aprendizaje.
La decisión convirtió al país en uno de los principales ejemplos del replanteo educativo europeo.
Finlandia, históricamente reconocida por su sistema educativo y sus resultados en las evaluaciones internacionales, también comenzó a revisar el uso de dispositivos dentro de las escuelas.
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Algunos municipios impulsaron estrategias para recuperar la escritura a mano y reducir la presencia permanente de pantallas. La preocupación está relacionada con la fragmentación de la atención y la multitarea que pueden generar los dispositivos digitales.
El objetivo es encontrar un equilibrio entre la tecnología y las prácticas tradicionales de aprendizaje.
Desde 2024, Países Bajos extendió las restricciones al uso de teléfonos móviles, tablets y relojes inteligentes en las escuelas.
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Los dispositivos quedaron limitados a situaciones específicas, principalmente vinculadas con necesidades educativas o actividades informáticas. La medida apunta a reducir las distracciones y mejorar la concentración de los estudiantes durante las clases.
Francia e Italia también avanzaron con políticas para limitar la presencia de teléfonos móviles dentro de las escuelas.
En ambos países se reforzaron las restricciones sobre el uso de dispositivos en las aulas y se mantuvo el foco en prácticas como la lectura de textos impresos y la escritura manual.
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Las medidas se suman a una tendencia que atraviesa a distintos sistemas educativos europeos y que busca establecer límites más claros al uso de la tecnología durante la jornada escolar.
Uno de los principales argumentos detrás de estas decisiones está relacionado con la forma en que las personas procesan la información al leer.


Diversas investigaciones sostienen que el papel ofrece referencias físicas y espaciales que ayudan al lector a construir una representación del texto. La ubicación de un fragmento dentro de una página, el avance a través de un libro y la posibilidad de manipular físicamente el material pueden contribuir a la orientación y al recuerdo.
La neurocientífica Maryanne Wolf ha estudiado las diferencias entre distintos tipos de lectura y ha advertido sobre la importancia de preservar las capacidades necesarias para realizar una lectura profunda, reflexiva y sostenida.
En las pantallas, especialmente cuando predomina el desplazamiento continuo, la experiencia puede favorecer una lectura más rápida y fragmentada.
Otro de los fenómenos estudiados es la diferencia entre la percepción que tiene el lector sobre su comprensión y los resultados que obtiene posteriormente.
Investigaciones sobre metacognición sugieren que algunas personas pueden sentirse más seguras de haber comprendido un texto cuando lo leen en formato digital, aunque esa percepción no siempre coincide con su desempeño en pruebas de recuerdo, comprensión o inferencia.
El denominado "patrón en F", identificado en estudios sobre comportamiento visual en internet, también refleja una forma de lectura más orientada a titulares, palabras clave y fragmentos destacados.
Este comportamiento puede ser útil para navegar grandes cantidades de información, pero presenta diferencias con la lectura profunda que requieren los textos académicos o complejos.
La escritura manual es otro de los aspectos que volvió a ocupar un lugar central en el debate educativo.
Distintas investigaciones indicaron que tomar apuntes a mano puede obligar al estudiante a seleccionar, sintetizar y reorganizar la información, ya que resulta más difícil transcribir palabra por palabra todo lo que se escucha.
Los estudios realizados por Pam Mueller y Daniel Oppenheimer mostraron que quienes toman notas manualmente tienden a procesar y resumir la información de manera diferente a quienes utilizan un teclado.
A su vez, investigaciones desarrolladas por la neurocientífica Audrey van der Meer, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, analizaron las diferencias en la actividad cerebral vinculada con la escritura manual y digital.
El debate educativo europeo, de esta manera, ya no parece centrarse en elegir entre tecnología o papel. El nuevo desafío consiste en definir qué herramientas son más adecuadas para cada etapa del aprendizaje y evitar que la incorporación de pantallas reemplace prácticas que continúan siendo fundamentales para la concentración, la comprensión y la memoria.
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Frente a las dificultades en la comprensión lectora y la preocupación por la atención de los estudiantes, varios países europeos comenzaron a revisar sus políticas de digitalización educativa. Suecia, Finlandia, Países Bajos, Francia e Italia impulsaron en los últimos años medidas para limitar el uso de dispositivos en las aulas y recuperar herramientas tradicionales como los libros impresos, los cuadernos y la escritura a mano.
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Fuente: Río Negro
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