Murió Carlos "Cacho" Valdez, el hombre que hizo del rugby una forma de vida y marcó para siempre a Tucumán
Universitario, el club de sus amores, y la URT despidieron con profundo pesar a quien dejó un legado que trascendió las canchas.

Resumen para apurados
El rugby tucumano amaneció hoy con el peso de una ausencia que se siente definitiva. Se nos fue Carlos "Cacho" Valdez, el eterno poeta de la ovalada. A los 93 años, el hombre que fue sinónimo de Universitario y, en buena medida, de la esencia misma de nuestro rugby, bajó la persiana de una vida que se confundió durante siete décadas con los colores azul y gris.
No es fácil escribir sobre alguien que no solo habitó el club de Ojo de Agua, sino que lo sostuvo desde los cimientos. Nacido un 20 de abril de 1933, Cacho no fue un dirigente más; fue un arquitecto de voluntades. Jugador, presidente, entrenador y, por sobre todas las cosas, un mentor que entendió (mucho antes que otros), que un club se construye con personas y no solo con resultados.
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Por eso hablar de Cacho es también hablar de una época en la que el rugby se medía por la lealtad y no por el marketing. Ingeniero de profesión y con una pluma exquisita para contar las cosas, él se manejaba en la vida con la misma precisión con la que entendía el juego. Guardián celoso de la memoria, de su boca salían los relatos de las primeras camisetas -esas azules inspiradas en la lejana Escocia- y las charlas fundacionales que dieron origen a lo que hoy es Universitario.
Sin embargo, cuando se le preguntaba por su mayor logro, él siempre escapaba del pedestal. Despreciaba el ego con una frase que hoy, ante su partida, resuena como una lección: "El club está por encima de cualquier nombre". Cacho siempre decía que los verdaderos héroes eran aquellos que nunca ocuparon una placa. "Hubo grandes entrenadores que nunca salieron en los diarios", repetía, reivindicando a esos formadores silenciosos que nutrieron a figuras consagradas.
Y en ese reconocimiento estaba pintada su alma; un tipo que, a pesar de haberlo sido todo, se definía como alguien "normal". Un hombre que prefería pagar su cuota de socio hasta el último día porque entendía que el amateurismo, más que una regla, debía ser un ejercicio de dignidad.
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Por eso, para muchos, quizás el recuerdo más puro que deja el gran Cacho no esté en los estantes de trofeos de las décadas del 50 o el 70; o por sus pasos por los seleccionados (Marrón y Naranja) o hasta en Los Pumas ayudando permanentemente. Está en esos prolongados entrenamientos donde se dedicó a formar jóvenes. "Lo mejor para mí fue entrenar chicos", decía con los ojos encendidos cuando hablaba. Ahí era su lugar feliz. Donde la ovalada corría sin presión y los valores se sembraban a fuego lento. Allí, Cacho (y lo podemos afimar todas las personas que lo conocimos), encontró su verdadera vocación. Por eso todo lo que dejó hoy es una cadena invisible que une a los viejos referentes con los juveniles que recién empiezan.
Hoy Universitario está de luto, pero es un luto que celebra una trayectoria ejemplar. Las redes sociales se inundaron de mensajes, pero el verdadero homenaje ya está escrito en la identidad del club. En cada chico que aprende que el respeto está por encima del ego, y en cada familia que siente a "la U" como un hogar.
Cacho Valdez se fue sin hacer ruido, fiel a su estilo de "no querer salir en la foto". Nos deja la responsabilidad de mantener vivo ese espíritu, la de entender que las personas pasan, pero que el club, ese club que él cuidó como a su larga vida, es lo único que permanece.
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Así, el rugby tucumano despide a un maestro, hoy convertido en leyenda. Aunque cueste imaginar una cancha sin su presencia serena, Cacho ya descansa. Y lo más seguro es que en algún rincón reservado para los grandes, él ya estará empezando ese tercer tiempo eterno riendo con Ramiro, hablando de la ovalada, de los valores y, sobre todo, de su amado Universitario.
La noticia provocó una profunda conmoción en el ambiente deportivo. El primero en despedirlo fue el club de toda su vida, con un sentido mensaje publicado en las redes sociales.
"Hay personas que pasan por un club. Y hay otras que se convierten en parte de su historia. Cacho Valdez fue una de ellas", dice parte del texto difundido por Universitario.
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Lo mismo hizo la Unión de Rugby de Tucumán, que expresó su pesar por el fallecimiento y recordó a Cacho como uno de los grandes referentes que ayudaron a construir la identidad del rugby provincial.
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Nació en Tucumán en abril de 1933. De los 12 a sus 17 años jugó al fútbol en Central Norte. Jugó rugby en el club Estudiantes y luego en Corsarios (1946/47). A Universitario llega en 1950. Fue jugador de Primera durante 14 años. Como jugador y entrenador ganó 12 campeonatos Anuales y otros Preparación, Clausura y Seven. Fue cinco años entrenador de Infantiles. Ocupó diferentes cargos directivos y la presidencia de La U de 1982 a 1992.
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Fue jugador del combinado tucumano (predecesor del seleccionado) hasta 1964 y entrenador del Seleccionado tucumano de 1972 a 1973, que logró el subcampeonato Argentino y enfrentó por primera vez a los All Blacks. Fue además secretario del Consejo Directivo de la Unión y fundador y presidente de Old Virgins, con quienes jugó por última vez en el Seven de Tafí del Valle 2009. En el ámbito de la UAR, le tocó ser el presidente de la delegación que viajó a competir al Seven de Tokyo, Japón, en 1996.
Fuente: La Gaceta
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