Moria y Carlos Paz, una historia de amor y éxito ignorada por Netflix
La bioserie de la diva soslaya por completo su resonante paso por esta plaza teatral en la que se mostró como figura central parte de elenco y productora.

El pasado fin de semana, el espectáculo nacional se detuvo ante un acontecimiento histórico: Moria Casán, la indiscutible "One" del teatro argentino, celebró sus 80 años de vida. La fecha coincidió de manera milimétrica con el estreno en Netflix de una esperada bioserie.
Sin embargo, a pesar de la buena factura técnica de la producción audiovisual, un vacío narrativo encendió las alarmas y desató un fuerte reclamo en la provincia de Córdoba. La serie invisibilizó por completo a Villa Carlos Paz, la plaza teatral que funcionó como el segundo hogar y el trampolín fundamental de su trayectoria artística.
Mientras la producción muestra el crecimiento de Mar del Plata, llegando a incluir escenas donde la Moria actual manipula minuciosamente una maqueta del Hotel Provincial, la villa serrana brilla por su total ausencia. Este "ninguneo" se agiganta por el hecho de que a fines de este 2026 se cumplirán exactamente 50 años del debut de Moria en la ciudad punillense.
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La historia de Moria Casán con Villa Carlos Paz no es un dato menor ni una nota al pie; es una bitácora de cinco décadas que transformó la fisonomía cultural del turismo cordobés.
Su idilio con las sierras comenzó en la temporada de 1976/1977, cuando debutó junto al humorista Guillermo Rico en el desaparecido Teatro Sambao, una mítica sala ubicada frente al Hotel Mónaco que recibía a los visitantes con una gigantografía en la ruta.
Desde ese primer paso, Villa Carlos Paz fue testigo de su evolución artística y personal. En 1984, Moria regresó para compartir cartel con Carmen Barbieri, Santiago Bal y quien fuera su pareja, Mario Castiglione, presentando La patota revistera en el Teatro Orfeo, sala que posteriormente se rebautizaría como el Teatro Bar.
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Al año siguiente, en 1985, Moria ya se había consolidado como la figura central indiscutida del espectáculo nacional. Fue la encargada de inaugurar el Teatro Estrellas (actualmente el Teatro Coral) con la obra La mejor revista de la cuadra, en un elenco que integraban Castiglione y Osvaldo Pacheco.
Fiel a su estilo de "escapar hacia adelante", Moria recuerda aquella accidentada inauguración con gracia y asombro: "Llegué y no estaba puesto el techo". Esa temporada también estuvo marcada por la tragedia y la resiliencia, ya que el querido Osvaldo Pacheco falleció en plena temporada. Lejos de amedrentarse, Moria continuó demostrando el rigor profesional con el que siempre encaró sus temporadas en la villa, combinando el trabajo intenso con el disfrute de las sierras.
Para comprender la magnitud de la presencia de "La One" en Córdoba, es imprescindible recuperar la voz de quienes hicieron posible la magia desde el detrás de escena. El histórico productor teatral Pablo Sittoni recordó con gran precisión el estrecho vínculo laboral y familiar de Moria con la plaza. En diálogo con La Voz, Sittoni rememoró una de las primeras grandes producciones que compartieron: "En el '87 hicimos una revista en la que estaban ella y Castiglione. Su hija, Sofía Gala, cumplió su primer año acá y le hicimos un festejo".
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A fines de la década de 1980, Moria legó al prestigioso Teatro del Lago la obra El revistazo rompe todo, pero el verdadero quiebre en su carrera se produjo en la década de 1990 en esa misma sala, con el arrollador e histórico boom de Brujas.
Sittoni confirmó que aquella puesta, que consagró a Moria en el teatro de texto tras años de reinar en la revista, fue una coproducción local clave. "Lo de Brujas sí fue una coproducción nuestra. Todavía estaban Minguito Marimón, junto a Carlos Rottemberg y Guillermo Bredeston", contó.
Los camarines cordobeses se convirtieron en el escenario de la infancia de su hija. Sittoni detalla que la diva no solo trabajaba incansablemente, sino que priorizaba su vida familiar en la villa. "Después hubo otro festejo de cumpleaños de su hija cuando estábamos haciendo Brujas", precisó.
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Este hito significó la transición perfecta para Moria, demostrando que su talento excedía con creces el plano físico, consolidándola como una actriz dramática de inmenso calibre y boletería imbatible.
Moria Casán no solo asistió a Villa Carlos Paz como empleada del espectáculo. También moldeó la plaza como creadora de tendencias y productora. En 2009, lideró un verdadero suceso de taquilla al encabezar What Pass Carlos Paz? en el Teatro Coral. La obra, que jugaba con su famosa frase latiguillo a la que le sumó el nombre de la villa, fue realizada junto a Luciano Garbellano.


En 2010, dio un paso más en su rol de productora con Alegría ortomolecular, un espectáculo fiel a su impronta vanguardista y con un elenco heterogéneo que incluía a Andrea Rincón, Fabio "La Mole" Moli y Vanina Escudero.
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Sin embargo, uno de los capítulos más conmovedores y revolucionarios de su paso por Villa Carlos Paz ocurrió en la temporada de 2014/ 2015 con la obra Priscilla, la reina del desierto, presentada en el Teatro Candilejas. En esta megaproducción musical, Moria asumió el desafío de interpretar a Bernardette, una mujer transexual que luchó desde su juventud por su identidad.
La trastienda de este papel revela el inmenso prestigio internacional de la actriz. Al tratarse de una obra con derechos extranjeros muy estrictos, los productores ingleses debieron dar un aval especial, ya que en ninguna de las puestas del mundo de Priscilla una mujer biológica había interpretado a la transexual Bernardette (rol tradicionalmente reservado para actores hombres).
Los dueños de los derechos revisaron exhaustivamente el currículum de Moria, sus posturas públicas y su histórica militancia social en favor de la inclusión, destacando la creación de Playa Franca, el primer balneario explícitamente gay friendly del país. Tras confirmar que su figura representaba de manera idónea el espíritu de la obra y que estaba exenta de cualquier homofobia, le otorgaron un permiso único en el mundo.
Para Moria, encarnar a Bernardette fue un proceso completamente orgánico. "Me siento muy identificada con la gente gay, aunque mi elección sexual haya sido diferente. Pasa cuando tenés una personalidad que no es estándar y no obedece a mandatos establecidos... El papel de Bernardette me es sumamente orgánico. Lo que defendí toda mi vida es la libertad", le dijo a la periodista Beatriz Molinari en la previa del estreno de esa obra.
La trayectoria de Moria en Villa Carlos Paz es también el reflejo de una filosofía de vida profesional que ella misma definió con precisión quirúrgica. Frente a la mirada externa que durante décadas intentó encasillarla, Moria erigió una muralla de dignidad profesional desde sus comienzos en 1973. "Entré en un medio donde se cosifica a la mujer y hay muchos misóginos: la revista", señaló.
Ante ese contexto, impuso condiciones revolucionarias para la época, algo que la serie también deja en claro. Moria con La Voz: "Tuve mi contrato, que determinaba que ningún cómico podía rematar un chiste con mi culo, mis tetas ni usarme en el escenario como cosa".
En ese mismo intercambio, Moria reivindicó haber sido una de las pioneras en monologar, hacer stand up e interactuar directamente con la platea baja. Su objetivo siempre fue claro: trascender el cuerpo. "Nunca permití que me devaluaran por mostrarme desnuda. Al contrario, ese ninguneo de la vedetonga no lo permití. Fui por otro lado. Trabajé muchos años con mi cuerpo pero pude trascenderlo", sumó.
Hoy, a sus flamantes 80 años y con una vitalidad que asombra, Moria Casán observa su paso por la vida y el teatro con una resiliencia envidiable. "Me impresiona mi capacidad de resiliencia", dijo.
"No se trata de sobrevivir, se trata de vivir, con determinación y mi verdad, sin negociar la libertad", completó.
Y frente a las omisiones de la pantalla chica o el streaming de Netflix, suponemos que preferiría no anclarse en reclamos estériles ni nostalgias del pasado. "Atrás queda todo, incluido el tiempo. El pasado no es una mochila en mi vida. No me da nostalgia. Ya está. Soy cero Canal Volver".
Por más que una plataforma internacional decida omitir las sierras cordobesas de su historia oficial, las huellas de Moria Casán en las cercanías del Cucú, en las boleterías del Coral, del Lago o Candilejas, y en el corazón del público que colmó sus teatros durante medio siglo, son imborrables.
Fuente: La Voz
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