"Me gusta salir a otros países, conocer sistemas productivos"
Andrés Perea llegó a EEUU para hacer un doctorado y hoy investiga en ganadería de precisión.

El jujeño Andrés Perea vive en Nuevo México, el sur de Estados Unidos donde desarrolla su vocación. Llegó a en 2022 para cumplir un objetivo de hacer un doctorado en el exterior, y ahora sigue un posdoctorado en medio del desierto de Chihuahua donde investiga en ganadería de precisión usando tecnología, que lo llevó a disertan en varios países y espera algún día traer a Jujuy, donde tiene raíces en el sector productor.
Perea es ingeniero en Producción Animal, formado en Tucumán, con una maestría en Nutrición de Rumiantes realizada en Buenos Aires, trabajó en el Inta y en la Universidad Nacional de Jujuy. La posibilidad de irse al exterior surgió tras un encuentro académico con el investigador argentino Andrés Cibils, profesor de la New Mexico State University (Nmsu), mientras Perea trabajaba para la cátedra de Producción Animal 2 de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Unju. Después de ese contacto llegó la propuesta para realizar un doctorado.
El viaje estaba previsto para 2020, pero la pandemia demoró los planes y a comienzos de 2022 recién pudo instalarse en Las Cruces, una ciudad ubicada al sur de Nuevo México, en medio del desierto de Chihuahua, Estados Unidos. Allí pudo cursar el postgrado dirigido por el Dr. Santiago Utsumi, también argentino y obtuvo el doctorado en Range Science, por lo que comenzó a trabajar en una especialidad que combina producción ganadera y tecnología, la ganadería de precisión.
En el laboratorio de Precision Ranching de la universidad investigan la aplicación de tecnologías para la producción ganadera extensiva en pastizales. Utilizan collares con sensores y GPS que se colocan en los animales y a través de la transmisión remota de datos pueden conocer en tiempo real dónde está cada vaca y qué actividad realiza. Luego, mediante técnicas de machine learning, analizan esos datos para determinar si los animales están comiendo, caminando, descansando o rumiando.
"Básicamente lo que hacemos es poner sensores montados en collares en las vacas y, con eso, a través de transmisión de datos remota, obtenemos los datos en tiempo real de los animales", explicó Perea.
Otra de las líneas de trabajo es el denominado alambrado virtual, una tecnología que permite establecer límites para los animales mediante geolocalización. Cuando una vaca se acerca al límite establecido recibe una señal sonora y si continúa avanzando, el sistema emite un estímulo para indicarle que debe regresar.
El trabajo que desarrolla en un ambiente extensivo y desértico despertó además interés de investigadores y empresas de otros países por lo que Perea tuvo la posibilidad de viajar por distintas zonas de Estados Unidos, participar de congresos y actividades vinculadas al tema. Perea tuvo además la posibilidad de viajar por diferentes estados de Estados Unidos y participar de congresos y experiencias internacionales en países como Costa Rica, Canadá, México, Colombia y España.
Pero al llegar a Estados Unidos la primera barrera fue el idioma. Cuando terminó la universidad no había estudiado inglés y comenzó a hacerlo después de los 30 años, mientras trabajaba y desarrollaba su carrera profesional. "Hay que venir acá y hay que hablarlo", contó al explicar la diferencia entre estudiar inglés en Argentina y enfrentarse al idioma en la vida cotidiana. En ese proceso agradeció especialmente el acompañamiento de su profesora, Fabiana Fosatti, quien lo ayudó para alcanzar el nivel requerido por la universidad.
La adaptación, sin embargo fue más sencilla por las características de Las Cruces que está muy cerca de México, el español forma parte de la vida cotidiana de la ciudad. "Vas al supermercado y más de la mitad de las personas están hablando en español", relató.
También encontró una comunidad universitaria diversa, con compañeros provenientes de Nigeria, Turquía, Bangladesh, Estados Unidos y otros lugares del mundo. La amabilidad de las personas y la posibilidad de comunicarse en español ayudaron a atravesar los primeros tiempos.
Las Cruces es una ciudad pequeña y tranquila, cerca de Ciudad Juárez, rodeada por el paisaje del desierto de Chihuahua. Llueve poco, pero cuenta con montañas y espacios naturales donde se puede hacer trekking, senderismo y ciclismo, y una opción es el parque de Gila.
Mientras desarrolla su trabajo, Perea mantiene una fuerte conexión con Jujuy. Sus padres, hermanos y sobrinos viven en Palpalá, donde creció en una familia vinculada a la producción avícola y ganadera. De allí surgió, precisamente, su inclinación por la producción animal.
De hecho, recordó que después de estudiar en la Escuela de Minas, se trasladó a Tucumán para formarse y luego comenzó su recorrido profesional en el Inta, ya que trabajó en el sur de Buenos Aires, realizó su maestría en Balcarce y más tarde regresó a Jujuy, donde trabajó en la agencia del Inta de Palma Sola y en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Unju.
Esa experiencia con los productores jujeños sigue presente en su trabajo actual. Aunque está lejos, piensa en la posibilidad de que las tecnologías que hoy estudia en Estados Unidos puedan aplicarse algún día en la provincia. "Me gustaría que estas cosas que estamos trabajando lleguen a Jujuy, lleguen a la Argentina para ayudar a los productores", sostuvo pensando especialmente en los pequeños productores con los que trabajó en la zona de Palma Sola y en las posibilidades que ofrecen las nuevas herramientas tecnológicas.
Por ahora, su vida transcurre entre la universidad, los campos experimentales y la investigación. Tras finalizar el doctorado, continúa como investigador posdoctoral en la New Mexico State University donde analiza futuras oportunidades en otros países y reconoce su interés por conocer diferentes sistemas productivos.
"No siempre hay oportunidades y a mí me gusta esto de salir a otros países, conocer los sistemas productivos y compararlos siempre con la producción que tenemos en Jujuy, en Argentina", contó.
Todavía no sabe cuál será su próximo destino. Por ahora disfruta de esta etapa profesional en Estados Unidos, mientras mantiene presente la posibilidad de regresar algún día y aportar desde su experiencia a la provincia que lo vio crecer.
Entre los sensores que monitorean animales en tiempo real, los campos del desierto de Chihuahua y las investigaciones sobre nuevas tecnologías, Perea disfruta de su trabajo y los logros académicos alcanzados, pese a que partió después de los 38 años.
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Fuente: El Tribuno de Jujuy
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