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Mario Pergolini en el Bootcamp Empresarial: "Nadie en esta sala puede decir que no se lleva bien con la tecnología"

El empresario y conductor repasó su trayectoria en radio y televisión, analizó los avances de la inteligencia artificial y planteó desafíos para empresas, docentes y trabajadores.

Por Melisa Sbrocco13 min de lectura
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Mario Pergolini en el Bootcamp Empresarial: "Nadie en esta sala puede decir que no se lleva bien con la tecnología"
Mario Pergolini en el Bootcamp Empresarial: "Nadie en esta sala puede decir que no se lleva bien con la tecnología" · Foto: Los Andes

El empresario y conductor repasó su trayectoria en radio y televisión, analizó los avances de la inteligencia artificial y planteó desafíos para empresas, docentes y trabajadores.

Mario Pergolini cerró el Bootcamp Empresarial Mendoza con una charla sobre innovación, inteligencia artificial y los cambios que atraviesan los negocios.

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Mario Pergolini cerró el Bootcamp Empresarial Mendoza con una reflexión sobre la innovación, los negocios y los cambios que introduce la inteligencia artificial en el trabajo y la vida cotidiana. El empresario y conductor repasó cómo convirtió sus primeras experiencias en la radio y la televisión en proyectos propios y explicó por qué la curiosidad y el conocimiento técnico fueron claves para desarrollar productos que después llegaron a otros mercados.

Durante la conversación, advirtió que la inteligencia artificial avanza a un ritmo que obliga a revisar la educación, las profesiones y las decisiones de empresas y gobiernos. "Nadie en esta sala se puede permitir decir: 'Yo con la tecnología me llevo mal'", planteó, al sostener que aprender a utilizar estas herramientas será cada vez más importante para no quedar excluido de las transformaciones en marcha.

El empresario repasó su experiencia en la radio y la televisión, desde sus primeros proyectos hasta la creación de formatos que llegaron a mercados internacionales.

Pergolini contó que desde los 16 años quería trabajar en los medios y hablar de música. Como no encontraba espacios radiales orientados a los jóvenes, se ausentó durante 15 días del colegio para buscar una oportunidad en distintas emisoras. Finalmente, consiguió ingresar a Radio Belgrano. La perseverancia, explicó, fue una de las primeras herramientas que le permitieron abrirse camino.

A los 18 años, junto con amigos, armó una radio propia con equipos improvisados y conocimientos técnicos. Su formación como técnico electromecánico y la experiencia de sus compañeros les permitieron experimentar con los recursos que tenían a disposición. La frecuencia incluso se modificaba cuando los equipos se recalentaban, pero el proyecto les dio la posibilidad de aprender y hacer algo que no encontraban en otros espacios.

Su interés no se limitaba a conducir programas o alcanzar popularidad. Cuando la radio en la que trabajaba no podía contratar más personal, buscó una alternativa y organizó una estructura de producción con otros talentos. Se involucró en la operación técnica, la edición y el desarrollo de herramientas para agilizar el trabajo.

Uno de esos avances fue un sistema electrónico para disparar sonidos y música mediante teclas, en lugar de tener que rebobinar casetes para encontrar cada fragmento. La tecnología le permitía mejorar el producto y diferenciar sus programas, aunque el negocio central siguiera siendo el entretenimiento.

Durante el cierre del Bootcamp, Pergolini también repasó una etapa decisiva de su carrera como la creación de contenidos propios junto con su socio Diego Guebel. Después de atravesar una crisis económica que afectó al negocio televisivo y los dejó sin trabajo, ambos propusieron un modelo diferente al habitual. En lugar de limitarse a conducir programas contratados por un canal, buscaron desarrollar ideas propias, calcular sus costos y participar de los resultados.

En ese momento, explicó, no era frecuente que una productora independiente vendiera un formato televisivo como un producto en sí mismo. La propuesta consistía en crear un programa, desarrollar su identidad y construir un modelo de negocio que permitiera comercializarlo.

Una de las herramientas que les permitió avanzar fue Avid, un sistema de edición digital que posibilitaba cortar y reorganizar imágenes desde una computadora. Hasta entonces, el trabajo se realizaba con cintas y exigía localizar físicamente los fragmentos que después se emitirían. Pergolini relató que su equipo pasó semanas intentando activar una de esas máquinas hasta descubrir sus posibilidades.

En el cierre del Bootcamp Empresarial Mendoza, Pergolini sostuvo que las empresas deben identificar qué procesos necesitan mejorar antes de incorporar inteligencia artificial.

La herramienta transformó la manera en que producían televisión. En programas como El Rayo y Caiga Quien Caiga, pudieron editar con mayor velocidad e incorporar efectos visuales que todavía no eran habituales en la pantalla argentina. Para lograrlo, combinaron la tecnología con la experimentación y desarrollaron métodos de trabajo propios.

El uso de Avid llamó la atención de los propietarios del sistema, que se contactaron con el equipo para conocer cómo lo utilizaban. En lugar de impedirles continuar, les facilitaron una nueva máquina a cambio de que compartieran periódicamente información sobre sus procedimientos y los resultados obtenidos.

A partir de esa experiencia, Pergolini y Guebel documentaron su metodología y comenzaron a comercializar sus formatos. "Caiga Quien Caiga" llegó a producirse en España, Francia, Italia, Chile, Brasil e Israel, recordó. La experiencia mostró que una idea podía convertirse en un negocio internacional cuando se combinaba con una forma de producción diferenciada y un método que podía replicarse en otros mercados.

Al analizar el desarrollo de la inteligencia artificial, Pergolini sostuvo que estas herramientas ya están ocupando tareas que antes realizaban las personas, aunque su adopción todavía presenta dificultades. También señaló que algunos avances están llegando antes de lo que se esperaba hace apenas unos años.

A su entender, parte de la discusión actual pasa por determinar qué necesidades resuelven realmente estas tecnologías y cómo se incorporan a la vida cotidiana. Advirtió que, mientras se multiplican las aplicaciones, también aparecen señales de que algunas propuestas no terminan de ofrecer lo que los usuarios esperan.

Para Pergolini, el debate no debería limitarse a la incorporación de nuevas herramientas, sino que debe incluir los cambios que generan en la organización del trabajo y en la formación de las próximas generaciones. En ese proceso, consideró fundamental la participación conjunta del sector público, las empresas y el sistema educativo.

"Tenemos que empezar a tomar una decisión, casi a nivel global, sobre cómo vamos a explicarle a las nuevas generaciones qué deberían estudiar y cómo deberían estudiar", planteó. También señaló que será necesario revisar el rol de los docentes, que podrían asumir nuevas funciones como tutores y acompañantes de los procesos de aprendizaje.

El empresario describió el momento actual como una transformación profunda que avanza con tanta rapidez que dificulta la planificación. Según su mirada, la sociedad todavía está tratando de comprender los alcances de una tecnología que ya modifica actividades, profesiones y formas de acceder al conocimiento.

Pergolini explicó que las consultas que recibe de otras empresas también cambiaron. Antes, recordó, le preguntaban cómo digitalizar una compañía; ahora, muchas personas quieren saber cómo incorporar inteligencia artificial y automatizar tareas cuanto antes.

Frente a esa demanda, sostuvo que no todas las empresas necesitan aplicar inteligencia artificial de la misma manera. Para ilustrarlo, mencionó el caso de un negocio dedicado a la venta de fiambres, antes de incorporar una herramienta, es necesario identificar qué procesos podrían mejorarse y qué problemas concretos se busca resolver.

La automatización, señaló, debe responder a una necesidad real y no convertirse en un objetivo por sí mismo. La elección de herramientas, agentes o sistemas depende de la actividad, los recursos disponibles y las tareas que efectivamente puedan optimizarse.

En esa misma línea, recordó que la inteligencia artificial puede utilizarse en ámbitos muy diferentes, desde la programación hasta la investigación de audiencias. Sin embargo, no todos los modelos ofrecen las mismas capacidades ni las mismas condiciones de privacidad. Por eso, explicó, en sus proyectos evalúan qué sistemas se adaptan mejor a cada cliente y qué combinaciones de herramientas permiten alcanzar los resultados buscados.

El planteo apunta a distinguir entre adoptar una tecnología por tendencia y utilizarla con un propósito definido. Antes de automatizar, las empresas necesitan entender sus procesos y reconocer dónde la herramienta puede aportar valor.

Pergolini consideró que el desarrollo de la inteligencia artificial no depende únicamente de los avances técnicos. También está atravesado por diferencias políticas, económicas y culturales entre las regiones que compiten por liderar esta tecnología.

En su análisis, distinguió entre los enfoques de Europa, Estados Unidos y China. Describió a Europa como una región que pone mayor énfasis en la regulación y la protección de los datos, aunque advirtió que ese marco también genera preocupación por la pérdida de competitividad. En contraste, caracterizó al modelo estadounidense como más orientado al mercado y al desarrollo comercial.

"Nadie en esta sala se puede permitir decir que con la tecnología se lleva mal", afirmó Pergolini al plantear la importancia de adquirir conocimientos tecnológicos para evitar quedar excluido de los cambios actuales.

Sobre China, señaló que tiene una visión diferente de la organización de la sociedad y destacó el avance de sus desarrollos de inteligencia artificial, incluidos proyectos que liberan parte de su código. Según planteó, esa estrategia convive con modelos de negocio en los que otras compañías cobran por el uso de sus sistemas.

Para el empresario, esta competencia excede el funcionamiento de las herramientas y forma parte de una disputa geopolítica por el conocimiento, los datos y la capacidad de influencia. También advirtió que es necesario debatir dónde se instalan estos sistemas, quién los controla y qué consecuencias puede tener su uso en áreas estratégicas.

Al referirse a los riesgos, utilizó una comparación con el universo de Star Wars para plantear el temor a que una tecnología distribuida en múltiples ámbitos pueda quedar bajo el control de alguien que decida utilizarla con otros fines. No obstante, aclaró que esa posibilidad no implica que el desarrollo actual conduzca necesariamente a ese escenario.

Su posición fue que los riesgos deben analizarse sin perder de vista las aplicaciones concretas. La regulación de la inteligencia artificial será compleja, consideró, porque las decisiones sobre su desarrollo y utilización involucran intereses económicos, políticos y sociales que no son iguales en todos los países.

Más allá de las discusiones sobre regulación y competencia internacional, Pergolini puso el foco en la necesidad de que las personas aprendan a utilizar la tecnología, independientemente de su edad o profesión. Para él, no es necesario convertirse en programador, pero sí desarrollar la capacidad de explorar herramientas y entender para qué sirven.

"Nadie en esta sala se puede permitir decir: 'Yo con la tecnología me llevo mal', porque los va a dejar totalmente excluidos", advirtió. Según explicó, las herramientas actuales permiten consultar dudas, recibir orientación y resolver desde tareas sencillas hasta problemas más elaborados.

En ese contexto, consideró que la curiosidad es una habilidad central. La posibilidad de preguntarle a un sistema cómo realizar una tarea, pedirle que explique algo de otra manera o volver a consultar cuando una respuesta no resulta clara reduce algunas de las barreras que antes dificultaban el aprendizaje.

También señaló que la tecnología ofrece oportunidades para personas que, por su edad, podrían sentir que ya no tienen margen para incorporar conocimientos nuevos. Mencionó especialmente a quienes tienen entre 50 y 70 años y alentó a que se acerquen a estas herramientas sin miedo a equivocarse ni a formular preguntas básicas.

Para ilustrar ese cambio, habló de la posibilidad de aprender a realizar tareas cotidianas con ayuda de tutoriales y contenidos publicados por otros usuarios. Recordó el caso de personas que explican en YouTube cómo reparar un electrodoméstico, incluso cuando sus videos tienen muy pocas visitas. Esa colaboración espontánea, sostuvo, muestra cómo internet amplió el acceso a conocimientos prácticos.

La inteligencia artificial suma otra posibilidad: adaptar una explicación cuando el usuario no la comprende. En lugar de depender de una única respuesta, una persona puede pedir que se la expliquen de una forma más sencilla y continuar preguntando hasta entender el procedimiento.

Pergolini vinculó esa dinámica con una cultura más colaborativa, en la que los usuarios comparten experiencias, resuelven problemas y ponen sus conocimientos a disposición de otros. Por eso, insistió en que el aprendizaje tecnológico no debería delegarse exclusivamente en los más jóvenes ni depender de familiares que ayuden a resolver cada dificultad.

"No se permitan no ser curiosos", fue una de las ideas centrales de su planteo. Para Pergolini, la posibilidad de aprender y experimentar está disponible para más personas, y el desafío consiste en animarse a utilizarla.

La transformación de las audiencias también cambió la forma de vender publicidad. Mientras que los medios tradicionales desarrollaron buena parte de su negocio a partir de mensajes dirigidos a grandes grupos, las plataformas digitales permiten segmentar los anuncios según los intereses y los hábitos de cada usuario.

Pergolini resumió esa evolución con una comparación: "Hoy no se grita más; hoy nosotros le decimos al oído a la gente que quiere escuchar eso". La frase apunta a un cambio en la lógica publicitaria: en lugar de intentar llegar a todos, las empresas pueden concentrar sus recursos en los públicos con más posibilidades de interesarse por un producto o servicio.

Durante su exposición en Mendoza, Pergolini destacó la importancia de la curiosidad y el aprendizaje para adaptarse a los cambios tecnológicos.

Para los medios y los anunciantes, esta posibilidad modifica tanto la producción de contenidos como la manera de evaluar los resultados de una campaña. Ya no alcanza con conocer la cantidad de personas que ven un programa o una transmisión. También importa identificar quiénes son, qué consumen y qué relación tienen con las marcas que aparecen en esos espacios.

El desarrollo de eventos y contenidos digitales, como The Game Awards, forma parte de ese escenario en el que las comunidades específicas adquieren valor comercial. La publicidad se integra a propuestas diseñadas para públicos determinados y permite explorar alternativas distintas de los avisos tradicionales.

Las transformaciones de la industria también atraviesan su mirada sobre el emprendedurismo. A partir de su experiencia con distintos proyectos, Pergolini recomendó animarse a desarrollar una idea, pero sin confundir la convicción inicial con la obligación de sostenerla a cualquier costo.

El entusiasmo es importante para poner en marcha un negocio, aunque debe estar acompañado por una planificación que contemple los recursos disponibles, los plazos y las posibilidades reales de crecimiento. Por eso, insistió en la necesidad de establecer un presupuesto y un límite de tiempo para evaluar si una iniciativa puede funcionar.

La gestión resulta determinante cuando una idea empieza a convertirse en una empresa. Contar con una propuesta atractiva no garantiza que el negocio sea viable: también hace falta analizar el mercado, administrar los recursos y reconocer cuándo es necesario modificar el rumbo.

En ese proceso, Pergolini propuso revisar la manera en que los emprendedores interpretan a quienes desarrollan soluciones similares. En lugar de considerar automáticamente a otra empresa como una amenaza, sugirió evaluar si puede convertirse en una aliada para complementar conocimientos, tecnología o capacidad de producción.

"A lo mejor donde viste un competidor, hoy puede haber un socio", planteó. La posibilidad de colaborar con otros equipos, en lugar de intentar resolver cada desafío de manera individual, puede abrir oportunidades que no estaban contempladas en el planteo inicial.

Esa lógica de colaboración apareció en el relato sobre Ato, un proyecto que surgió de una necesidad familiar y evolucionó hacia el desarrollo de un producto tecnológico. Pergolini contó que su madre, de alrededor de 70 años y con dificultades de visión, necesitaba asistencia para resolver algunas actividades cotidianas. A partir de esa situación, él y su equipo comenzaron a trabajar en un dispositivo capaz de interactuar con ella mediante conversaciones.

La propuesta buscaba que la tecnología pudiera responder preguntas y acompañar rutinas diarias de una manera accesible. Para avanzar, recurrieron a modelos de inteligencia artificial conversacional y desarrollaron un dispositivo pensado para interactuar por voz, con el objetivo de facilitar el uso a personas que encuentran barreras en las interfaces tradicionales.

Durante ese proceso se encontraron con otro emprendedor, Juan Serejido, que había desarrollado una solución con objetivos similares. En lugar de continuar por caminos separados, los equipos decidieron unir sus capacidades y combinar conocimientos vinculados con el hardware y el software.

De esa colaboración nació Ato, un proyecto que, según explicó Pergolini, avanzó con el acompañamiento de una incubadora. La iniciativa también requirió resolver cuestiones relacionadas con el desarrollo tecnológico, el tratamiento de datos y la producción del dispositivo, con operaciones radicadas en Estados Unidos.

Durante la exposición en Mendoza, Pergolini compartió cifras sobre el avance comercial del emprendimiento y mencionó que el equipo preparaba una ronda de inversión de unos 7 millones de dólares.

Fuente: Los Andes

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