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Los "Diablos Rojos" salieron del infierno y eliminaron a Senegal del Mundial

Bélgica perdía 2-0 ante Senegal, pero reaccionó sobre el final con goles de Lukaku y Tielemans. En el minuto 119, el mediocampista selló de penal el 3-2 definitivo y mandó a los "Diablos Rojos" a los octavos de final del Mundial 2026.

Por Benjamín Papaterra4 min de lectura
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Los "Diablos Rojos" salieron del infierno y eliminaron a Senegal del Mundial
Los "Diablos Rojos" salieron del infierno y eliminaron a Senegal del Mundial · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Hay apodos que pesan. Algunos son una simple marca de identidad. Otros, una declaración de principios. A Bélgica la conocen como los "Diablos Rojos" desde hace varias décadas, aunque durante gran parte de la noche en Seattle ese nombre parecía una ironía. El infierno no lo provocaban los europeos: lo estaban sufriendo. Senegal había construido un partido perfecto y tenía a los belgas arrodillados, con un pie afuera del Mundial. Pero los "Diablos" tienen una particularidad: nunca dejan de tentar, nunca desaparecen del todo y siempre encuentran el momento indicado para volver del fuego. Cuando despertaron, ya era demasiado tarde para los africanos y el 3-2 ya estaba consumado.

Porque durante más de 80 minutos el infierno tuvo otro dueño. Senegal salió convencido de que podía hacer historia y nunca mostró señales de respeto excesivo hacia una selección repleta de figuras. No esperó a Bélgica ni apostó por resistir. La atacó desde el primer minuto, con personalidad y con la determinación de quien entiende que los Mundiales no ofrecen demasiadas oportunidades para escribir páginas inolvidables.

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Ese dominio encontró premio a los 24 minutos del primer tiempo. Habib Diarra apareció  de cabeza para abrir el marcador y darle justicia a un desarrollo que tenía a los africanos como protagonistas. Bélgica miraba el partido con desconcierto. Los "Diablos Rojos" caminaban sobre brasas y todavía no encontraban la manera de apagar el incendio.

Lo peor estaba por venir. El complemento comenzó como una pesadilla para los europeos. Apenas iban seis minutos cuando Ismaïla Sarr amplió la diferencia y colocó un 2-0 que parecía definitivo. Seattle se convertía en el escenario de una de las grandes sorpresas del Mundial. Bélgica estaba contra las cuerdas y Senegal empezaba a acariciar una clasificación histórica.

El reloj, además, jugaba para los africanos. Cada minuto que pasaba era un ladrillo más en esa pared que separaba a Bélgica de la remontada. Los europeos no encontraban caminos, mientras Senegal administraba la ventaja con inteligencia. El boleto a los octavos parecía tener nombre y apellido. Pero el problema de jugar contra los "Diablos Rojos" es creer que están muertos antes del pitazo final.

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Cuando el encuentro entró en sus últimos cinco minutos apareció la jerarquía. Romelu Lukaku encontró una pelota dentro del área y descontó para el 2-1. No fue solamente un gol. Fue una chispa. El fuego, que hasta ese momento consumía a Bélgica, cambió de dirección. Por primera vez en toda la noche, Senegal sintió miedo. Y los "Diablos" olieron ese temor.

Apenas unos minutos después, cuando el partido ya agonizaba, Youri Tielemans apareció por el aire para conectar de cabeza y establecer el 2-2. En cuestión de instantes, Bélgica había borrado una desventaja que parecía imposible de remontar. El equipo que durante más de una hora había sido un espectador resignado ahora era el dueño absoluto del impulso emocional. Seattle ya no era una fiesta senegalesa. Era un escenario dominado por la incertidumbre.

El tiempo suplementario fue una batalla entre dos estados de ánimo completamente opuestos. Bélgica jugaba con la fuerza de quien había descubierto que todavía seguía con vida. Senegal intentaba recuperarse del golpe de haber visto desaparecer una ventaja de dos goles cuando la clasificación parecía asegurada. Todo conducía a los penales.

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Pero el infierno todavía tenía un capítulo más. Cuando el reloj marcaba 119 minutos, el árbitro sancionó un penal para Bélgica. La última gran decisión del partido quedó en los pies de Tielemans, el mismo futbolista que había rescatado a su selección con el empate. No tembló. El mediocampista ejecutó con autoridad y transformó el penal en el 3-2 definitivo. En ese instante, los "Diablos Rojos" terminaron de hacer honor a su nombre. Desataron el infierno sobre Senegal y completaron una remontada que quedará entre las más memorables de este Mundial.

Hay equipos que ganan por funcionamiento. Otros sobreviven por talento. Bélgica lo hizo por una mezcla de jerarquía, orgullo y convicción. Cuando parecía condenada a las llamas, encontró la manera de convertir ese fuego en combustible para seguir con vida.

Para Senegal queda una derrota difícil de explicar. Durante gran parte de la noche hizo todo para ganar. Golpeó primero, amplió la ventaja, controló el desarrollo y acarició los octavos de final. Pero Bélgica salió del infierno con una sonrisa y un boleto a los octavos de final, donde enfrentará al ganador del cruce entre Estados Unidos y Bosnia. Senegal, en cambio, descubrirá durante mucho tiempo que hay derrotas que duelen más que otras. Esta es una de ellas. Porque estuvo a minutos de hacer historia y terminó siendo la víctima perfecta del despertar de los "Diablos Rojos".

Fuente: La Gaceta

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