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Los que se quedan: el otro rostro del éxodo rural

(Por Myrian Beatriz Vera y Juan Carlos Marchak, enviados especiales). El invierno misionero tiene una forma particular de mostrarse en las chacras, los caminos de tierra roja están bordeados por el verde-amarelo húmedo de la producción temprana. No hay selva ni latir del monte, hay ruido de tractor. También abundan los cítricos que comienzan a […]

Por Leandro De Mora5 min de lectura
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Los que se quedan: el otro rostro del éxodo rural
Los que se quedan: el otro rostro del éxodo rural · Foto: Primera Edición

(Por Myrian Beatriz Vera y Juan Carlos Marchak, enviados especiales). El invierno misionero tiene una forma particular de mostrarse en las chacras, los caminos de tierra roja están bordeados por el verde-amarelo húmedo de la producción temprana. No hay selva ni latir del monte, hay ruido de tractor. También abundan los cítricos que comienzan a cargar sus ramas y perfuman todo el camino con un aroma que, cuando se siente, no se olvida jamás…

Ese es el paisaje en Colonia Oasis, a siete kilómetros de Jardín América por la ruta provincial 214, una de esas postales de la Misiones productiva que queda fuera de escena ante un éxodo rural que avanza sin freno. Allí vive y trabaja Hugo Kaelin, docente de escuela primaria y productor, quien hace cuatro años decidió hacer un camino distinto al de tantos jóvenes que abandonaron la chacra en busca de otras oportunidades en la ciudad.

"El problema no es la falta de interés por la chacra, sino la situación económica", explicó el hombre sin vueltas a PRIMERA EDICIÓN.

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Y remarcó: "Aunque se logró acercar la distribución de lo que producimos y bajar los costos mediante la feria franca, la crisis actual hizo que muchos productores no pudieran acceder a una vida digna, vendieron y se fueron".

"Yo hace cuatro años volví; desde entonces estoy en la búsqueda de producir alimentos sanos. Decidimos en familia intentarlo un poquito más y pudimos probar opciones sustentables, como el uso de la cal agrícola. La tierra respondió, recuperó fuerza y mejoró la producción.Todo mejoró", aseguró. El relato de Hugo es pausado, pero se percibe su entusiasmo durante la caminata de más de una hora por cada recorte de suelo donde hay producción. En ellos pudo mostrar a este Diario cómo los cultivos, incluso algunos que no son de estación se acomodan a la época de frío.

"Este choclo que plantamos en la parte de arriba, después de tratar la tierra con la cal agrícola, granó muy bien. Estamos en pleno junio y tenemos choclo. Toda una novedad", mostró con orgullo.

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"Creo que es importante abrir esta conversación en Misiones y mostrar que existen alternativas naturales para recuperar la tierra y mejorar la producción desde la raíz. Yo me quedé en la chacra por la salud", aseguró durante la charla casi como una declaración de principios. Su frase resumió una decisión que aunque sigue tomando forma, terminó convirtiéndose en un proyecto de vida familiar que Hugo Kaelin quiere contagiar a quien quiera escucharlo.

Kaelin contó que se crió en la chacra. Pero, como muchos hijos de pequeños productores, él también salió a trabajar afuera, estudió y se convirtió en docente. Sin embargo, tras la muerte temprana de su papá decidió volver a la tierra donde nació.

"Mi papá falleció de cáncer, él usaba agrotóxicos… se nos fue joven", explicó.

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La pérdida dejó una huella profunda y despertó una pregunta que con el tiempo se transformó en su búsqueda propia: ¿cómo producir alimentos sin repetir prácticas que habían tenido consecuencias devastadoras en la familia?".

"El quedarme nuevamente en la chacra fue por la salud, en primer lugar. No quiero que mis hijos padezcan enfermedades. Quiero para ellos, y para todos los que compran mi producción, la mejor alimentación. Entonces producimos lo mejor para nosotros y lo mejor para vender", sostuvo. Hace dos años la familia construyó la casa al borde de los cultivos y desde entonces todos participan en el trabajo cotidiano. "Todas las hijas ayudan, hacen huertas, preparan mudas, colaboran con el riego. Yo hago la parte pesada, pero todos trabajamos", confió.

La vida acá es exigente, pero también le ofrece algo que difícilmente se encuentra afuera. Acá es donde hallamos tranquilidad. Eso es lo satisfactorio para mí y para mi esposa también. En el campo siempre hay algo nuevo que aprender y algo nuevo que producir".

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La chacra de los Kaelin es una muestra de la diversificación productiva que caracteriza a muchas explotaciones de pequeña escala en Misiones. La producción principal es la mandioca destinada a la industria, pero la actividad se complementa con una amplia variedad de frutas y hortalizas que luego se comercializan en la feria franca de Jardín. Incluso tienen un apiario, por el que hubo atravesar casi corriendo para no alterar a las abejas.

"Ellas nos reconocen y ya no nos hacen nada, pero ni bien perciben algo distinto se ponen bravas", rió. En un descanso cerca de los rosedales, que antes plantaba su papá y que él se encarga de cuidar, explicó cómo es la logística comercial habitual.

"Estamos feriando en el pueblo (Jardín América) los martes y los viernes por la mañana y llevamos todo lo que estamos produciendo".

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La lista es más que extensa: berenjenas, acelga, lechuga, repollo, nabo, rúcula, akusai, porotos manteca, choclo y una importante producción de cítricos.

"Ahora está saliendo kinoto, mandarina, pomelo, naranjas ombligo, naranja común", enumeró mientras mostró una parte de las nuevas experiencias productivas que empiezan a ganar terreno.

"Ahora estamos trabajando con banana y conseguí pitaya. También tengo algo de ananá. Es lindo porque uno siempre tiene algo nuevo que aprender", dijo y destacó que en la chacra prácticamente no hay meses sin cosecha.

"En unos meses más, octubre y noviembre salen durazno, sandía y pepino. Constantemente se está produciendo algo. Ese dinamismo -aseguró- es una de las grandes fortalezas de la agricultura familiar". Recientemente Kaelin comenzó a investigar alternativas para reducir el uso de agroquímicos y mejorar la fertilidad de la tierra mediante prácticas biológicas.

"Estamos reproduciendo microorganismos del monte e invirtiendo en sistemas de riego. Todo es un cambio. Se abaratan costos y se sacan productos de calidad", dijo y acotó que su principal herramienta es la incorporación de cal agrícola. En Misiones tenemos suelos muy ácidos. Nuestro suelo rojo, es puramente óxido férrico, no es que no sea fértil. El problema es que el óxido atrapa los nutrientes. Empezamos a usar la cal en la yerba mate y al año ya vimos resultados y la fuimos aplicando a los demás cultivos".

La incorporación de la cal, junto con la acción de los microorganismos y el agua, permite liberar parte de esos nutrientes retenidos.

"Si cuidas el suelo, la tierra responde y vuelve a tener fuerza", cerró.

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Fuente: Primera Edición

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