Musicar el cuerpo
Nahuel Troncoso es músico y licenciado en Musicoterapia por la Universidad de Buenos Aires. Además de desarrollar su carrera artística, des...

Nahuel Troncoso es músico y licenciado en Musicoterapia por la Universidad de Buenos Aires. Además de desarrollar su carrera artística, desde 2022 trabaja en el área de Terapia Intensiva del Hospital Lucio Molas-Favaloro y en el abordaje del síndrome post-UTI como musicoterapeuta.
Sofía Pavesi *
Se trata de dos elecciones, en apariencia, inarticulables, que tornan interesante la perspectiva del profesional acerca de los efectos de la música en la vida y en el cuerpo.
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La musicoterapia es una disciplina respaldada con evidencia científica, sin embargo, tiene la particularidad de ejercerse a través del arte, esta certeza despierta en Nahuel la necesidad de advertir la diferencia entre la definición clásica de la práctica como concepto, y su ejercicio.
Podría citar la World Federation of Music Therapy (WFMT) y decir que la Musicoterapia es el uso de la música y de sus elementos -sonido, ritmo, melodía y armonía- en un proceso destinado a facilitar objetivos terapéuticos, pero esto no es lo más importante: importa el sujeto a quien se destina y cómo se ejerce el tratamiento.
La música como medio.
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- Con tono paciente y profundo, Nahuel explica que la música podría entenderse como un viaje cuya experiencia es siempre particular y que en esta particularidad radica la posibilidad de su ejercicio como un medio en el proceso de curación:
- La música es un concepto cultural y cada sujeto es atravesado por ella de manera distinta. Lo que genera a nivel físico y psíquico no va a ser lo mismo para todos, entonces, es difícil unificar la forma de entenderla o de experimentarla.
- Esta dificultad, dada por lo singular de cada interpretante de la música en el proceso de cura -musicoterapeuta y paciente-, ¿tiene una manifestación concreta en la práctica cotidiana?
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- Sí. Ahora, podría citar a Daniel Stern y decir que los procesos musicales y los procesos psíquicos son análogos. A partir de esta teoría, ya podemos entender la orientación de mi trabajo, que va dirigido a considerar el estado de cada persona, más allá de su condición biológica. Por eso, me interesa la concepción del sujeto como ser "biopsicosocioespiritual", porque expresa que los pacientes deben considerarse en todas sus dimensiones: biológica, psicológica, social y espiritual.
Mi práctica cotidiana empieza con una reunión de equipo formada por médicos y otros profesionales de la salud. Todas las mañanas, se informa acerca de los pacientes internados en Terapia Intensiva y, desde el servicio de rehabilitación, se toma en consideración qué pacientes son aptos para emprender un proceso musicoterapéutico. Después, tomo en cuenta qué medicamentos consume cada paciente, el estado físico, psicológico y cognitivo de cada uno. Recién una vez que tengo toda esa información, me acerco con los instrumentos musicales.
- ¿Cuál es la dinámica general de una sesión?
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- Bueno, la mayoría de las veces, las sesiones empiezan con una conversación, que, aunque no siempre involucra la voz del paciente -muchos están intubados-, sí se puede establecer una comunicación para presentarnos, averiguar el estado anímico y físico de la persona... En general, se trabaja el manejo del despertar y una de las intervenciones posibles es la escucha de música significativa para la persona -en general, esta información la brinda la familia-, otra intervención posible puede ser cantar una canción o hacer una improvisación con la voz y con la guitarra.
A veces, no hay posibilidades o tiempo de saber qué música puede agradarle al paciente. Una opción es aplicar la técnica de "arrastre", que consiste en la realización de una armonía con la guitarra constituida por dos acordes, similar a las canciones de cuna. Esta comprobado que esto genera efectos relajantes y sedativos para la persona. Muchas veces, es necesario repetir la melodía durante mucho tiempo, puede incorporarse el nombre del paciente o ciertas referencias a su identidad. Son técnicas que tienen la finalidad de transmitir seguridad al paciente. La que más se usa se llama "de arrastre" porque con ella se pretende que la melodía se asemeje a la respiración del paciente, se busca un entrecruzamiento de ritmos para favorecer el despertar. Otras veces, la intervención es hacer silencio, pedirlo, ayudar a construirlo. Todo depende de lo que el paciente tolera y percibe, por eso es importante la idea de que no hay música que cura, sino maneras de emplearla en favor del proceso terapéutico.
- ¿Hay algún caso que recuerdes especialmente?
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- Sí, en realidad hay muchos casos significativos. Se me viene uno a la mente ahora, que deja muy clara esta concepción de lo análogo entre el proceso musical y el proceso psíquico. Es el caso de una chica que eligió una canción aparentemente al azar, pero que, sin embargo, hablaba de su propio tránsito por la enfermedad: la letra expresaba el pesar de atravesar las mismas situaciones una y otra vez, la sensación de escalar y recaer. Esto sucede mucho en las sesiones de Musicoterapia, que las personas eligen canciones que hablan de su situación, sin darse cuenta.
Posición política.
- Según tu descripción de la práctica, esta disciplina evoca un modo diferente al de la medicina tradicional para procesar la cura, no tan centrado en los resultados finales como en el transcurso terapéutico. Desde este punto de vista, la musicoterapia interpela las maneras de administrar el espacio, los recursos disponibles y el tiempo en el tratamiento de la salud ¿puede pensarse esta disciplina como un modo de posicionamiento político frente a la tradición médica?
- Yo no creo que sea posible no hacer política con el lugar de trabajo, todo lo que hacemos es político. Así que sí, la musicoterapia tiene una posición que, de alguna manera, confronta el discurso médico-hegemónico, que imparte la tradición. La musicoterapia intenta una ruptura.
- En tu caso particular, ¿cómo vivís esta ruptura?
- Creo que el hecho de ir a Terapia Intensiva con esta disciplina es, de por sí, un posicionamiento político muy fuerte. El que haya una persona en ese ámbito que no intenta únicamente salvarle la vida al paciente, sino que, además, se centra en hacer de la internación un proceso más humano, más sensible a todos los aspectos que hacen a la identidad del paciente, es un hecho político.
Estoy de acuerdo con la construcción de una sociedad con accesos cada vez más equitativos y, precisamente, la presencia de musicoterapeutas en un hospital público es expresión de esto. De todas maneras, para mí, la clave está en construir alianzas y analizar qué se puede hacer con las herramientas que tenemos.
La música como arte.
- La música es un ejercicio artístico en cualquier ámbito y tu forma de interpretarla y experimentarla es prueba de esto: aparte de tu trabajo como profesional de la salud, sos músico. Por favor, contanos acerca de tu última presentación, "Escuchar(se), canciones, poemas y silencios compartidos".
- Sí, justamente, en este contexto tan hostil que estamos viviendo, es una invitación a escuchar-nos, a sensibilizarnos, al compartir mi música, fragmentos de poemas y escritos que voy sacando. Me interesa principalmente la idea de escucharse y escuchar a los demás, permitir un momento de autopercepción, introspección, tanto a nivel personal como de forma colectiva, de construir una escucha. En musicoterapia se usa un concepto que es el "musicar", como un verbo en sí, distinto del "hacer música".
Hay distintas formas de musicar, no solamente componiendo, no solamente haciendo, sino a veces escuchando. Cuando el público escucha está musicando también: la música se construye también con el silencio, con la escucha colectiva.
Quienes deseen conocer más sobre el trabajo de Nahuel pueden seguirlo en su cuenta de Instagram @nahue.troncoso o en Tik Tok @nicolasnahueltron
* Estudiante de Letras en UNLPam. Colaboradora.
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Fuente: La Arena
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