Malvinas, petróleo y RIGI: qué hay detrás del nuevo movimiento de Milei en el tablero geopolítico
Malvinas vuelve al centro de la agenda de Milei: petróleo, RIGI, Trump, Reino Unido y China se cruzan en una nueva disputa geopolítica.

El Gobierno nacional volvió a poner a Malvinas en el centro de la agenda y, en paralelo, endureció los controles sobre las empresas que exploten hidrocarburos en los espacios marítimos vinculados con las islas.
En FM 89.3 Santa María de las Misioneshablaron al respecto con Facundo Londero, analista político de la consultora Zuban Córdoba y Asociados quien consideró el giro de Javier Milei no puede leerse solamente en clave electoral: detrás aparecen el alineamiento con Estados Unidos, la disputa entre Washington y Beijing, los intereses petroleros en el Atlántico Sur y el futuro de la Antártida.
La causa Malvinas volvió a ocupar un lugar central en el discurso del Gobierno nacional. Pero esta vez el mensaje presidencial estuvo acompañado por decisiones concretas que avanzan sobre uno de los puntos más sensibles de la disputa: los recursos hidrocarburíferos.
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En ese escenario, el análisis de Londero permite mirar los anuncios de Javier Milei más allá de la política doméstica. Según explicó, se trata de un conjunto de acciones que marca un cambio discursivo "bastante enfático" de la gestión nacional, sobre una causa que atraviesa transversalmente a la sociedad argentina.
El analista destacó que más del 95% de los argentinos tiene presente la cuestión Malvinas y considera que las islas forman parte de la Argentina, además de respaldar que el reclamo continúe en los organismos internacionales.
Sin embargo, la novedad está en la intensidad con la que el Gobierno decidió volver a levantar esa bandera y en el contexto internacional en el que lo hace.
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"Vemos este cambio discursivo de llevar a cabo esto seguramente para una cuestión electoral y también por cuestiones geopolíticas que se están dando en el mundo", sostuvo Londero.
La hipótesis del analista adquiere una dimensión concreta a partir de una medida oficializada este viernes. Mediante el Decreto 868/2026, el Gobierno designó al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto como autoridad de aplicación de la Ley 26.659, que regula las actividades hidrocarburíferas en la Plataforma Continental Argentina.
La norma establece un procedimiento específico para investigar posibles actividades prohibidas en los espacios marítimos vinculados con Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Los organismos de la Administración Pública Nacional deberán informar a Cancillería, dentro de un plazo de cinco días hábiles, cualquier hecho que pudiera configurar una infracción. A su vez, los presuntos infractores tendrán diez días hábiles para presentar su descargo y la autoridad deberá resolver dentro de otros diez días hábiles, una vez cumplidas las etapas correspondientes.
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El decreto no crea nuevas sanciones, sino que fortalece y acelera el mecanismo para aplicar las que ya contempla la Ley 26.659. Entre ellas figuran inhabilitaciones de entre cinco y veinte años y, en determinados casos, la reversión de concesiones hidrocarburíferas.
Pero hay un punto que conecta directamente la cuestión Malvinas con la política económica de Milei: el RIGI.
La nueva normativa incorpora controles para los proyectos que busquen acceder al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Los vehículos de proyecto deberán presentar una declaración jurada que acredite que ellos, sus accionistas y personas vinculadas no realizan ni realizarán actividades hidrocarburíferas alcanzadas por las prohibiciones de la Ley 26.659. También se incorpora una declaración similar para quienes pretendan obtener permisos, concesiones, autorizaciones o habilitaciones hidrocarburíferas.
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El Gobierno fundamentó la medida en la necesidad de evitar una contradicción: que el Estado sancione a empresas por desarrollar actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina y, al mismo tiempo, les otorgue beneficios tributarios, aduaneros, cambiarios y garantías de estabilidad a través del RIGI.
Así, la cuestión deja de ser solamente diplomática o simbólica. Malvinas empieza a quedar asociada también a la regulación de inversiones y al acceso a beneficios económicos del Estado.
Y es precisamente allí donde el análisis de Londero sobre los recursos naturales del Atlántico Sur cobra especial relevancia.
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Para el analista, uno de los elementos decisivos para entender el nuevo escenario es el comportamiento de Donald Trump frente al Reino Unido.
Londero explicó que Estados Unidos mantiene con Londres una relación histórica y estratégica de mucha mayor profundidad que la que tiene con Argentina. Reino Unido forma parte de la OTAN y constituye uno de los principales aliados y socios comerciales de Washington.
Por eso, el eventual acercamiento de Trump a determinadas posiciones argentinas sobre Malvinas debe interpretarse, según su lectura, dentro de una disputa más amplia.
"Yo creo que considero más que Donald Trump no… Hacia Argentina lo tiene, obviamente, como un socio comercial, pero de menor nivel comparadamente con las relaciones que siempre ha llevado con Reino Unido", explicó.
El analista vinculó esa situación con las diferencias entre Trump y Londres por el respaldo británico a la OTAN, el conflicto en Medio Oriente y otros escenarios internacionales. En ese contexto, consideró que Washington puede utilizar la cuestión Malvinas como una herramienta de presión diplomática sobre Reino Unido.
La pregunta, entonces, es cuánto del movimiento estadounidense responde a una defensa de la posición argentina y cuánto forma parte de la propia estrategia de Trump. Para Londero, predominan los intereses geopolíticos de Washington.
La cercanía entre Milei y Trump aparece como otro componente central. El analista sostuvo que el Presidente argentino intenta aprovechar el nuevo escenario internacional y apropiarse de un discurso que tiene un respaldo social prácticamente transversal.
En ese punto incluso incorporó un elemento inesperado: la repercusión que tuvo la cuestión Malvinas durante el último Mundial de Fútbol.
Londero comparó la sucesión de acontecimientos con una suerte de "efecto mariposa": una situación que comenzó en el terreno deportivo terminó teniendo repercusiones políticas y contribuyó a reforzar el nacionalismo y el patriotismo en la Argentina.
"Esto de lo que sucedió en la semifinal del Mundial ha generado, digamos, una repercusión internacional, en la cual también a nivel nacional ha generado un mayor nivel de nacionalismo y patriotismo", explicó.
En ese contexto, Milei habría encontrado una oportunidad para volver a colocar la causa en el centro del debate interno, mientras Trump puede utilizarla simultáneamente como una pieza de negociación con Reino Unido.
"Donald Trump utiliza esto como una herramienta disuasiva para intentar negociar algo con Reino Unido", sostuvo.
Sin embargo, detrás de la discusión diplomática existe otro factor que gana peso: el petróleo. El propio Decreto 868/2026 pone el foco en las actividades hidrocarburíferas desarrolladas sin autorización argentina y establece mecanismos para impedir que empresas alcanzadas por esas conductas puedan acceder a los beneficios del RIGI. La norma considera que la explotación de recursos naturales no renovables en los espacios marítimos correspondientes a la Plataforma Continental Argentina compromete intereses estratégicos del país.
Londero había advertido precisamente que la disputa por Malvinas se desarrolla en un espacio donde confluyen intereses energéticos y estratégicos.
"Argentina, que su causa y la pertenencia a la isla es lo principal, pero está jugando un papel en el cual la superpotencia, están viendo qué sucede principalmente por una explotación petrolera en aguas argentinas, en aguas sobre las Islas Malvinas", señaló.
A partir de la nueva medida del Gobierno, ese componente deja de ser solamente una hipótesis geopolítica y pasa a tener una traducción concreta en la política regulatoria argentina.
Para Londero, además, China es otra de las piezas fundamentales de este tablero. El gigante asiático tiene intereses crecientes en el Atlántico Sur y, según explicó, desarrolla actividades de exploración vinculadas tanto con recursos minerales como pesqueros.
Estados Unidos, China y las potencias europeas también están mirando hacia el extremo sur, mientras Argentina intenta sostener su reclamo de soberanía y proteger los recursos que considera propios.
Londero interpretó este proceso como parte de una recuperación del interés estratégico de Washington por América y, particularmente, por el hemisferio sur.
Vinculó el escenario de Malvinas con otros movimientos de Trump, entre ellos su intención de avanzar sobre Groenlandia, y consideró que comienza a observarse una política en la que Estados Unidos busca reforzar su presencia en zonas estratégicas.
También incorporó a la discusión el caso de Venezuela, donde, según recordó, Estados Unidos avanzó sobre el escenario político mientras posteriormente aparecieron negocios petroleros favorables a compañías estadounidenses.
En su lectura, esos antecedentes permiten entender por qué los recursos energéticos tienen una importancia creciente en la política internacional.
"Recién todo este juego de ajedrez geopolítico se está moviendo en las primeras piezas", resumió.
La nueva orientación de la Argentina abre otra incógnita: si el acercamiento con Estados Unidos puede desembocar en una nueva arquitectura regional. Londero recordó que la Argentina pertenece al Tratado Americano, aunque señaló que ese mecanismo nunca llegó a activarse en los últimos años. Al mismo tiempo, observó una creciente convergencia entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos.
En ese nuevo mapa aparecen Paraguay, Chile, Colombia y Perú, aunque el analista advirtió que cualquier construcción regional puede resultar inestable debido a los permanentes cambios políticos e ideológicos de América Latina.
"América Latina tiene un cambio ideológico y político siempre muy volátil a lo largo de los últimos años", planteó.
A eso se suma el calendario electoral. El año próximo habrá elecciones en Argentina y elecciones de medio término en Estados Unidos, dos procesos que pueden modificar los equilibrios actuales.
Para Londero, la cancillería estadounidense conoce esa volatilidad y por eso debe evaluar cuánto puede apostar a gobiernos determinados y cuánto necesita mantener vínculos estables con estructuras regionales más amplias.
El antecedente del ALCA de 2005, que finalmente no prosperó, también aparece como referencia para pensar hasta dónde puede avanzar una nueva política de alineamiento regional liderada por Washington.
Si Malvinas es el conflicto inmediato, la Antártida aparece en el análisis de Londero como uno de los grandes escenarios estratégicos del futuro.
El analista recordó que en 2048 se abrirá una instancia decisiva de revisión del sistema establecido por el Tratado Antártico y planteó que allí podría comenzar una discusión completamente diferente sobre el continente blanco.
Argentina sostiene un reclamo territorial sobre una extensa superficie antártica, pero existen también reclamos superpuestos de Chile y Reino Unido. Por eso, cualquier modificación del equilibrio regional puede generar nuevas tensiones.
"En 2048 puede cambiar el pacto hacia una transición de exploración de recursos, de instalación ya de sociedad civil en el continente", explicó.
El escenario podría incluir además nuevos intereses económicos y estratégicos relacionados con las rutas marítimas, los recursos naturales y los efectos del calentamiento global.
Argentina cuenta, en este terreno, con una ventaja histórica: es uno de los países con presencia permanente más antigua en la Antártida, con bases instaladas desde hace más de un siglo.
Pero ya no está sola. Londero advirtió sobre el creciente interés de China, India y otros países asiáticos, que también desarrollan actividades y sostienen intereses en el continente.
En este nuevo escenario, la relación con Chile adquiere una importancia particular. La reunión de Milei con el presidente chileno, previa a la cadena nacional, fue interpretada por Londero como una pieza más dentro del nuevo mapa regional.
Argentina y Chile han mantenido una relación de cooperación, aunque también atravesaron tensiones políticas e ideológicas durante distintos gobiernos. Ahora, según el analista, el vínculo debe observarse además desde la perspectiva de la Antártida y el extremo sur.
El interés aumenta porque cualquier discusión futura sobre los límites, las aguas y los reclamos antárticos puede involucrar directamente a ambos países.
"Yo creo que también ahí hay una mano de Estados Unidos hacia lo que está sucediendo y también con todo lo que estuvimos hablando en estos minutos", afirmó.
La incorporación del Decreto 868/2026 al escenario permite observar una cuestión central: el Gobierno no se limitó a recuperar la causa Malvinas como bandera discursiva.
La decisión de colocar a Cancillería al frente de los controles, acelerar los procedimientos contra empresas que operen sin autorización argentina y condicionar el acceso al RIGI introduce una dimensión económica y administrativa que acompaña el discurso presidencial.
Esto no permite concluir, por sí solo, que la estrategia de Milei haya dejado de tener un componente electoral. De hecho, Londero considera que ese componente existe.
Pero sí permite advertir que la política oficial comienza a articular soberanía, recursos naturales, inversiones, diplomacia y defensa dentro de una misma estrategia.
Y allí aparece la pregunta de fondo: ¿Milei está utilizando Malvinas para construir una bandera electoral o está intentando convertirla en el eje de una nueva política de posicionamiento internacional de la Argentina?
La respuesta de Londero apunta a que ambas cosas pueden estar ocurriendo al mismo tiempo.
El Gobierno necesita una causa con enorme consenso interno. Estados Unidos busca reposicionarse frente a China y presionar sobre sus aliados europeos. Reino Unido defiende su posición sobre las islas y sus intereses energéticos. China amplía su presencia en el Atlántico Sur. Y la Antártida se acerca a una futura discusión sobre su régimen.
En ese contexto, Malvinas vuelve a ser mucho más que una cuestión de soberanía. Es también petróleo, inversiones, rutas marítimas, recursos naturales, relaciones internacionales y poder.
Por eso Londero pidió mirar más allá de los anuncios inmediatos. El tablero, sostuvo, recién comienza a moverse y las decisiones actuales deben observarse en perspectiva.
"No se decide en dos o tres días en un discurso en una cadena presidencial, sino que es algo que se va dando y desenvolviendo a lo largo de semanas", afirmó.
La advertencia es clara: el verdadero alcance de la nueva estrategia de Milei sobre Malvinas todavía no está definido.
Lo que sí parece haber comenzado es una nueva partida, con Argentina en el centro de un tablero donde ya no juegan solamente Buenos Aires y Londres. También están Washington, Beijing, Santiago y, cada vez con más fuerza, los intereses estratégicos que miran hacia el Atlántico Sur y la Antártida.
Fuente: Primera Edición
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