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¿Los jóvenes tienen menos sexo o nuevas formas de vincularse?

Estudios señalan que tienen una menor actividad sexual pero expertos señalan que hay razones diversas detrás del fenómeno: cambios en las relaciones otras prioridades y condiciones materiales desafiantes.

Por Mercedes Luna7 min de lectura
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¿Los jóvenes tienen menos sexo o nuevas formas de vincularse?
¿Los jóvenes tienen menos sexo o nuevas formas de vincularse? · Foto: La Voz

El tema de la frecuencia sexual de los jóvenes lleva ya mucho tiempo en la conversación pública, a partir de diversos informes que muestran un descenso sostenido en los encuentros amorosos. Pero detrás de esas estadísticas, aparece una pregunta: ¿los jóvenes tienen menos sexo o tienen sexo de otra manera?

En 2025, un estudio realizado en Estados Unidos por el Institute for Family Studies mostró que en 1990, el 55% de los adultos jóvenes tenía sexo semanalmente; para 2024, ese número había caído al 37%. Otro dato que arrojó el informe fue que uno de cada cuatro jóvenes entre 18 y 29 años no había tenido relaciones sexuales en ese año.

En Argentina no hay demasiadas estadísticas sobre este tema, con comparaciones en diferentes períodos de tiempo. Pero entre el escaso material disponible, un informe realizado en 2025 por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), que encuestó a jóvenes universitarios de entre 18 y 25 años, analizó los cambios en su sexualidad y encontró una menor frecuencia de encuentros íntimos, aunque también un mayor conocimiento sobre prevención y salud sexual.

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Además, los jóvenes perciben a las generaciones anteriores (a sus padres o familiares) con una actitud "más desenfrenada" respecto al sexo, algo con lo que no se identifican. Al momento de la encuesta, casi el 19% de los consultados aseguró que no mantenía relaciones sexuales.

Según explican los especialistas en Sexología, este descenso en el número de encuentros no implica necesariamente una falta de deseo, sexualidad o exploración erótica, sino que puede responder a distintas formas de vincularse de las nuevas generaciones.

Noelia Benedetto, licenciada en Psicología y especialista en Sexología, confirma, según lo que nota en su consultorio, que hay cambios en las conductas sexuales de los jóvenes de hoy, aunque no puede confirmar una baja o al menos no en los mismos términos en que lo describen los informes citados.

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Tal como explica, estos estudios tienen un enfoque que toma la penetración como principal indicador de actividad sexual, dejando por fuera otras maneras de relacionarse sexualmente y, sobre todo, con una mirada heteronormativa de los vínculos.

Además, dijo que excluyen otras prácticas sexuales como la autoestimulación, el sexting y otras experiencias que cada persona puede considerar como parte de su actividad sexual habitual.

Para el sexólogo Gabriel Femopase es fundamental distinguir entre deseo sexual y encuentro sexual, en tanto el primero puede existir sin transformarse en el segundo. Una cosa representa factores internos y la otra implica voluntad, cuerpo y deseo que siempre depende de otra persona.

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Ambos especialistas coinciden en que no hay una única manera de interpretar este fenómeno, sino que responde a múltiples causas.

Es posible pensar que tener redes sociales y múltiples aplicaciones de citas a disposición podría implicar una mayor facilidad para concretar encuentros sexuales. Pero en la práctica, esas opciones digitales no siempre cumplen esa función.

Femopase explica que dentro de las pantallas hay cosas que se pueden controlar, que en la vida real no. Elegir una foto, pensar respuestas, construir cuidadosamente la imagen que el otro tiene de mí. En cambio, en un encuentro cara a cara, ese control de si mismo desaparece y emerge la posibilidad de que el otro no sea lo que se espera.

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Respecto de las aplicaciones, Benedetto explica que, en determinado momento, pueden generar una suerte de "fatiga" entre los usuarios, un desgaste emocional.

Gonzalo, cordobés, de 24 años, dice que una sola vez usó una aplicación de este tipo: "No me gustó para nada porque me sentí como parte de un catálogo", cuenta.

Muchos de estos jóvenes coinciden en que las "apps" suelen tener una intención más directa que la que ellos buscan. "No me voy a descargar Tinder sólo porque tengo ganas de tener sexo. Mucha de la gente que está ahí quiere ir a eso directamente y, al menos yo, quiero otra cosa, aunque sea tener un mínimo vínculo", cuenta Candelaria (23).

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Para Juan Cruz, de 23, la conclusión es más tajante: "Las aplicaciones de citas y las redes sociales pueden hasta dificultar tener un encuentro sexual con alguien. Hay muchos obstáculos entre medio".

Los jóvenes de esta generación crecieron con la Educación Sexual Integral (ESI), el movimiento Ni Una Menos y la Marea Verde, que pusieron sobre la mesa temas como la autonomía, el consentimiento y los cuidados. Además, crecieron con mayor libertad sexual.

Entonces, la paradoja no necesariamente está en que sepan más y tengan menos sexo, sino en que ese aprendizaje también se haya podido trasladar a nuevas formas de pensar un encuentro deseable.

Para Martina, de 23 años, es muy importante poder saber con claridad que efectivamente quiere tener relaciones con una persona: "Yo sé que no tengo que hacerlo por hacerlo, en el sentido de que realmente me importa con quién estoy, qué relación tengo con esa persona, cómo me hace sentir… No veo al sexo como algo vacío", explica.

Francisco (23) agrega el tema de priorizar el cuidado: "Con los años aprendés a tomar dimensión sobre lo que significan las relaciones sexuales y a hacerte más responsable de las decisiones que tomás y con quiénes te vinculás. Sobre todo aprendí a prestar atención a si la otra persona se cuida".

Benedetto profundiza en esto y confirma esta reconfiguración de las dinámicas sexuales. "Se pretende respeto, límites claros, autonomía… muchos jóvenes privilegian la calidad de la conexión por encima de la cantidad, algo distinto a lo que, a lo mejor, producto de una presión social, surgía y sigue apareciendo en generaciones anteriores", cierra la especialista.

Los cambios en las prácticas sexuales de las personas jóvenes también están atravesados por condiciones materiales de la época. Largas jornadas laborales, sueldos precarizados y una emancipación tardía, son algunos de los factores que pueden incidir.

Hace algunos días, un estudio de la fundación Tejido Urbano reveló que en Córdoba, uno de cada tres jóvenes de entre 25 y 35 años todavía vive con sus padres, una cifra que representa el 33% de esa población.

"Yo creo que si se quiere tener relaciones, se puede, pero sí influye un montón no tener un espacio donde concretar esos encuentros. Sobre todo si vivís con tus padres, como es el caso de la mayoría de gente de nuestra edad", afirma Candelaria.

"Cuando estoy muy concentrada con el estudio, no puedo poner energía en otra cosa. Me pongo vaga para otras cosas y definitivamente el sexo pasa a un quinto plano, te diría", agrega Trinidad, de 20. Para Luciana (23), la situación es similar: "Llego a mi casa de una jornada larga de laburo y lo único que quiero es dormir, no pienso en el sexo".

Benedetto coincide en que las razones del fenómeno son muy estructurales. Para ella, hablar de una generación que "elige" tener menos sexo, sin considerar estas condiciones, es una simplificación: "Es desconocer que es una generación que está teniendo muchas dificultades estructurales para poder independizarse y tener autonomía económica, financiera, profesional".

Incluso, el deseo puede chocar con la crisis económica: "No tengo ni resto para llegar a fin de mes, menos voy a tener resto para una cita", mencionó otra joven consultada por La Voz.

A la falta de tiempo y espacio se suma otro factor: cómo se siente cada uno con el propio cuerpo. Benedetto afirma que estos factores afectan directamente: "El estrés, la ansiedad, la depresión y los malestares en relación a la imagen corporal, muchas veces son enemigos directos a la hora de tener sexo y definitivamente pueden impactar en nuestra libido".

"Tuve un momento en el que estaba muy deprimida y enfocada en mi malestar, lo que hacía que no tuviera deseo sexual en lo absoluto", cuenta Trinidad.

Ni siquiera entre los propios jóvenes hay un consenso claro sobre si atraviesan, o no, una "recesión sexual". "Si bien estamos hiperconectados, siento que cada vez hay menos conexión y cuesta un montón llegar a tener un encuentro sexual con alguien", dice Martina.

Para Benedetto, ya el propio término arrastra una concepción errónea: "De por sí, hablar de 'recesión sexual' es un tanto capcioso. Es un concepto traído de la economía que mercantiliza los cuerpos, impone un mandato de cierto nivel de producción y evalúa el placer como si fuera una tabla de rendimiento en términos cuantitativos".

Y propone una última idea: mayor frecuencia sexual no implica una mayor satisfacción, sino que la verdadera salud sexual tiene que ver con encontrar aquello que resulta deseable y placentero.

En definitiva, más que preguntar cuánto sexo tienen los jóvenes, habría que preguntarse de qué hablamos cuando decimos "tener sexo", y qué buscan, priorizan y esperan ellos de sus vínculos.

Fuente: La Voz

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