Saltar al contenido principal

Luces y sombras del nuevo debate sobre el desarrollo

El campo, la minería y la apertura comercial pueden contribuir a nuestra reinserción global; pero la última palabra para articular un crecimiento que contemple a todos los sectores la tiene la política, nuestro eslabón históricamente endeble.

Por Redacción Diario Panorama6 min de lectura
Compartir
Luces y sombras del nuevo debate sobre el desarrollo
Luces y sombras del nuevo debate sobre el desarrollo · Foto: Diario Panorama

El campo, la minería y la apertura comercial pueden contribuir a nuestra reinserción global; pero la última palabra para articular un crecimiento que contemple a todos los sectores la tiene la política, nuestro eslabón históricamente endeble.

Por Jorge Ossona(*), en diario La NaciónNo fue fortuito que hacia fines de los 60 fraguara en la Argentina un interesante debate sobre el desarrollo. Hasta entonces, se daba por descontada nuestra condición de país alimentario "naturalmente" rico y que las discusiones habrían de oscilar entre la representación política y la distribución del ingreso. No obstante, el factor cardinal de aquella riqueza, a esa altura espectral, había recibido dos sopapos premonitorios: la Primera Guerra Mundial y el crash de 1929.

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

También te puede interesar: Murió un funcionario del gobierno de Santa Fe: despiden a Gabriel Real

Apenas comenzada la Segunda Guerra, algunas figuras públicas como Federico Pinedo formularon algunas advertencias sobre la solución industrial que había logrado capear el temporal de la depresión. Pero el curso frenético de la conflagración y la lluvia de divisas de la posguerra generaron el espejismo de un retorno al estado de prodigalidad, priorizando su redistribución y prosiguiendo la inercia manufacturera.

Diez años más tarde, el carácter estructural del problema argentino del siglo XX estaba a la vista: carecíamos de divisas suficientes para financiar una industria concentrada en un mercado interno diminuto y cargábamos con un gasto público elefantiásico a raíz del frenesí estatizador. El presidente Perón delineó durante su mandato de los 50 algunas respuestas: una política petrolera y de inversiones extranjeras, y el impulso de la productividad general de la economía.

En plena Guerra Fría ocurrió el preludio del debate formalmente inaugurado por las reformas del presidente Frondizi tras su llegada al gobierno, en 1958. Su telón de fondo fueron las teorías de la modernización enunciadas tras la posguerra. Frondizi y su socio ideológico Rogelio Frigerio delinearon su versión vernácula, a la que denominaron "desarrollismo", que abordaba contrastes poco atendidos de nuestra fisiología económica y social.

También te puede interesar: Salud oficializó un aumento en los aranceles para prestaciones por discapacidad

Por caso, a diferencia de los supuestos teóricos en boga, la Argentina era una nación urbanizada, carecía de un campesinado masivo y su producción agropecuaria se estaba recomponiendo luego de 30 años de estancamiento. Pero la densidad demográfica de su economía industrial protegida le disputaba sus divisas, generando un conflicto distributivo exasperante. Las trabas institucionales de este ordenamiento, que tensaba variables cruciales como el crecimiento y la distribución, impedían, a su vez, un nuevo flujo de inversiones.

A tales efectos, Frondizi liberó los controles cambiarios con el consiguiente reajuste del valor del peso a los índices inflacionarios desde la posguerra. Si el país lograba alivianar su dependencia de bienes estratégicos como el petróleo, la petroquímica, la siderurgia y los automotores, se podía ajustar el balance comercial reestabilizando el sistema. Quedaba pendiente el desafío de acoplar los salarios a la productividad dificultada por el sesgo de capital intensivo de los nuevos rubros y la previsible resistencia gremial.

Pero la anomia del sistema político generó una inestabilidad que tornó incontrolable su "planificación" en medio de crisis recurrentes. Las fiscalmente costosas concesiones financieras, productivas y comerciales a los nuevos protagonistas del "desarrollo" se prorrogaron sine die. Y el conjunto urdió una economía inflacionaria cuya dinámica oscilaba entre devaluaciones recesivas e incrementos salariales retaliatorios.

También te puede interesar: Quién es Guillermo Toranzos Torino, el nuevo subsecretario de Jefatura de Gabinete y hombre clave para Diego Santilli

No obstante, las directrices del programa continuaron durante toda la década, y se lograron aprendizajes macroeconómicos interesantes, y una convicción extendida: la necesidad de superar la sustitución de importaciones mediante una apertura que combinara a las renacidas exportaciones agrícolas con algunas manufacturas pioneras. Pero sus rendimientos decrecientes, atizados por el nuevo cataclismo internacional de principios de los 70, confluyeron en la bancarrota fiscal.

Con el ajuste brutal del "rodrigazo" en 1975, la inflación reptante que había promediado el 30% durante el decenio anterior trepó a pisos nunca inferiores al 120% hasta 1991. El estancamiento se articuló con el financiamiento externo del déficit y sustituyó el debate por las estrategias cortoplacistas. No obstante, el seguimiento de la crisis por buenos profesionales de todas las ciencias sociales fue sentando las bases desde hace aproximadamente una década de nuevas discusiones florecientes en nuestros días. Repasemos solo algunas.

Las guerras en Europa y Medio Oriente han recreado incertidumbre respecto de su evolución y desenlace. En un mundo nuevamente bipolar, China, que permanece expectante, se ha convertido en uno de los principales destinos de nuestras exportaciones agropecuarias. Sin perjuicio de nuestra pendularidad, la producción agropecuaria continuó expandiéndose, absorbiendo los avances de la revolución tecnológica post Guerra Fría.

También te puede interesar: El nuevo embajador del Vaticano llega a la Argentina: un paso clave en la antesala de la visita de León XIV

Oro, plata, cobre y litio constituyen requerimientos de primer orden para la etapa en curso

Las semillas transgénicas, la siembra directa –que permite sortear la frontera agropecuaria pampeana y litoraleña enclavándose en el interior– y los feedlots ganaderos hallaron allí un destino de fuste ni bien la potencia oriental se incorporó en la OMC, a principios de siglo, contribuyendo a sacarnos de la depresión de 1998-2001 y del default.

Los descubrimientos mineros en las provincias andinas nos colocan, asimismo, en una situación semejante a aquella de las commodities alimentarias a fines del siglo XIX. Oro, plata, cobre y litio constituyen requerimientos de primer orden para la etapa en curso. Por su parte, el descubrimiento de Vaca Muerta, segunda reserva de shale gas y cuarta de shale oil a escala planetaria, termina con nuestros extravíos hidrocarburíferos del siglo XX y principios del XXI. Logrado el autoabastecimiento, nos posiciona como un potencial centro exportador para una Europa "rusodependiente" y para el mundo en general dada la situación de Medio Oriente. Contamos con oferta, buenos precios, la libre navegabilidad interoceánica y la lejanía respecto de las zonas en conflicto.

También te puede interesar: "Campaña antiargentina" llegó al Congreso de Estados Unidos: hablan de Argentina como país "racista"

Vaca Muerta y la minería tornarán más dinámicas a las economías regionales, creando nuevos empleos directos e indirectos, pero ¿alcanzarán para absorber a todos los eventuales inmigrantes litoraleños?

La condición necesaria para completar nuestra reinserción global es la apertura comercial. De ahí la indispensabilidad de tratados como el reciente entre el Mercosur y la UE –que nos devolvería, luego de un siglo, un sitio en el comercio con Europa– y que podría conjugarse con otros como EUA –comprador de minerales y garante de pago de nuestras deudas hasta nuestro equilibrio macro asegurado–, la India y otros mercados de fuste.

Pero la sombra rodea a cada rayo de luz. La apertura también augura un mal presagio para los vestigios de la sustitución de importaciones en los conurbanos; sobre todo el bonaerense. Es cierto que Vaca Muerta y la minería tornarán más dinámicas a las economías regionales, creando nuevos empleos directos e indirectos, pero ¿alcanzarán para absorber a todos los eventuales inmigrantes litoraleños?

A ello se suma el timing: ¿cuánto tiempo llevará? En ese lapso, ¿no se agravarán los bolsones de marginalidad que incuban el germen populista, la violencia social y el crimen internacional? ¿Podrán nuestros corroídos sistemas educativos generar profesionales y expertos en la economía del conocimiento para innovaciones que atenúen nuestra dependencia tecnológica?

¿Será posible articular políticas entre la Nación, las provincias y los municipios como para racionalizar, asimismo, las nuevas urbanizaciones evitando los extravíos del GBA desde los 70? Por último, ¿no incubarán los RIGI los mismos riesgos fiscales de las promociones de los 60? Como contrapartida, ¿cómo conjurar los riesgos de la denominada "enfermedad holandesa"? Estos son solo algunos tópicos del nuevo debate. La última palabra la tiene la política; nuestro eslabón históricamente endeble.

(*) Miembro del Club Político Argentino y de Profesores Republicanos.

Fuente: Diario Panorama

  • #politica
  • #luces
  • #sombras
  • #nuevo
  • #debate
  • #sobre
  • #desarrollo
  • #santiago del estero

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.