Más de 6,2 millones de hogares argentinos tienen problemas de servicios, hacinamiento o materiales
Un Atlas de vivienda revela que más de 6,2 millones de hogares necesitan mejoras y casi 687 mil requieren una nueva vivienda en Argentina.

El acceso a una vivienda adecuada continúa siendo una de las grandes deudas estructurales de la Argentina. Un nuevo relevamiento elaborado en el marco del Atlas de la Vivienda Digna y Sustentable en Argentina muestra que alrededor de cuatro de cada diez hogares presentan algún tipo de déficit, ya sea porque necesitan una vivienda nueva o porque la que habitan requiere mejoras sustanciales.
El estudio fue desarrollado por Saint-Gobain junto con el Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad Nacional de San Martín (CEEU-UNSAM) y busca construir una radiografía integral de las condiciones habitacionales del país a partir de indicadores de vivienda, infraestructura, calidad constructiva y sustentabilidad. El propio documento plantea como objetivo establecer una línea de base cuantitativa que permita comparar territorios y orientar futuras políticas y estrategias.
Los resultados muestran dos dimensiones diferentes del problema.
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Por un lado, 6.272.765 hogares, equivalentes al 36,36% del total, presentan déficit habitacional cualitativo. Se trata de viviendas que no necesariamente deben ser reemplazadas, pero que presentan carencias vinculadas con servicios, hacinamiento, instalaciones o materiales que pueden ser mejorados.
Por otro, 686.925 hogares, el 4,31%, tienen déficit habitacional cuantitativo, lo que significa que requieren una nueva solución habitacional. Dentro de este grupo, 233.286 hogares viven en condiciones de cohabitación forzada y 464.508 ocupan viviendas consideradas irrecuperables.
La falta de infraestructura aparece como uno de los componentes de mayor peso. El Atlas señala que 4.054.250 hogares, el 25,45%, carecen de acceso adecuado a servicios básicos, una categoría que incluye deficiencias en agua, electricidad o cloacas.
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El problema no se limita a la disponibilidad de una vivienda física. La calidad de vida depende también de que esa unidad esté conectada a redes esenciales, cuente con instalaciones seguras y pueda sostener condiciones mínimas de salubridad.
El documento que fundamenta el Atlas advierte justamente que la creciente urbanización latinoamericana convive con altos niveles de informalidad y precariedad habitacional, lo que amplifica las vulnerabilidades sociales y ambientales.
Otra de las dimensiones que expone el estudio es el hacinamiento. Más de 2,3 millones de hogares argentinos, el 14,98%, viven en condiciones en las que el espacio disponible resulta insuficiente para la cantidad de personas que lo ocupan.
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El Atlas relaciona esta situación con la falta de recursos familiares para acceder a viviendas de mayor tamaño, ampliar las existentes o ingresar al mercado formal de compra o alquiler.
A ello se suma otro grupo de 1.842.292 hogares, el 11,56%, con instalaciones o materiales inadecuados, particularmente en baños y cocinas.
La situación más crítica alcanza a las unidades que ya no pueden ser mejoradas. Según el relevamiento, 464.500 viviendas, equivalentes al 2,92% de los hogares argentinos, están construidas con materiales tan precarios que requieren reposición total.
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En esos casos, las intervenciones parciales no alcanzan para garantizar condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad.
El Atlas identifica entre las causas la autoconstrucción sin asistencia técnica, el uso de materiales de baja durabilidad y déficits históricos de inversión en mejoramiento habitacional.
El estudio incorpora además una dimensión que cobra cada vez mayor importancia: dónde están ubicadas las viviendas. Un 6,5% de los hogares argentinos reside en zonas inundables, mientras otro 4,1% vive en proximidad a basurales.
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Esto vincula directamente el déficit habitacional con la vulnerabilidad ambiental.
El documento introductorio del Atlas advierte que América Latina y el Caribe atraviesan una urbanización acelerada y que una parte considerable del crecimiento urbano ocurre en áreas marginales expuestas a riesgos naturales, agravados por el cambio climático.
La vivienda digna, por lo tanto, deja de ser solamente una discusión sobre cantidad de casas y pasa a incluir localización, acceso a infraestructura, calidad constructiva y capacidad de resistir fenómenos climáticos extremos.
El estudio también muestra que el déficit no se distribuye de manera homogénea en el país. Las provincias del norte argentino concentran históricamente mayores dificultades en acceso a infraestructura, calidad constructiva y hacinamiento, mientras los grandes centros urbanos presentan realidades diferentes según barrios y niveles de ingreso.
Esa desigualdad territorial es uno de los puntos centrales del proyecto. El Atlas fue diseñado justamente para construir indicadores que permitan identificar brechas y orientar respuestas diferenciadas según cada región.
En ese mapa, Misiones forma parte de una región donde las carencias habitacionales y de servicios básicos adquieren especial relevancia, en un contexto marcado además por lluvias intensas, expansión urbana y vulnerabilidad frente a inundaciones.
Para la provincia, esa discusión tiene además una particularidad: la disponibilidad de madera y el desarrollo forestoindustrial abren alternativas vinculadas con sistemas constructivos industrializados y sustentables. El propio proyecto del Atlas incorpora experiencias de vivienda en madera como ejemplo de soluciones adaptadas a contextos regionales.
Uno de los aportes centrales del relevamiento es mostrar que el problema habitacional argentino no se resuelve únicamente construyendo casas nuevas.
La mayor parte del déficit es cualitativa: millones de hogares ya poseen una vivienda, pero necesitan ampliaciones, conexiones a redes, mejoras sanitarias, materiales adecuados o intervenciones para reducir el hacinamiento.
El desafío, entonces, tiene dos caras. Para casi 687 mil hogares hace falta una nueva solución habitacional. Para más de seis millones, la prioridad pasa por mejorar lo existente.
La diferencia es clave para pensar políticas públicas, inversiones privadas y programas de infraestructura: el déficit habitacional argentino no responde a un único problema, sino a una combinación de falta de viviendas, precariedad constructiva, carencias de servicios y desigualdades territoriales.
Fuente: Primera Edición
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