Milei profundiza su alianza con Estados Unidos y endurece su postura frente a China
La Casa Rosada busca transformar el acercamiento con Donald Trump en acuerdos concretos en comercio, tecnología, Defensa e infraestructura estratégica.

La Casa Rosada busca transformar el acercamiento con Donald Trump en acuerdos concretos en comercio, tecnología, Defensa e infraestructura estratégica.
Después de la cadena nacional en la que Javier Milei reforzó el reclamo argentino por las Islas Malvinas, el Gobierno busca aprovechar el nuevo escenario internacional para profundizar su alianza estratégica con Estados Unidos y avanzar en distintos acuerdos vinculados con comercio, tecnología, Defensa e infraestructura crítica.
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En la Casa Rosada consideran que las recientes declaraciones de Donald Trump sobre una eventual revisión de la posición estadounidense frente a Malvinas forman parte de un contexto más amplio de conversaciones que el Gobierno argentino venía manteniendo de manera reservada con Washington.
Según fuentes oficiales citadas por TN, los contactos sobre la cuestión Malvinas habían comenzado meses antes de que Milei anunciara que hablaría por cadena nacional. Parte de esas conversaciones se habría desarrollado mediante canales informales y con un grupo reducido de funcionarios.
El contenido de la cadena también fue manejado con especial reserva. La decisión de Milei de colocar nuevamente a Malvinas en el centro de la agenda internacional se produjo después de que Trump dejara abierta la posibilidad de revisar la postura histórica de Estados Unidos sobre la disputa.
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El Presidente, durante su mensaje, sostuvo que "las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho" y anunció nuevas medidas contra empresas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en el archipiélago. También impulsó la ampliación de recursos para Defensa con el objetivo de avanzar en una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego.
Con ese escenario como telón de fondo, la administración de Milei pretende convertir el acercamiento político con Estados Unidos en resultados concretos.
Uno de los principales objetivos está puesto en la tecnología. El Gobierno analiza avanzar con un esquema que permita identificar determinadas redes, centros de datos e instalaciones estratégicas como infraestructura crítica, además de establecer requisitos específicos para los proveedores tecnológicos que participen de esos sistemas.
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La discusión tomó especial relevancia por la presencia de tecnología de Huawei en infraestructura de Neuquén y por las advertencias de Washington respecto de compañías chinas consideradas estratégicas. El objetivo oficial sería establecer un marco general de seguridad para sectores sensibles, en lugar de limitar la discusión a una contratación puntual.
El conflicto tecnológico ya generó tensiones entre Washington y Beijing. En agosto, China cuestionó públicamente presiones estadounidenses vinculadas con un proyecto de una empresa argentina que trabaja con Huawei en una red de fibra óptica en Vaca Muerta.
El acercamiento con Estados Unidos ocurre en paralelo con un deterioro de la relación política entre la Argentina y China.
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Uno de los últimos episodios se produjo luego de declaraciones de Juan Carreira, director de Comunicación Digital de la Presidencia, quien atribuyó al Partido Comunista chino responsabilidad por una tragedia ocurrida en Nepal.
Las declaraciones generaron una protesta de la diplomacia china en Buenos Aires. Beijing reclamó una rectificación y calificó los dichos como afirmaciones sin sustento. Hasta el momento, la Casa Rosada no prevé una disculpa formal para cerrar la controversia.
La tensión también se refleja en la agenda diplomática. No hay actualmente una fecha confirmada para un eventual viaje oficial a China, una posibilidad que en distintos momentos había sido evaluada para funcionarios del Gobierno.
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Milei, además, no tiene previsto incluir Beijing entre sus principales destinos internacionales de los próximos meses.
La agenda presidencial estará, en cambio, fuertemente concentrada en Estados Unidos.
Milei tiene previsto viajar en septiembre a Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas, regresar en octubre a Washington para una actividad vinculada con el Mes de la Herencia Hispana y volver en diciembre para la cumbre del G20 en Miami.
Si bien por ahora no existe una visita confirmada a Mar-a-Lago, el Gobierno busca aprovechar esos viajes para ampliar los contactos con el entorno de Trump.
La intención es que el vínculo político tenga también un correlato económico.
Otro de los puntos centrales es la implementación del Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos firmado por el canciller Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer.
El entendimiento contempla una agenda amplia que incluye reducciones arancelarias, apertura de mercados, eliminación de barreras no arancelarias, cambios regulatorios y cooperación en energía, materiales críticos, infraestructura y tecnología.
En las últimas semanas, funcionarios estadounidenses mantuvieron reuniones con representantes argentinos para acelerar los compromisos pendientes.
En el Ejecutivo consideran que el nuevo clima político generado alrededor de Malvinas puede servir como impulso para avanzar con mayor rapidez en esa agenda.
La cooperación militar también ocupa un lugar destacado.
El Gobierno pretende que Estados Unidos pueda colaborar con asistencia técnica para la Base Naval Integrada de Ushuaia, una obra que Milei presentó como estratégica para reforzar la presencia argentina en el Atlántico Sur y mejorar las capacidades logísticas vinculadas con la Antártida.
La iniciativa forma parte del giro que la Casa Rosada busca imprimirle a su política de Defensa y coincide con el endurecimiento del discurso presidencial sobre Malvinas.
El anuncio de la base fue acompañado por la decisión de ampliar los recursos del Ministerio de Defensa mediante un decreto.
Mientras profundiza la cooperación con Washington, el Gobierno avanza con una política más estricta respecto de la presencia china en sectores considerados estratégicos.
La Casa Rosada mantiene bajo revisión distintas inversiones y proyectos vinculados con infraestructura tecnológica y energética, además de evaluar mecanismos para limitar la participación de proveedores considerados de riesgo en áreas sensibles.
La estrategia no implica, al menos por ahora, una ruptura comercial con Beijing. China continúa siendo uno de los principales socios económicos de la Argentina, pero el Gobierno está dispuesto a asumir mayores costos diplomáticos para alinearse con las prioridades estratégicas de Estados Unidos.
El giro internacional también tiene una lectura doméstica.
En el Gobierno buscan recuperar la iniciativa política y volver a instalar temas propios en la agenda pública, después de varias semanas marcadas por discusiones legislativas y dificultades para imponer una agenda unificada.
En ese contexto, la cuestión Malvinas aparece como una herramienta para recuperar protagonismo político de cara a 2027.
La Casa Rosada apuesta a que el reclamo de soberanía, combinado con el acercamiento a Washington y una agenda de inversiones, Defensa y tecnología, le permita mostrar resultados concretos antes de la campaña electoral.
El desafío será sostener ese equilibrio: profundizar la relación estratégica con Estados Unidos sin romper los vínculos económicos con China, mientras la disputa por Malvinas vuelve a ocupar un lugar central en la política exterior argentina.
El nuevo escenario ya excede el reclamo diplomático tradicional. La estrategia del Gobierno combina soberanía, energía, tecnología, Defensa, comercio e infraestructura crítica, con Estados Unidos como principal socio estratégico y una relación cada vez más compleja con Beijing.
Fuente: Diario Panorama
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