Luciano Riveros, de la ilusión lechuza y su cuenta pendiente en Concepción a una cruda confesión: El fútbol es el plato de comida de mi familia
Con 22 años vuelve a ser protagonista y artillero del fútbol sanjuanino. En una charla íntima con Tiempo, habló de la frustración de Alianza por quedarse sin Regional, hizo autocrítica sobre su paso por San Martín y contó por qué, detrás de cada gol, también está el futuro de su familia.

Luciano Riveros (22) vuelve a estar donde mejor se siente: cerca del área, convirtiendo y siendo decisivo. Lleva 10 goles con el Atlético de la Juventud Alianza, es el máximo artillero del Clausura y una de las piezas importantes del equipo que lidera el campeonato con 25 puntos. Su presente tiene mucho de revancha, aunque no todo pasa por esos gritos desaforados cuando la pelota toca la red. Detrás aparecen una ilusión la bronca por no jugar el Regional Amateur, una oportunidad en San Martín que todavía repasa y una razón mucho más profunda que lo empuja a seguir buscando su lugar en el fútbol.
Llegó al Lechuzo a mitad de año, después de su segunda etapa en Concepción, y necesitó apenas un par de meses para recuperar esa versión goleadora que ya había mostrado con Unión de Villa Krause. "Estoy pasando un momento muy lindo. No me esperaba estar peleando la tabla de goleadores", confiesa. Aunque admite que sigue de cerca esa carrera individual -"partido a partido voy mirando la tabla"-, enseguida lleva la conversación hacia el presente colectivo y un plantel que, asegura, está convencido de que puede llegar lejos.
En medio de ese buen momento quedó, sin embargo, la frustración importante de que Alianza no haya sido invitado a disputar el Regional Amateur. Riveros, de hecho, había llegado al club de Santa Lucía con la expectativa de volver a competir a nivel nacional. "Obvio que queda un sabor amargo, porque el jugador sueña con jugar estos partidos de Regional, de participar a nivel nacional", dice. Para él, el golpe fue mayor porque conocía el potencial del equipo: "Es injusto no entrar, porque yo fui pensando en jugar el Regional y sabía el plantel que había".
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En ese contexto cuenta varios hinchas de Unión le habían pedido que vuelva al club de Rawson y que este año, incluso, estuvo cerca de vestir la pilcha de Sportivo Desamparados. Sin embargo, su cabeza ahora está en Alianza y en sostener el lugar que consiguió en el Clausura. Y en ese recorrido aparece el trabajo de Luis Pallaroni. Habla del entrenador como alguien exigente y meticuloso, pero sobre todo responsable. "El Gringo es muy serio para entrenar. Te dice que la responsabilidad está antes que todo", señala. Una palabra, responsabilidad, que reaparecerá varias veces durante la charla y que Riveros aprendió a dimensionar después de su experiencia en San Martín.
Porque si hay un capítulo que todavía le da vueltas en la cabeza es el que escribió en Concepción. Su pase pertenece al Verdinegro, llegó a debutar en la Primera Nacional y tuvo dos etapas en el plantel, pero nunca logró afirmarse como pretendía. Cuando se le pregunta por qué, Riveros no busca culpables ni descarga responsabilidades sobre entrenadores o dirigentes. Mira hacia adentro. "Creo que me faltó ser más profesional", admite.
Su explicación tiene que ver, en parte, con el salto entre dos mundos que parecen cercanos geográficamente, pero que futbolísticamente exigen cosas diferentes. Riveros sintió el cambio de intensidad entre la Liga Sanjuanina y la Primera Nacional y reconoce que en una de sus oportunidades llegó prácticamente con la competencia encima. "Si hubiese hecho una pretemporada o algo, me hubiese sentido mejor físicamente y futbolísticamente", apunta.
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Con el tiempo entendió también que el profesionalismo no empieza ni termina durante las horas de entrenamiento. "Es muy intenso, muy profesional. Tenés que dejar muchas cosas, vivir para eso, entrenar todos los días", explica. Hoy habla de alimentación, descanso, salidas y cuidados que antes quizás no dimensionaba de la misma manera. "Para ser profesional tenés que hacer todo eso", reconoce.
Claro que su autocrítica no es liviana porque sabe lo que significaba aquella posibilidad. "Me arrepiento muchísimo de no poder estar ahí en el plantel", confiesa, aunque siente que en Concepción su historia no está terminada. Riveros todavía tiene contrato y tiene la esperanza de pegar la vuelta. Ya una vez sus goles en el fútbol local hicieron que volvieran a buscarlo y cree que su presente puede darle otra oportunidad. "El jugador siempre sueña con volver a jugar esas ligas. Siempre tiene la mente en poder jugar", sostiene.
Su vínculo con el ataque y el olfato goleador, en cambio, viene de mucho antes. Antes de mirar a los grandes goleadores por televisión, tuvo uno mucho más cerca. "Desde chico siempre seguí a mi papá. Íbamos a verlo jugar. Tenía las mismas características que yo, jugaba de 9 y era rápido", recuerda. Algo de aquello quedó. Hoy observa especialmente a Lautaro Martínez y trata de estudiar sus movimientos, cómo se ubica y de qué manera llega al área. "Lo miro muchísimo, por cómo juega, cómo se mueve, cómo llega", dice.
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Esa obsesión por el gol tiene ahora otra dimensión. Riveros ya no juega solamente por el sueño de llegar más alto. En su casa lo esperan su pareja, Vanina, y su hija Keydi. Son ellas, cuenta, quienes aparecen cuando los resultados no aparecen y las que lo sostienen cuando las frustraciones pesan más que los festejos. "Siempre están apoyándome y, cuando perdemos, son ellas las que me levantan". Por eso, cuando la pregunta deja de ser futbolística y pasa a ser personal -qué significa realmente este deporte en su vida-, la respuesta cambia por completo el sentido de la charla: "El fútbol para mí es todo. Es el plato de comida de mi familia".
Luciano no habla de fama ni de reconocimiento. Habla de sostener su casa. De que detrás de cada entrenamiento, cada gol y cada oportunidad también existe una responsabilidad familiar. Quizás por eso, ni siquiera en los momentos más difíciles contempló abandonar. "Nunca, nunca. Todavía soy chico y creo que puedo seguir intentando", asegura.
Riveros ya conoció distintas caras del fútbol a una edad temprana: debutó en una categoría nacional, salió a préstamo, volvió, fue goleador, recibió propuestas y también debió marcharse otra vez en busca de los minutos que no encontraba. En ese camino reconoce que todavía espera una oportunidad que termine de acomodar su carrera. Ese golpe de suerte que muchas veces separa a un futbolista del lugar al que quiere llegar. "Creo que por ahí me falta un poquito de suerte. Y después trabajar en serio, trabajar siempre y buscar tu sueño", cierra.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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