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Los Nihuiles: El muro de la desigualdad

Aunque la inauguración del dique El Nihuil en 1948 fue celebrada como un símbolo de modernidad, en realidad consolidó un Estado hidr&aacute...

Por Redaccion Avances11 min de lectura
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Los Nihuiles: El muro de la desigualdad
Los Nihuiles: El muro de la desigualdad · Foto: La Arena

Aunque la inauguración del dique El Nihuil en 1948 fue celebrada como un símbolo de modernidad, en realidad consolidó un Estado hidráulico que subordinó el curso natural del río Atuel y cuyo poder sedimentó la desigualdad territorial tanto en Mendoza como en La Pampa. En la actualidad, nuevos paradigmas abrirían la vía hacia procesos reparadores.

Andrea Marina D'Atri *

El 11 de enero de 1948, bajo un sol espléndido, se cuenta que unas 6.000 personas se reunieron en el sur de Mendoza para presenciar lo que se consideraba un milagro de la modernidad: la inauguración del dique El Nihuil. Personalmente y a través de una cadena de emisoras, el presidente Juan Domingo Perón celebraba la culminación de un muro de hormigón de 315 metros de largo que transformaba un "desierto salitroso" en un lago artificial de 7.500 hectáreas. Aquel día, el salto natural de El Nihuil quedó empequeñecido frente a un vibrante y potente chorro de agua liberado por la ingeniería humana.

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Sin embargo, lo que se presentó como el cenit del progreso nacional produciría un quiebre. Décadas más tarde de aquel día, el mapa social y ambiental de la región se transformaría porque esa infraestructura hidroeléctrica no solo generaría energía y posibilidades de riego para una zona, sino que sedimentaría un poder que dividió a dos provincias en un conflicto aún vigente y dio origen a lo que hoy podemos decir para el Atuel, es un "río virtual".

Sociedad y gestión tecnocrática.

La construcción del Complejo Los Nihuiles no fue un hecho aislado sino la culminación de un paradigma que los expertos denominan el "Estado Hidráulico". Durante gran parte del siglo XX, las grandes represas fueron piezas centrales de las políticas desarrollistas en Argentina bajo cuya lógica, el hormigón armado funcionaba como la materialización del dominio estatal sobre la naturaleza.

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Originalmente, el proyecto nació de una crisis: la severa escasez de agua en 1937 que amenazó con arruinar las cosechas de los regantes de General Alvear. Luego, el estallido de la Segunda Guerra Mundial cambió las prioridades. La necesidad de tener autonomía energética transformó un plan de riego en un sistema de aprovechamiento integral para los gobernantes, vinculando la fuerza del río Atuel con el desarrollo industrial del país. Esta visión es lo que los investigadores han llamado el "sublime tecnológico" o la glorificación de la infraestructura como símbolo de una modernidad que separa un pasado arcaico de un futuro moderno.

Karl Wittfogel en 1957 desarrolla la tesis acerca de las "sociedades hidráulicas". Dice que el control material del agua es el origen del poder estatal a través de la burocratización y la organización social y esta tesis aplica al caso del río Atuel.

La gestión del agua en Mendoza ha estado históricamente en manos de estructuras burocráticas centralizadas, tales como el Departamento General de Irrigación en Mendoza cuya gestión del agua debe organizar a la sociedad en torno al riego y la producción. Esto, tensiona las relaciones sociales con otros territorios y actores, incluso en la misma provincia, ya que es común que esa visión tecnocrática ignore los derechos y saberes ancestrales de las comunidades aguas abajo en favor de la red de poder y capital establecida por la infraestructura para su área de interés.

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En suma, en contextos de aridez como es la que caracteriza a la región mendocina y del noroeste pampeano (y a gran parte de todo el territorio argentino), quien domina el flujo vital del agua controla también la estructura de la sociedad. Por eso, se afirma que las represas no son solo cemento ni muros de contención, sino poderes sedimentados que materializan un dominio social (estatal, en este caso), sobre la naturaleza para instituir promesas de progreso y desarrollo.

La invención del vergel.

¿Qué ocurrió en Mendoza con la construcción de El Nihuil? Para la provincia, la hidroeléctrica -como otras represas de sus demás ríos- fue motor de identidad como provincia reconocida en el manejo y control del agua. El sistema de presas del complejo (Nihuil I, Nihuil II, Nihuil III y Nihuil IV) permitió regular el caudal para garantizar el riego de más de 100.000 hectáreas, consolidando los famosos oasis vitivinícolas de la región cuyana.

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A través de esta obra, el Estado mendocino colaboró en la institución de un imaginario social donde esos oasis productivos, húmedos y asociados al desarrollo urbano representaba la civilización y el trabajo, mientras que las zonas no irrigadas -el secano- eran vistas como el "desierto" atrasado.

Como señala la bibliografía, la edificación de estas infraestructuras sobre un territorio no son solo soportes técnicos sino procesos sociales vivos que producen lo social, generando nuevas prácticas y relaciones de poder que benefician a ciertos sectores mientras invisibilizan a otros, y también los despojan de sus habituales prácticas socioculturales y productivas. Es decir, en Mendoza la infraestructura hídrica o el muro que embalsa el río Atuel actúa como un mediador que estabiliza las desigualdades y jerarquías territoriales a través del control físico del elemento agua.

La Pampa y su "río virtual".

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La contracara de esa cierta prosperidad vivida en Mendoza es bien conocida por gran parte de la población del sur de Mendoza y el noroeste de La Pampa. Para la provincia pampeana, el Atuel dejó de ser un ecosistema de bañados y humedales para convertirse en lo que el investigador Fernando Williams define como un "río virtual": aquel que, tras ser intervenido intensamente por represas y canales, pierde sus funciones biológicas originales y se vuelve una mera abstracción técnica al servicio de la generación de energía para centros urbanos.

El impacto ambiental de esta obra fue devastador: se calcula que la regulación intensiva con el Complejo Los Nihuiles provocó la desertificación de más de un millón de hectáreas en el noroeste pampeano y la desaparición de 300.000 hectáreas de humedales en los antiguos Bañados del Atuel; el flujo de agua dulce cesó en los cinco brazos a través de los cuales el Atuel ingresaba al noroeste de La Pampa y, en su lugar, quedó un lecho seco y salinizado, inutilizable incluso para el ganado, mayormente, en el Arroyo de la Barda.

Un éxodo silenciado.

Entre los impactos negativos por el corte del Atuel debido a la hidroeléctrica sobresalió el éxodo poblacional, por cuanto la catástrofe humana conocida como la diáspora atuelera entre 1947 y 1970 redujo la población en los departamentos pampeanos afectados por el corte del río en un 41%. Colonias agrícolas enteras, como Butaló, desaparecieron del mapa (al igual que numerosas especies de flora y fauna autóctona) al secarse los brazos del río que las sustentaban.

Quienes emigraron hacia las ciudades se convirtieron en refugiados ambientales, víctimas de una fractura hidrosocial o pérdida del equilibrio histórico entre la sociedad y la naturaleza, provocando la interrupción del desarrollo agropecuario tradicional y otras actividades de las comunidades pampeanas, como sus estrategias sociales y culturales.

Hoy, las nuevas generaciones que viven en ese territorio desertificado del Atuel en La Pampa sufren la pérdida de memoria fluvial e hídrica y de sentidos subjetivos de su territorio.

Poder sedimentado.

Esta expresión tiene una explicación. El poder sedimentado se refiere a la idea de que las grandes infraestructuras, como las represas, no son simples soportes técnicos o muros de cemento, sino procesos sociales vivos que materializan y estabilizan relaciones de poder, autoridad y desigualdad en el territorio a lo largo del tiempo.

Por un lado, el uso de materiales como el hormigón armado no es solo una elección técnica, sino la materialización del dominio sobre la naturaleza y un vehículo para erigir las promesas de modernidad y progreso del Estado. Por otro lado, se organiza el acceso a los recursos. El poder se considera sedimentado porque la obra física organiza de manera permanente quién tiene acceso al agua y quién no. En el caso del Atuel, esta infraestructura consolidó el oasis en Mendoza mientras producía la desposesión hídrica en La Pampa, estabilizando una jerarquía territorial que persiste décadas después de la construcción.

Se sedimenta también el poder porque se estabilizan las desigualdades. La infraestructura actúa como un mediador entre la sociedad y la naturaleza que sirve para estabilizar relaciones sociales que desde el principio no son igualitarias. Una vez construida, la represa fija o estabiliza en el espacio una decisión política (como priorizar la energía o el riego en un sector) convirtiéndola en una realidad geográfica difícil de revertir.

En síntesis, decir que Los Nihuiles representa un poder sedimentado significa que el complejo ha moldeado la identidad y la economía de la región no solo por su función hidráulica, sino por ser un dispositivo de hidropoder que dejó grabada en el territorio una distribución desigual del agua. En distintas temporalidades, convergieron los tiempos burocráticos de aprobación de una obra, los tiempos de transformación de un cauce y los tiempos políticos que prometían el desarrollo. Esa infraestructura sobrevive a los gobiernos que construyeron Los Nihuiles, pero la racionalidad política original se mantuvo vigente.

Hacia una justicia hídrica.

El debate bibliográfico actual propone una mirada crítica sobre las máquinas orgánicas que son los embalses hidroeléctricos. El caso de Los Nihuiles ilustra lo que David Harvey denomina acumulación por desposesión o la centralización del recurso hídrico y el capital en un territorio a costa de la marginación de otro produciendo desigualdad.

La extensa disputa territorial debido al uso y apropiación a través de Los Nihuiles sobre el Atuel es de las más largas de la historia argentina y ni los movimientos sociales, ni la política, ni la justicia ni todos ellos juntos han podido diluir la contienda.

Sin embargo, asistimos hoy a un cambio de paradigma. Se ha pasado de un Estado hidráulico del siglo XX a un paradigma socioambiental en el siglo XXI, donde el agua ya no es vista solo como un insumo industrial sino como un derecho humano y un bien común. Los ríos hoy son sujetos de derecho en otros países de América Latina como Colombia y Ecuador.

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación argentina que fija un caudal mínimo ecológico de 3,2 m³/s que Mendoza debe erogar hacia La Pampa es un paso, aunque insuficiente, hacia la reparación.

La verdadera resolución del conflicto por el agua del Atuel requiere trascender la mirada técnica de la ingeniería para adoptar una gobernanza plural que reconozca los derechos de todos los habitantes de la cuenca y restaure la vida en los territorios sacrificados por la mano expansiva, extractivista y desarrollista de sociedades no democráticas y modernas que hoy son insostenibles.

(Fuentes: Williams, F. (2021). El ocaso de la represa hidroeléctrica. En Pensar las infraestructuras en Latinoamérica. Teseo; Ballent, A. (2021). Del desierto al vergel. En Pensar las infraestructuras en Latinoamérica. Teseo; D'Atri, A. M. (2022). La Derrota del Atuel. Imaginarios sociales en el conflicto por el agua en La Pampa, Argentina. EDUNLPam; Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión.

CLACSO; Merlinsky, G. (2013). Cartografías del conflicto ambiental en Argentina. CICCUS; Swyngedouw, E. (2004). Social power and the urbanization of nature: Flows of power. Oxford University Press; Wittfogel, K. (1957). Oriental Despotism.

Yale University Press).

*Dra. en Ciencias Sociales (FCH-UNLPam)

Breve glosario

Acumulación por desposesión: Proceso de expansión del capital a través de la privatización de bienes comunes (agua, tierra), generando desigualdad. (D. Harvey, 2004).

Diáspora atuelera: Proceso migratorio y colapso social en el oeste de La Pampa debido a la pérdida del río Atuel.

Ciclo hidrosocial: Visión del flujo de agua como un híbrido entre procesos naturales y decisiones políticas o económicas. Se entiende que el agua y la sociedad no pueden separarse (el flujo del agua refleja las desigualdades sociales). (E. Swyngedouw, 2004).

Fractura hidrosocial: Parte del concepto de ciclo hidrosocial. Ocurre cuando una infraestructura como una represa o una política pública favorece a un grupo social o provincia en detrimento de otro, generando conflictos de soberanía, desposesión de derechos, disputas interjurisdiccionales e inequidad en la distribución.

Hidropoder: Capacidad asimétrica de controlar materialmente el agua y la infraestructura para ejercer autoridad política y organizar la sociedad.

Río virtual: Concepto de F. Williams (2021) para describir ríos que han perdido sus ecosistemas originales debido a represamientos y canalizaciones, quedando como abstracciones técnicas.

Sublime tecnológico: Glorificación estética y política de las grandes obras (como represas) como símbolos de progreso y dominio estatal de la naturaleza.

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Fuente: La Arena

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