"Los estadounidenses deberíamos poder divertirnos así con nuestra selección": la reflexión de una texana tras convivir con hinchas argentinos
Una mujer quedó sorprendida por el clima que generaron los hinchas argentinos en el Fan Fest de Dallas.

Resumen para apurados
Los ojos se le abrían cada vez que una nueva canción bajaba desde las tribunas improvisadas del FIFA Fan Festival de Dallas. Sentada en una de las primeras filas, Jeannine giraba la cabeza para observar lo que ocurría detrás suyo. Cientos de argentinos cantaban, saltaban y agitaban banderas mientras esperaban el comienzo del partido entre Argentina y Austria. Sonaba "Muchachos", después el clásico "El que no salta es un inglés", a 40 años de aquel recordado cruce entre argentinos e ingleses en México 1986. El anfiteatro estaba teñido de celeste y blanco. Ella sonreía. Miraba. Escuchaba. Era la primera vez que compartía con hinchas argentinos. "Fueron maravillosos", le dirá después a LA GACETA.
La escena se desarrolló en Fair Park, un histórico complejo ubicado al sudeste del centro de Dallas que durante el Mundial funciona como sede del FIFA Fan Festival. Allí, miles de personas siguieron en pantalla gigante la victoria de Argentina por 2 a 0 frente a Austria por la segunda fecha del Grupo J.
Tiene 66 años y vive en College Station, una ciudad ubicada a unas tres horas al sur de Dallas. Vino al Fan Fest junto a su familia para compartir una jornada de fútbol con sus hijos y nietos. "Estamos tratando de introducir a nuestros hijos y nietos a este maravilloso juego", explica.
Lo que más le llamó la atención fue el comportamiento de los argentinos. "Son muy dulces, muy amables y muy entusiastas", dice. Si bien suponía que iba a encontrarse con un repertorio de canciones, no imaginaba el ambiente que generarían los hinchas. "Nos encantó escucharlos cantar. Fue muy divertido".
La estadounidense destaca algo que observó durante las largas filas para ingresar al predio: "Fueron muy pacientes con la multitud mientras esperábamos para entrar. Fue una experiencia maravillosa".
Para Jeannine, el Mundial está permitiendo que muchos estadounidenses comprendan mejor la dimensión global del fútbol. "Creo que para los estadounidenses nos vuelve más conscientes de lo grande que es esto en todo el mundo. Deberíamos poder divertirnos así con nuestro equipo de fútbol", reflexiona.
Aunque el Fan Fest estuvo emplazado en territorio estadounidense, por momentos pareció una tribuna argentina trasladada al sur de Texas. El espacio ocupa cerca de un millón de pies cuadrados, tiene capacidad para unas 35.000 personas y los organizadores estiman que alrededor de un millón de visitantes pasarán por el predio a lo largo del Mundial.
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Desde varias horas antes del inicio, miles de personas ocuparon las butacas y los pasillos del anfiteatro. La mayoría llevaba camisetas albicelestes. Casi todas tenían el mismo nombre y el mismo número en la espalda: Messi y el 10.
El calor fue otro de los protagonistas de la jornada. Con más de 33 grados, las personas buscaban cualquier rincón de sombra para refugiarse. Algunos llevaban ventiladores portátiles. Otros improvisaban protección con gorros, toallas o banderas sobre la cabeza. Las botellas de agua circulaban de mano en mano mientras el sol castigaba con fuerza.
Enfriar la garganta preocupaba los bolsillos de los argentinos. Una cerveza Budweiser o Bud Light costaba U$S 16,50, mientras que una Michelob Ultra alcanzaba los U$S 19,50. Las cervezas importadas, como Stella Artois, también se vendían a U$S 19,50 y algunos tragos en lata llegaban a U$S 23. Una hamburguesa doble queso con papas y gaseosa costaba U$S 28. Aun así, las filas en los puestos de comida y bebida se mantuvieron constantes durante buena parte de la tarde.
La primera gran ovación llegó cuando Lionel Messi apareció en pantalla. Cada intervención del capitán fue acompañada por aplausos, gritos y teléfonos levantados para registrar el momento. El contraste se produjo durante el penal fallido: durante unos segundos, el bullicio constante que dominaba el lugar se transformó en un silencio cargado de tensión. Después regresaron los cantos, los abrazos y las reacciones que acompañaron cada jugada.
Entre miles de camisetas argentinas podían distinguirse algunos mexicanos, unos pocos austríacos y varios curiosos estadounidenses que se acercaron para vivir la experiencia. Sin embargo, la tarde estuvo atravesada por la figura de Messi y por una pasión que llamó la atención incluso de quienes no habían ido específicamente a alentar a la Selección.
Es el caso de Jeannine, que junto a su familia terminó descubriendo cómo una multitud convierte la espera en una celebración, cómo un grupo de personas puede olvidarse durante dos horas de las diferencias que los separan y cantar juntos las mismas canciones.
Fuente: La Gaceta
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