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Maternidad: entre el mandato de "poder con todo" y la vida real

Un psicólogo explica cómo el embarazo transforma la identidad, qué lugar ocupan la angustia, el baby blues y la depresión posparto.

Por Viviana Bonada8 min de lectura
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Maternidad: entre el mandato de “poder con todo” y la vida real
Maternidad: entre el mandato de “poder con todo” y la vida real · Foto: Primera Edición

La noticia de un embarazo puede llegar cargada de alegría, pero sobre todo, de preguntas y emociones que no siempre entran en las fotos de la maternidad tradicional. Qué va a cambiar, cómo será asumir un nuevo rol, si se podrá con las responsabilidades que vienen o incluso cómo será el vínculo con ese hijo o hija que llega, son dudas que movilizan el mundo personal y emocional de la persona que gesta hasta lo más profundo: su propia identidad.

La psicología la define como una crisis vital justamente por eso. Y hablar de "crisis" no es sinónimo de enfermedad o de un problema: tiene que ver con que la maternidad reorganiza aspectos de la identidad femenina a partir de una nueva función. "Desde el momento que una mujer se entera que está embarazada, cambian todas las formas de pensar, las formas de sentir, porque es un momento clave en donde se vuelve a estructurar tu identidad con una función nueva", explicó el psicólogo Juan Pablo Brítez a PRIMERA EDICIÓN.

Las preguntas que abre esa etapa no terminan en el nacimiento. "¿Voy a ser buena mamá?" es un ejemplo de esas dudas que pueden acompañar a una mujer durante gran parte de la crianza y más, en un recorrido que no tiene respuestas idénticas, porque pone en juego los mandatos familiares y la necesidad de encontrar una manera propia de maternar.

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"Que la mujer esté embarazada se naturaliza como si fuera divino, perfecto, todo espectacular. La realidad es que no, tiene muchas perspectivas. Se ajusta a las historias individuales de cada mamá, a las historias familiares de cada mujer, y tiene otros colores. No es solo rosa, no es tan idealizada y a veces la presión porque sea así genera crisis emocional", aseguró el especialista.

La maternidad comparte con otros momentos de "crisis vital" el profundo sentido de cambio que siembra en la vida de la persona que lo atraviesa. En el caso de la maternidad, Brítez explicó que es mucho más que la rutina del sueño o los horarios. Ser mamá significa pisar el mundo desde otro rol.

"Cuando vemos una embarazada pisar la maternidad, tenemos que saber que es una persona que está en crisis, que necesitamos ayudarla. A veces no dimensionamos lo que es un embarazo para la cabeza de una mujer y de la familia", aseguró Brítez.

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Ese cambio tan drástico puede traer emociones tan distintas como la cantidad de mujeres que lo están viviendo. La alegría es solamente una opción, pero también hay lugar para la ansiedad, el miedo y, sobre todo, la angustia, una de las emociones de las que menos se habla.

"Dentro de lo que son los sentimientos de tristeza tenemos dos manifestaciones o desarrollos: uno es el baby blues, que es como una tristeza, un momento donde siente cansancio extremo y que normalmente es transitorio luego del parto, que puede tener que ver con los cambios hormonales de la mujer, con la adaptación al nuevo bebé y con el cansancio y la falta de sueño", explicó Brítez.

El segundo es un cuadro con síntomas más agudos, y que llega después del nacimiento: la depresión posparto, que de acuerdo al especialista "sucede y es más común de lo que creemos". Como dato orientativo, contó que la "según la OMS tenemos la casuística de una mujer cada seis (que la registran) y nosotros atendemos un montón de pacientes, que a veces en el pasillo son más de seis", dijo Brítez, quien se desempeña como jefe del Servicio de Salud Mental del Hospital Materno Neonatal.

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En ese sentido, Brítez consideró que la angustia o la tristeza no son emociones disociadas de la maternidad: como ocurre con el caso del baby blues, son sentimientos transitorios que forman parte del proceso, pero sí marcó que la autoexigencia personal y la presión social sobre la maternidad entran mucho en juego.

"Creemos que (la maternidad) tiene que salir por instinto, y los humanos no somos instintivos. Tenemos otra cosa que se llama pulsiones, deseos, ganas", dijo Brítez. Por eso, cuando empiezan a aparecer los problemas en esos nuevos desafíos de la maternidad, como la lactancia, la alimentación o la crianza en general, se crea el ambiente ideal no solo para la angustia, también para afirmaciones como "no soy buena mamá".

"La mayoría de las mujeres llegan muy fácil a esa conclusión solo por no saber hacer algo, entonces frente a eso es que con salud mental podemos llegar a pensar de otra manera: entender que hay procesos de aprendizaje para el maternaje, que no se nace sabiendo y que cada una puede construir su rol materno y que la tristeza no es incompatible con ese momento y que, inclusive, todos sus sentimientos son parte también", dijo Brítez.

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Y cuidar la salud mental en el embarazo impacta de lleno en la crianza, porque permite a la madre forjar un cuidado mas consciente, donde decide los sí y los no de su maternaje, pero también "va a facilitar que el terreno donde ese niño se estructura como personalidad sea un terreno saludable".

"Es tan importante empezar a transmitir valores de salud mental desde el embarazo para que una mujer, apenas sale con su bebé, tenga herramientas o pueda haber pensado 'a ver, me dijeron toda la vida que tengo que vivir para mi hijo, mi mamá, mi abuela, todas me dijeron lo mismo' y se pregunte si es así o no. Porque hubo, sí, muchas mujeres que en su historia han vivido para, y en realidad es vivir con. Es vivir con un hijo, es acompañarlo, es dedicarse, es ser responsable, pero también es ser responsable de una misma", agregó el psicólogo.

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La maternidad, por lo tanto, se construye desde lo aprendido y lo esperado, pero también desde lo propio. Por eso, Brítez sostuvo que es una oportunidad para que las mujeres, convertidas en madres, puedan repensarse a ellas mismas y eso que han aprendido respecto a qué significa ser mamá.

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"Si voy a ser buena mamá, es una pregunta que a todas las mujeres las atraviesa desde el momento que están embarazadas hasta que (sus hijos) tengan 18 años por lo menos. Entonces a veces también es comenzar a hablar del tema, empezar a entender que estas preguntas son válidas, comunes, esperables y que no traen un problema aparejado", afirmó Brítez.

Si del otro lado hay acompañamiento psicológico, las probabilidades de hacer eses ejercicio son mucho más amplias. "Uno a veces piensa que el psicólogo tiene todas las respuestas. No, las respuestas son del paciente. Nosotros les acompañamos", agregó.

La crisis vital del embarazo no se reduce únicamente al primero. Brítez explicó que cada hijo o hija llega con nuevos desafíos de identidad y de emociones debajo del brazo.

En ese sentido, planteó que la identidad materna "siempre se reestructura de alguna manera", porque cuando llega el segundo o tercer embarazo, surgen nuevas preguntas y los vínculos familiares cambian.

Brítez se refirió específicamente a una pregunta común: "¿será que le voy a querer igual que al primero?". "Y ya de vuelta volvemos a entrar en un período de crisis en donde hay que reordenar pensamientos, emociones, sentimientos, roles", dijo.

En el abordaje en consultorio de estas situaciones, aseguró que "es muy interesante poder ayudarlas a entender que no todo tiene que ser como les dijeron que tenía que ser y que pueden, y deben construir, su historia individual con cada hijo".

Por eso, ante los mandatos como "tenemos que querer a todos los hijos por igual", planteó preguntas y una reflexión: "¿Será? ¿se puede? Cada mamá es diferente con cada hijo, pero no porque haga la diferencia, sino porque cada hijo es una personita individual con la que comparte cosas diferentes" .

El cruce del embarazo con la salud mental también permite explorar el tema del cuidado y el lugar que ocupan los hombres y el entorno familiar, que también atraviesan ese cambio de empezar a ocupar un nuevo rol: padres, tías, abuelos nacen de la mano con el nuevo integrante de la familia.

En la lupa del análisis, entonces "incluimos no solo a la mamá, es mamá, bebé y familia", dijo Brítez. De hecho, se refirió a la construcción de "maternajes y paternajes más saludables" en conjunto, aunque para los hombres es un desafío distinto.

Involucrarse es el primer paso. "Hoy hasta tenemos el programa Paternar que incluye al papá en los controles prenatales. Es un trabajo de hormiguita hacer que los varones se incluyan en los controles prenatales", contó el psicólogo.

Y marcó diferencias respecto a algunos años atrás: "Cuando yo empezaba, me acuerdo muy bien que los varones estaban como por fuera de la maternidad. Llegaban hasta el turno y decían 'bueno, yo me quedo acá afuera esperando a ver qué pasa'. Hoy los incluimos, tienen que entrar. Y hay un cambio abismal en esa postura también. Los varones acompañan, están en las consultas, preguntan cosas. Por supuesto, no todos, pero la gran mayoría hoy por hoy está cambiando también ese perfil de cómo ser papás".

Fuente: Primera Edición

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