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Nacimos para sufrir

La remontada ante Egipto volvió a dejar en claro esa sensación que atraviesa generaciones de hinchas: Argentina parece estar hecha para sufrir primero y ser feliz después. De Qatar a este Mundial, la Scaloneta convirtió la angustia en una forma de creer.

Por Carla Acosta3 min de lectura
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Nacimos para sufrir
Nacimos para sufrir · Foto: Tiempo de San Juan

Hay una frase que se escucha cada vez que juega la Selección. La repite el abuelo en la casa, el amigo en el asado, el vecino en la cuadra; e incluso lo dijo este martes De Paul en zona mixta. "Nacimos para sufrir". Durante años sonó a exageración, a una de esas frases hechas del fútbol argentino. Pero después de tantas noches imposibles, sentados frente al televisor o en una grada de cualquier cancha, cuesta pensar que sea solo una expresión.

Este martes, la remontada frente a Egipto lo demostró. Cuando Argentina estaba dos a cero abajo en el marcador y quedaban un poco más de 10 minutos para el final, el miedo empezó a recorrer el estadio e incluso la tribuna de prensa, con mayoría de periodistas argentinos. Seguramente también ese mismo miedo llegó a cada rincón donde había un argentino mirando el partido. Nadie desconfiaba de la Scaloneta, pero era inevitable.

Sin embargo, esta Selección volvió a responder como ya lo hizo tantas veces: con rebeldía, con orgullo y con una fe que parece aparecer justo cuando todo se oscurece, cuando todo parece terminar.

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Primero llegó el descuento, después el empate y finalmente el gol de Enzo que desató una explosión imposible de explicar -yo terminé saltando y gritando de felicidad con periodistas que jamás crucé en mi vida y no sé ni cómo se llaman, aunque fue recíproco-. Es que otra vez el sufrimiento se transformó en abrazo. Otra vez el corazón terminó ganándole a la lógica.

Pero la historia reciente de la Scaloneta está llena de noches así. En Qatar, el partido contra Países Bajos parecía resuelto hasta que dos goles en pocos minutos empujaron todo a un final dramático. Más tarde llegó la final ante Francia, probablemente el partido más emocionante que haya jugado la Selección de Scaloni hasta ahora, con golpes, respuestas y un desenlace que terminó con la conquista de la Copa del Mundo. También en la Copa América hubo que esperar hasta el alargue para quebrar a Colombia y volver a gritar campeón.

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Este Mundial tampoco está siendo sencillo. Cabo Verde obligó a remar un partido incómodo cuando parecía que todo estaba bajo control. Egipto volvió a poner a prueba el carácter de un equipo que nunca aceptó la derrota como destino. Como si el camino argentino estuviera condenado a pasar primero por la angustia antes de llegar a la felicidad.

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Y tal vez ahí esté la explicación de por qué esta Selección genera algo tan profundo. El hincha argentino no mira los partidos, los vive realmente como propio. Se agarra la cabeza, camina por el living, promete no sufrir más y, un minuto después, vuelve a creer. Pasa del miedo absoluto a la alegría más desbordante en cuestión de segundos. Es agotador, sí. Pero también es una de las formas más intensas y hermosas de vivir el fútbol.

Y ser argentino, futbolísticamente hablando, tiene un poco de eso. Es convivir casi siempre con la incertidumbre y aun así confiar. Quizás por eso la frase sigue viva. Porque después de Egipto, de Cabo Verde, de Países Bajos, de Francia y de tantas noches eternas, cuesta discutirla. Nacimos para sufrir.

Fuente: Tiempo de San Juan

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