Los vínculos se nutren de pizza
Amistades, padres, hijos, esposos, adolescencia, adultez, infancias y la composición de una sociedad que cuando entra en plan de sobrevivir se olvida temporalmente de amar. Por Julieta Baraldini.

Los vínculos se nutren de pizza, de cine y de gaseosa. O quizá de un licuado de banana, un paseo en barquito por el río y luego un helado. O quedarnos en casa a la noche comiendo ravioles, y luego una película en alguna plataforma que pagamos entre los dos. Todo vínculo necesita un mínimo para vivir, desarrollarse y gestionarse. Los amantes por ejemplo, se encuentran en hoteles, luego del trabajo, al igual que los novios que recién comienzan. El hotel, ese trago que te anima a seguir, y algún chocolate.
Y los amigos, esos entrañables amigos con los que nos juntamos a jugar al pool, ir al boliche o tomar café en algún bar con música de fondo. Los vínculos necesitan dinero para vivir.
Esta mañana, me encontré internamente enojada con mis padres, con ambos por igual, porque no me insistieron lo suficiente en mi juventud, para que estudie una carrera mejor paga, mejor vista. Una ingeniería en petróleo, o medicina gerontológica o de terapia intensiva. Al fin y al cabo, accidentes y muertes siempre hay. En ese pensamiento un tanto retorcido, pude ver, al fin, que mi enojo con mis padres es la expresión de mi frustración actual, que no puedo tener un trabajo que supere el millón de pesos. Que me permita vivir dignamente, salir con mis amistades, tener una pareja, o porqué nó, un hijo. También quedé varada en la casa de mis padres y eso me entristece. A mi edad, no es fácil vivir aquí. Seguir sus indicaciones, meterme en su intimidad, en su matrimonio.
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No importa la edad que tenga, ya estoy grande para estar aquí, pasé la adolescencia hace rato.
Mi novia me pide que sea un varón proveedor, ¿Como puedo ser y hacer eso si apenas hago changas? Mi novia me dejó. La mayoría del día grito, busco peleas, me cuesta estar disponible para hacer el amor, lo peleo y me enfurezco, no pude comprarle las zapatillas a mi hijo. Estoy nerviosa todo el día. Mi pareja también me dejó, es que ya no soporta la presión.
Aunque me concentro mucho, y medito, intento conectarme con la abundancia de la vida, pero no llega, o viene poco, lo mínimo para sobrevivir. Veo en las redes sociales a los famosos, y endurezco la mandíbula. ¿Porque no me sale esto también a mí? Jugador de fútbol, conductora o modelo. ¡Qué importa la vocación! Si no me permite vivir.
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Si todas lo hacen, yo también puedo prostituirme y dedicarme a tener una only fans. ¿Así le dicen verdad?
Hace poco en mi barrio, se suicidó Pedro, tenía 27 años. Y a la semana, Gastón, de 31. Dijeron que tenían problemas mentales. Yo nunca ví eso, los conozco desde jardín de infantes. Yo sólo ví que se sentaban en el escalón de la puerta y miraban los autos pasar, y el celular, esperando un llamado que nunca llegó. Luego la madre de Pedro nos dijo que se cansó de esperar un trabajo, un sueño, una rutina, un qué hacer todos los días. Junto a Pedro, también se arrastraron, detrás de él, la madre y el padre. Uno de un infarto, la madre de un cáncer de útero. Y así vamos construyendo la trama social. ¿Qué nos cuentan hoy los barrios, las calles, los lugares, los amigos?
Cuando una comunidad entra en el plan de sobrevivir, se olvida temporalmente de amar, de disfrutar. Es un mecanismo adaptativo, ya se estudió lo que sucede durante una guerra, y en la post guerra, o durante crisis extremas de hambre, catástrofes naturales. Todos nos adaptamos a la realidad pensando únicamente en sobrevivir. Un estudio de estos tiempos dice que la gente ya no hace el amor, no tienen sexo. Para darle lugar al deseo, lo "otro" tiene que estar cubierto. El vínculo con los padres y los hijos adultos se resiente profundamente. Los padres, agotados y grandes, soportando a los hijos jóvenes, sin futuro ni economía. Los hijos, también desesperados, exigen cada vez más a estos padres que ya vivieron, trabajaron y criaron, ¡Tienen derecho a descansar!
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La tasa de suicidio más alta histórica en nuestro país, especialmente en San Luis y Entre Ríos. ¿Hacia dónde van los jóvenes, no eran ellos los que buscaban un cambio? ¿O quizá querían morir? ¿Qué querían ellos realmente? ¿Vivir o morir?
Pusieron mucho tiempo y dinero en las minorías, se olvidaron de mí. Yo no soy transexual, ni me hormonizo, ni soy feminista, ni me interesa serlo, no quiero gritar, llamar la atención, hacerme la mala, generar fama rápido, colgarme de una lucha que no conozco, porque, como mujer, siempre me bancó mi padre, oh, un gran varón!
Tampoco formo parte de otras minorías, ni vegana, ni fumo marihuana, ni tengo TDH. Soy una mujer común y corriente, que forma parte de la fuerza laboral del país. Trabajo todos los días y pago impuestos, y crío cuatro hijos que serán la próxima fuerza laboral de mi país. Soy común y corriente, ¿Y quizá por eso nadie me miró? Pusieron mucho dinero en aspectos fútiles de la sociedad, y se olvidaron de mí y de mis hijos, y del padre de mis hijos que se quedó sin trabajo. ¿Si a mí me importa hablar con la E? En absoluto. Las modas no cubren la canasta básica que necesito para vivir.
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Al fin y al cabo, los vínculos se nutren de pizza y flan con dulce de leche. Como hacía mi abuela para demostrarnos su amor, como hacemos todas las madres con nuestros hijos. Y las novias con los novios, y los novios con las novias. Y el matrimonio de mis padres.
Lic. Julieta Baraldini. Trabajadora Social. Consteladora Familiar. Escritora.
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Fuente: El Diario de la República
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