Lucio Garzón Maceda y su huella en la historia
El abogado laboralista fallecido el 17 de agosto tuvo una vida marcada por la lucha política y el compromiso social desde la defensa de los derechos obreros hasta el exilio forzado durante la dictadura.

De acuerdo con el árbol genealógico de Lucio Garzón Maceda, fallecido el 17 de agosto último a los 95 años, sus orígenes familiares se remontaban a don Pedro Garzón, quien vivía a fines del siglo XVI en la andaluza Higuera de la Sierra, junto a la Villa Aracena, en Huelva. En el siglo XIX, una rama de los Garzón se estableció en Uruguay y otra en Córdoba.
En la historia cultural de la provincia, los Garzón ocuparon un lugar destacado. Su abuelo Félix había sido el autor de uno de los libros más importantes de la historia de la medicina en Córdoba. Y su padre, Ceferino –integrante de la junta ejecutiva del Partido Socialista y candidato a senador por la ciudad de Córdoba en 1946– había contribuido a formar una pléyade de jóvenes historiadores que renovaron el campo historiográfico; entre ellos, el célebre Carlos Sempat Assadourian.
Ciertamente, Lucio pertenecía a una familia distinguida: la casa de Ceferino Garzón y Dolores Maceda, en la calle Entre Ríos 40 (sede actual del Centro Cultural España-Córdoba), con sus bellas pilastras jónicas en su fachada, da testimonio de su refinamiento.
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Los Garzón formaban parte de la élite local, pero al igual que los Roca, no eran clericales sino liberales, anticlericales y, en algunos casos, cercanos a la masonería. Años después, su hermano Félix Garzón Maceda ejerció la dirección de Radio Universidad y Canal 10. Asimismo, fue director de La Voz del Interior entre 1992 y 1994.
En junio de 1951, durante el gobierno peronista del brigadier Juan San Martín, la policía allanó la socialista "Casa del Pueblo" y Lucio Garzón Maceda fue arrestado y sufrió, junto a otros 5 militantes socialistas (Miguel Ávila, Rubén Taborda, Lucio Luna, Juan Areze y Domingo Suárez), 25 días de detención en la Cárcel de Encausados de la ciudad de Córdoba.
En esta misma época fueron encarcelados varios obreros ferroviarios cordobeses –afiliados al gremio de La Fraternidad– a raíz de la prolongada huelga de los trabajadores del riel.
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Sin embargo, Lucio Garzón Maceda junto a otros intelectuales de Córdoba herederos de la tradición cultural reformista, como Gustavo Roca –hijo de Deodoro, líder de la Reforma Universitaria de 1918–, el psiquiatra Gregorio Bermann, referente intelectual del reformismo universitario, y el médico Horacio Miravet –dirigente de la FUC en la segunda década del siglo– decidieron apoyar a Perón contra cualquier intento de golpe de Estado.
En 1955 sostuvieron en un manifiesto que a Perón se lo quería derrocar por la fuerza, no por lo que tenía de malo –como la falta de democracia sindical o las restricciones a las libertades públicas– sino por lo que tenía de bueno: los derechos sociales concedidos durante su mandato presidencial.
El apoyo crítico a Perón suponía rechazar el golpismo militar-eclesiástico, pero tenía como contrapartida la exigencia de democratizar a la CGT, la vigencia efectiva de la separación entre Iglesia y Estado, y el respeto efectivo del pluralismo político. Se trataba de tender un puente de plata entre el socialismo marxista, el mundo intelectual de la Reforma Universitaria y los contenidos sociales del peronismo.
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En función de este interés, Lucio Garzón Maceda fundó el grupo Acción Socialista.
En 1957, la CGT de Córdoba fue la primera de todo el país en normalizarse, es decir, en liberarse de la tutela del interventor militar designado por el gobierno nacional. Atilio López fue designado secretario general, y Lucio Garzón Maceda —con sólo 27 años— se convirtió en el abogado de la CGT, función que desempeñó durante casi tres décadas.


Tras el derrocamiento de Obregón Cano y Atilio López por un golpe de Estado policial legitimado por el Poder Ejecutivo Nacional –alrededor de un mes antes Perón había calificado a Córdoba como un foco de infección subversiva–, las persecuciones contra el sindicalismo clasista y combativo se aceleraron.
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Hizo su aparición el Comando Libertadores de América, integrado por policías y militares, versión local de la Triple A (Acción Anticomunista Argentina). En octubre fueron a secuestrarlo a su casa de Villa Allende, pero al no encontrarlo, la incendiaron.
Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, allanaron su departamento en la ciudad de Córdoba y al mes siguiente saquearon su estudio jurídico, que compartía con Gustavo Roca. Pudo salir clandestinamente del país a través de Paso de los Libres, y desde Brasil embarcarse rumbo a Francia.
Según contó el mismo, recién llegado a París, el escritor Juan Gelman le propuso "ser invitado a Washington para denunciar ante un grupo de parlamentarios de la Comisión de Relaciones Exteriores" del Congreso norteamericano lo que estaba ocurriendo en el país. Gustavo Roca aceptó acompañarlo, aunque ninguno de los dos tenía los pasaportes en regla.
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En el consulado norteamericano en París, se examinaron sus pasaportes adulterados y, ante su sorpresa, el funcionario consular con una sonrisa en su rostro les dijo: "Quédense tranquilos, sabemos que ustedes van a mi país invitados oficialmente por el Congreso de los Estados Unidos". En rigor, esa visita fue facilitada por Patricia Fenney, secretaria de Amnesty International.
Ante los congresistas norteamericanos, Lucio Garzón Maceda desarrolló tres argumentos centrales: la existencia de centros clandestinos de detención, la metodología de matar presos simulando enfrentamientos entre grupos armados de signo opuesto, y el Plan Cóndor, programa de represión trasnacional coordinado por los gobiernos de Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Lo acompañaron en su denuncia Gustavo Roca, el sacerdote católico lasallano James Week (quien había vivido 11 años en Argentina) y Burton Levinson, representante de la organización judía por los derechos humanos B' Nai Brith, quien denunció 900 asesinatos de argentinos judíos en menos de un año.
Como consecuencia de estas denuncias, el nuevo gobierno del presidente James Carter suspendió a principios de 1977 toda la ayuda militar a la dictadura argentina, por aplicación de la enmienda Humphrey-Kennedy. La dictadura no tardó en reaccionar: declaró a Lucio Garzón Maceda y a Gustavo Roca traidores a la patria.
Firme en sus convicciones, siguió batallando por la democracia argentina. En enero de 1981 fue protagonista central, junto al escritor Julio Cortázar, del coloquio internacional —celebrado en París— "La politique de disparation forcé de persones" cuyas actas acaba de publicar la embajada de Francia en nuestro país junto con la fundación Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina).
Fuente: La Voz
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