Martín Miguel de Güemes: con poncho de Los Infernales, sus descendientes porteños se reunieron en Cañuelas para rendirle homenaje
A 205 años de su muerte, la rama porteña de los herederos del héroe independentista del norte argentino se reunió en un campo de Cañuelas para mantener viva la memoria de su antepasado

A 205 años de su muerte, la rama porteña de los herederos del héroe independentista del norte argentino se reunió en un campo de Cañuelas para mantener viva la memoria de su antepasado
Es domingo, poco antes del mediodía. El frío aprieta con vigor en un campo de Cañuelas. Sin embargo, es un día de sol pleno y sin viento. En la distancia, entre los árboles que adornan el paisaje otoñal, se ve un grupo de jinetes que se aproxima. Los hombres, mujeres y hasta niños que montan sus caballos tienen un detalle en común: visten un poncho colorado con una banda negra.
Es una prenda emblemática, un símbolo que los identifica con su antepasado en común: el general Martín Miguel de Güemes.
Es que el domingo pasado, con el fin de conmemorar el 205 aniversario del fallecimiento del prócer salteño, una parte de su descendencia se reunió para honrar a su ancestro. "Somos la rama porteña de los descendientes de Güemes, los que provenimos del médico Luis Güemes, nieto del general. Hace bastante que teníamos ganas de hacer una juntada así, tan masiva. Esta vez fuimos alrededor de 100 personas. Por lo menos cuatro generaciones", dice a LA NACION Dolores 'Lola' Güemes, una de las descendientes del caudillo norteño y también quien formó parte de la organización de este encuentro.
El lugar de la reunión familiar, pletórico de aires gauchescos, es una estancia en el partido bonaerense de Cañuelas. "Somos todos vecinos de este campo -aclara Lola-. Era un terreno original que se fue dividiendo, entonces quedamos los primos que nos cruzamos siempre a caballo de un lado al otro. Un día dijimos: '¿Por qué no nos juntamos y hacemos, con motivo del aniversario de Güemes, un festejo grande?'".
Así fue que decidieron encontrarse, en una jornada que fue de memoria y celebración. Y también para reforzar en los más pequeños los valores que legó Martín Miguel de Güemes: "Es bueno que las nuevas generaciones mamen también ese orgullo que tenemos de siempre tener presente a Güemes, de conocer sus hazañas, de que los chicos sepan de dónde vienen, qué hizo el general y qué tiene que ver con ellos y con la familia. Es una forma de mantenerlo vivo", explica la organizadora del encuentro.
Los primos de los campos vecinos llegaron al lugar a caballo cerca del mediodía. Allí los esperaban las tradicionales empanadas salteñas y un suculento guiso de lentejas, que se coció al fuego de las brasas. "Desde el viernes a la noche empezó la preparación del guiso. Los que dormimos en el campo nos levantamos el domingo con la helada, y empezamos con los fuegos bien temprano", aclara la anfitriona, que añade que para el encuentro hubo una preparación previa "bastante ardua" y que cada uno de los visitantes tenía "una tarea asignada".
Dos siglos después de su muerte, la memoria de Güemes no solo permanece entre quienes llevan su sangre. Su figura se recuerda como la de quien ocupó un papel trascendente en las luchas por la libertad sudamericana.
"Güemes privilegió la independencia de las Provincias Unidas por sobre toda otra cosa. De ahí el ámbito continental de su actuación. En combinación permanente con (José de) San Martín, el plan de Libertador de avanzar por Chile y Perú no hubiera sido siquiera pensable sin Güemes", expresa Juan Martín Güemes, padre de Lola y un estudioso de la vida del general salteño quien, junto a Francisco Lanusse Güemes, aceptó realizar una semblanza de su antepasado para LA NACION.
"De facilitarse las cosas, estaba previsto que Güemes avanzara hacia el Alto Perú (hoy, Bolivia) en una acción de pinzas contra los realistas. Cuando se aprestaba eso, falleció. Fue el único prócer independentista muerto en combate", continúan los descendientes del general salteño.
Para destacar la importancia de este prócer, de acuerdo con sus descendientes, tenía un vínculo "de igual a igual" con otros prohombres de la talla de San Martín y Belgrano. Pero hay una cosa que ambos necesitan aclarar acerca de su antepasado: "Téngase en cuenta, desvirtuando cierto aserto instalado, que Salta se hallaba por aquel entonces geográficamente en mitad de las Provincias Unidas, lo que significó que el prócer jamás defendió una frontera".
La tarde en Cañuelas transcurrió plácidamente. Además del guiso y las empanadas, se sumaron los pastelitos y el mate. El ambiente campero se completó también con la música y el baile. "Llegaron la guitarra, los bombos y demás. La gente empezó a cantar y a bailar", dice Lola, que añade: "Todo fue folklore. Los Chalchaleros y otros clásicos, casi todos de Salta".
"De hecho, uno de los momentos de mayor emoción fue cuando todos cantamos juntos "Campanitas", con el comienzo 'En un pueblito de Salta, la gente de baile está...'", recuerda la anfitriona. Después, revive otro de los momentos que conmovió a los presentes: "Fue cuando recordamos a los que ya no estaban. A Luis Ruete Güemes y Francisco Güemes, dos tíos que habían fallecido hace relativamente poco. Fue como el momento más sensible del día. Pero después, fue todo alegría y brindis".
Uno de los detalles que resaltaron en la juntada de los descendientes del prócer fallecido el 17 de junio de 1821 fue que gran parte de los que participaron de la reunión llevaban un poncho muy particular. "La idea de la tradición es esa, que todos, grandes y chicos, lleven el poncho de Los Infernales, que tiene cierto color entre rojo y bordó, y una banda negra, que representa el luto después de la muerte de Güemes".
"El ejército de Güemes —explica Juan Martín Güemes - estaba formado por soldados de línea y también por las llamadas 'milicias', que eran convocados en época de guerra. Pero también tenía bajo su mando a 'Los Infernales', un escuadrón de elite formado por él mismo, integrado por gauchos de Salta, Jujuy y Tarija. Se llamaron así por oposición al escuadrón de "Los Angélicos" de los españoles.
En la ceremonia, que se practicó al aire libre, la postal campestre se completó con varios fogones, carretas como las que circulaban por las pampas en el siglo XIX, y la presencia estelar de dos banderas: la celeste y blanca de la Argentina y la de Salta, del mismo color del poncho de los Infernales y con el escudo provincial en el centro.
En ese contexto, cuando avanzaba la tarde se produjo otro de los actos que marcaron la jornada: el brindis. "Se hizo principalmente para agradecer a todos por haber venido, para resaltar el compromiso de repetirlo cada año y agradecer al general por semejante legado". Al levantar la copa, entre todos los familiares sonó un "¡Salud!", en homenaje al general Güemes.
"Se brindó también por todo el orgullo que nos da saber que fue el único general muerto en combate y recordarlo siempre nos da una emoción muy grande", dice Lola Güemes. Al enumerar los valores que dejó el militar salteño, la mujer destaca: "Puede resumirse en amor por la patria, liderazgo, humildad y coraje, teniendo en cuenta que dio la vida por la Independencia de su país".
Güemes fue herido con un tiro en la espalda en la ciudad de Salta el 7 de junio de 1821. El valiente líder fue víctima de una emboscada realista cuando salía de visitar a su hermana Macacha.
"Durante su agonía en un descampado, Güemes recibió propuestas de las autoridades enemigas (como el general español Pedro Antonio Olañeta) donde le ofrecían atención médica, dinero, cargos y mil sobornos más a cambio de su rendición", cuentan Juan Martín Güemes y Lanusse Güemes, para luego añadir: "Él rechazó con justa indignación e hidalguía todos los ofrecimientos y antes de morir ordenó al coronel Jorge Enrique Vidt continuar la guerra hasta lograr la victoria final".
Diez días después de ser herido, el líder salteño murió en el paraje La Quebrada de la Orqueta, a unos 35 kilómetros de la ciudad de Salta. Fue en la fecha en que se lo recuerda hoy, el 17 de junio. Tenía tan solo 36 años.
–Lola, ¿sueñan con hacer alguna vez una reunión más grande, con la rama de Salta?
–Sí. Es más complicado, pero sí. Todos los años amagamos con que vamos a ir a Salta, nos invitan siempre al desfile que se hace todos los 17 de junio, y también a hacer la vigilia bajo las estrellas, pero se complica. Es el sueño de todos hacerlo. Ir al campo familiar de allá para poder celebrarlo también.
–¿Cuál es la vigilia bajo las estrellas?
–Es como la representación de la noche previa a que el general se muera, cuando estaba agonizando. Fue cuando todos los gauchos, los Infernales y la gente que lo seguía se quedó haciendo vigilia bajo las estrellas como para acompañarlo en sus últimos momentos antes de morir. Cada año, los salteños se juntan para hacer la vigilia frente al Monumento a Güemes, en la capital de la provincia.
–¿Podría contarme cuál es la sensación de llevar sangre de Güemes en sus venas?
–A ver... papá es un descendiente súper orgulloso y aparte le encanta la historia, así que incorporamos de chiquitos ese tema con mucho orgullo. Nos preguntaban en el colegio, después en la facultad, ahora le preguntan a los más chicos. Nos da un orgullo enorme saber que venimos de ahí, de todos los logros del general, de la importancia que tuvo para el país. Después, cuando se declaró feriado nacional, que no fue hace tanto tiempo, por fin se empezó a darle la importancia que todos nosotros ya le dábamos.
Cuando el sol se va y el frío se hace más rudo, los que llegaron a caballo al campo de Cañuelas, unas 25 o 30 personas, retoman sus monturas para pegar la vuelta. La reunión languidece, pero quedan en el aire los ecos familiares y la promesa de volver a encontrarse el próximo año. El general Güemes ha tenido, muy lejos de sus pagos, un merecido homenaje entre sus descendientes.
Fuente: La Nación
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