Misioneros residen en la Base Marambio de la Antártida y cuentan su experiencia: "Hacemos soberanía"
A más de 4.000 kilómetros de Misiones, en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, tres misioneros forman parte de la dotación

A más de 4.000 kilómetros de Misiones, en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, tres misioneros forman parte de la dotación de la Base Antártica Conjunta Marambio y sostienen, junto a decenas de compañeros, el funcionamiento de una de las principales puertas de entrada argentinas al continente blanco.
La dotación misionera en la Base Antártica Conjunta Marambio está integrada por la mayor Ángeles Delgado (43), perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina, quien se desempeña como jefa del Servicio de Sanidad; el sargento Darío Chuquel (31), integrante del Ejército Argentino y encargado de la sección Usina, responsable del funcionamiento de los sistemas que proveen energía y calefacción a la base; y el cabo principal Ignacio Martín Ortiz (35), miembro de la Fuerza Aérea Argentina, quien cumple funciones como bombero y auxiliar de clasificación de residuos.
Marambio es una de las bases permanentes argentinas en la Antártida y se caracteriza por contar con una pista aérea que permite mantener el vínculo logístico con el continente. Allí conviven actualmente 73 personas entre personal militar, tripulaciones aéreas, científicos y especialistas que desarrollan diversas tareas de investigación. La dotación invernante, encargada de permanecer durante todo el año, está integrada por 41 personas.
Delgado, es licenciada en enfermería de la Fuerza Aérea Argentina y previamente egresada de la Escuela de Enfermería de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), se desempeña como jefa del Servicio de Sanidad de la Base y tiene la responsabilidad de garantizar la atención médica de toda la dotación. "Tengo que asegurar la salud dentro de la base y resolver los problemas que puedan surgir. De igual manera tenemos contacto frecuente con el continente y la posibilidad de evacuaciones a través de las aeronaves de la Fuerza Aérea si fuera necesario", señaló. Asimismo sostuvo que es "un desafío permanente, tanto personal como profesional".
Chuquel, oriundo de Apóstoles, trabaja como mecánico y está a cargo de los motores que proveen energía y calefacción, dos servicios vitales para la supervivencia en el continente antártico. "Lo busqué, me postulé voluntariamente y por suerte se me dio. Hoy estar acá es un sueño hecho realidad para mí".
Por su parte, Ortiz, nacido en Posadas, cumple diversas funciones operativas como Bombero, entre ellas la gestión de residuos y atención al movimiento aéreo. "Hay que estar preparado para responder ante cualquier emergencia que pueda presentarse dentro de la base, la prevención es fundamental y gran parte de nuestro trabajo consiste en realizar controles permanentes y capacitaciones para minimizar cualquier riesgo".
Las jornadas comienzan temprano. A las 8 de la mañana se realiza una reunión general donde se coordinan las actividades del día. A partir de allí, cada sector desarrolla sus tareas específicas, siempre sujetas a las condiciones meteorológicas. Durante esta época del año la luz solar apenas alcanza entre cuatro y cuatro horas y media por día, con amaneceres cerca de las 10 y atardeceres alrededor de las 14.30. "Si bien tenemos horarios de actividades, el mantenimiento es prácticamente las 24 horas por el clima, por la luz solar y por varios factores. Es un ambiente geográfico muy particular", explicó Chuquel.
El clima impone sus propias reglas: "Hemos tenido sensaciones térmicas de menos 41 grados y tuvimos que salir igual a realizar actividades. Los mates se congelan, pero hay que estar presentes", recordó Delgado. En determinadas condiciones, los especialistas recomiendan no permanecer más de media hora en el exterior, aunque muchas tareas de mantenimiento deben realizarse igualmente para asegurar el funcionamiento de la base.
Respecto al tiempo de estadía detallaron: "Yo soy el más viejo, por decirlo así, en la base, llegué en septiembre" señaló Darío mientras que sus coterráneos arribaron el pasado mes de enero. "Nosotros cumplimos hoy cinco meses".
Pero la vida en Marambio no es solo trabajo. Una vez finalizadas las tareas operativas, gran parte del personal aprovecha la conectividad para continuar estudios universitarios o cursos de idiomas a distancia. También existen múltiples espacios destinados al esparcimiento y a fortalecer la convivencia.
Uno de los impulsores de esas actividades es precisamente Darío Chuquel, quien se convirtió en el "personal trainer" del lugar. Además de sus responsabilidades técnicas, impulsa rutinas físicas y actividades deportivas que ayudan a la salud durante los largos meses de estadía. "Mantenemos la mente ocupada, que es algo muy importante en un lugar como este. La actividad física ayuda a mantener la moral y la salud de todos los integrantes de la dotación".
El gimnasio se transformó en uno de los espacios más concurridos y forma parte de una estrategia integral para preservar el bienestar físico y emocional de quienes pasan un año entero lejos de sus hogares. "Somos un grupo muy unido", coincidieron.
La recreación también tiene un fuerte componente cultural. En Marambio, cada integrante lleva consigo parte de la identidad de su provincia y la comparte con el resto. Cuando les toca colaborar con la cocina, los misioneros aprovechan para acercar sabores y tradiciones de la tierra colorada.
"Uno trata de hacer cosas que nos acerquen a nuestra provincia, a nuestra infancia, para no olvidarnos de dónde venimos", expresó Ortiz. La música también cumple un papel fundamental. "Se escucha de todo un poco, pero sobre todo chamamé y folklore. Mario Bofill, Moni Encina… todo lo que nos acerca a nuestras raíces le damos para adelante con el parlante de Ángeles, ja", relató.
A esto último, agregó: "Nos hizo disfrutar de unos desayunos energéticos con reviro, con música característica de nuestra provincia. Cada uno le pone su temática cuando le toca ese servicio", contó Delgabdo.
La vida cultural incluye también peñas folclóricas, música en vivo, clases de baile y preparativos para las fechas patrias. Ortiz también está al frente de la escuela de danza de la Base Marambio, una propuesta recreativa que reúne a integrantes de la dotación interesados en aprender y practicar distintos ritmos. Los ensayos cobran especial importancia en la previa de las fechas patrias, cuando los participantes preparan presentaciones para compartir con toda la comunidad. "Tenemos un grupo muy lindo que se sumó a bailar y ya estamos trabajando para las próximas celebraciones, armamos una peña. También formamos un cuerpo de baile para las fechas patrias", agregó.
Sin dudas la particularidad entre todas las tareas de "Nacho" Ortiz, es la de su rol como referente religioso, ya que cumple una función muy especial, es ministro de la Eucaristía de la base. "Me desempeño como ministro de la base y tengo a cargo la capilla Nuestra Señora de Luján. Los domingos realizamos la lectura de la liturgia y quienes desean pueden recibir la Eucaristía", contó.
Otro aspecto singular de la vida en Marambio es la producción de vegetales frescos mediante un sistema hidropónico impulsado por un proyecto conjunto entre el INTA y el Comando Conjunto Antártico. Gracias a esta iniciativa, los habitantes de la base pueden consumir lechuga, rúcula y otras verduras producidas en pleno continente blanco, algo impensado décadas atrás.
El fútbol es una excusa perfecta para compartir momentos de distensión y sentirse un poco más cerca de casa. Gracias a la conectividad y a una pantalla instalada en el comedor principal, los partidos de la Copa del Mundo se transforman en verdaderos eventos comunitarios. "Antes de venir ya habíamos mandado a hacer nuestras remeras con los nombres para vivir el Mundial desde acá", contó Ignacio Ortiz. "Cuando juega Argentina nos reunimos todos frente a la pantalla gigante y se vive con muchísima expectativa", agregó.
La pasión futbolera atraviesa a toda la dotación, incluso entre quienes habitualmente no siguen el deporte. "Tenemos asegurados todos los partidos del Mundial, así que vemos prácticamente todo"
Los tres coinciden en que la experiencia antártica representa uno de los mayores desafíos de sus carreras. No sólo por las exigencias técnicas y ambientales, sino también porque obliga a convivir durante largos períodos con las mismas personas, lejos de la familia y de las comodidades habituales. En ese contexto, destacan que el compañerismo se vuelve fundamental.
"Acá estamos alejados de todo. Terminás la actividad y seguís con las mismas personas. No es que volvés a tu casa y te desconectas. Aprendés mucho sobre convivencia, compañerismo y sobre vos mismo", reflexionó Ignacio. "Uno empieza a descubrir características propias que pensaba que no tenía. Es una experiencia de autoconocimiento. Cuando miro para atrás y veo todo el camino recorrido, desde Misiones hasta acá, me siento muy conforme con mis logros personales y profesionales" añadió Ángeles. Por su parte, Darío fue muy claro al referirse a su estadía, a pesar de extrañar a la familia: "Cuando termine esta experiencia, seguramente me voy a llevar recuerdos para toda la vida".
Entre partidos de pool, noches de películas, entrenamientos físicos, celebraciones patrias y reuniones para alentar a la Selección Argentina en el Mundial de fútbol, los días transcurren construyendo una pequeña comunidad en uno de los lugares más aislados del planeta. Allí, entre temperaturas extremas y paisajes helados, tres misioneros llevan adelante tareas esenciales para sostener la presencia argentina en la Antártida, sin dejar de lado las costumbres, la música y los recuerdos de la provincia que los vio crecer.
Fuente: Primera Edición
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