Nació en Malvinas, se casó con una mendocina, lo registraron como inglés y el Registro Civil corrigió el error
Una joven mendocina le escribió en 1972 a un muchacho de Puerto Argentino (Puerto Stanley) después de responder a una convocatoria publicada en una revista. Menos de un año después se casaron en Mendoza. Cuando fueron al Registro Civil para consultar por el acta, descubrieron que…

Una joven mendocina le escribió en 1972 a un muchacho de Puerto Argentino (Puerto Stanley) después de responder a una convocatoria publicada en una revista. Menos de un año después se casaron en Mendoza. Cuando fueron al Registro Civil para consultar por el acta, descubrieron que él figuraba como de nacionalidad inglesa y nacido en las Islas Falkland. La entonces directora del organismo decidió intervenir y corregir esos datos.
La mendocina Victoria del Carmen Bartolomé y el malvinense Terence Darwin Hansen, saliendo de Casa de Gobierno, en foto de Diario Los Andes.
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La mendocina Victoria del Carmen Bartolomé y el malvinense Terence Darwin Hansen, saliendo de Casa de Gobierno, en foto de Diario Los Andes.
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En 1972, una revista de circulación nacional publicó una convocatoria que invitaba a jóvenes argentinas a escribir cartas a muchachos de las Islas Malvinas. Victoria del Carmen Bartolomé, una joven mendocina, decidió responder. Escribió a Puerto Argentino (Puerto Stanley), sin saber todavía que aquella carta iba a terminar modificando el rumbo de su vida y, varios meses después, también el contenido de un documento oficial de Mendoza.
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La carta llegó a manos de Terence Darwin Hansen, un joven nacido en las Malvinas. Comenzaron así una relación a distancia que tuvo una particularidad para aquellos años: no nació de un encuentro casual ni de una presentación familiar, sino de una convocatoria publicada en una revista. Menos de un año después, Terence viajó a Mendoza para conocer personalmente a la joven con la que se había escrito durante meses.
Terence llegó a la provincia el 4 de julio de 1973. El 12 de ese mes, según contó entonces la prensa, decidieron comprometerse. Los dos jóvenes se tomaban con cierto humor la velocidad de la historia y decían que esos primeros días debían servir, justamente, para conocerse mejor. Pero el noviazgo no se prolongó demasiado: poco más de un mes después llegó el casamiento.
La ceremonia religiosa se realizó el 11 de agosto de 1973, a las 18, en la iglesia de Loreto. A las 21, la pareja partió rumbo a las Malvinas. La crónica de aquellos días contó que regresaron dos días después y que, luego de aproximadamente media hora de viaje, decidieron radicarse en Mendoza. Sin embargo, aquella no sería la decisión definitiva: con el tiempo, ambos terminarían viviendo en las islas.
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En esos primeros días en Mendoza apareció una cuestión mucho más concreta: Terence necesitaba trabajo. La pareja recurrió al gobernador Alberto Martínez Baca, acompañada por Ramón Penafort, delegado de Migraciones. Allí se habló de la posibilidad de incorporarlo a la Dirección de Arquitectura. Pero había otro asunto que resolver: la documentación del joven nacido en las Malvinas.
Una consulta de Migraciones lo había presentado como "un extranjero". Penafort explicó entonces que, desde el punto de vista legal, Terence era argentino. Su documentación británica y su partida de nacimiento debían ser traducidas y registradas para avanzar con la documentación argentina. El problema adquirió otra dimensión cuando el matrimonio llegó al Registro Civil y encontró cómo había sido consignado el lugar de nacimiento y la nacionalidad del joven.
La mujer que iba a intervenir en esa cuestión era María Angélica Escayola de Guevara, entonces directora general del Registro Civil de Mendoza, durante la gestión de Martínez Baca. Escayola no había participado del casamiento ni había sido quien confeccionó originalmente el acta. La pareja llegó después a la Dirección General para consultar precisamente sobre aquel documento.
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Terence aparecía allí con nacionalidad inglesa y como nacido en "Islas Falkland". Para Escayola, aquello planteaba una cuestión que excedía la documentación personal del joven. El acta había sido confeccionada por un funcionario público argentino y formaba parte de un registro oficial de la provincia. Por eso, entendió que no podía limitarse a aceptar lo que figuraba en los documentos que el muchacho había presentado.
Escayola recuerda con claridad que existía un límite jurídico: ella no podía modificar directamente un documento confeccionado por otro funcionario. "Yo no podía tocar en el acta hecha por un oficial público", explica al reconstruir aquella situación. La salida fue utilizar las atribuciones de la Dirección General del Registro Civil para disponer formalmente la corrección.
La cuestión, para ella, no pasaba por desconocer la documentación británica que Terence tenía en ese momento. Una cosa era la validez de esos documentos y otra, diferente, lo que un organismo público argentino debía consignar en sus propios registros. En aquella época, la Argentina sostenía oficialmente que las Malvinas formaban parte de su territorio y no reconocía la ocupación británica de las islas.
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Por eso Escayola entendió que el acta debía ser corregida. El lugar de nacimiento debía quedar referido a las Islas Malvinas y la nacionalidad debía figurar como argentina. La decisión no implicaba desconocer que Terence había nacido en las islas ni cuestionar los documentos con los que había llegado a Mendoza. Lo que se modificaba era la manera en que esos datos quedaban asentados en un documento público argentino.
"No estaba en juego el documento inglés. Estaba en juego la aceptación o no de lo que decía sobre quién tenía la soberanía sobre esas Islas", recuerda hoy Escayola. En esa frase concentra el sentido que tuvo para ella aquella intervención, ocurrida hace más de medio siglo y en un contexto en el que la cuestión Malvinas atravesaba de manera permanente la vida política argentina.
Diario Los Andes, del sábado 8 de septiembre de 1973.
La decisión de la directora del Registro Civil no pasó inadvertida dentro del organismo. La funcionaria que había confeccionado originalmente el acta fue cuestionada por la forma en que había consignado los datos. Escayola, en cambio, sostuvo su decisión y defendió que un registro público argentino debía expresar la posición oficial del Estado sobre la soberanía de las islas.
La pareja aceptó la modificación, incluido Terence. Para el joven nacido en las Malvinas, aquella corrección tenía además una particularidad: él era precisamente una de esas personas cuya historia personal estaba atravesada por las dos denominaciones y por las distintas formas de entender su pertenencia. Había nacido en un territorio administrado por Gran Bretaña, pero la Argentina sostenía que ese territorio era parte de su propia soberanía.
La historia, que había comenzado con una carta enviada desde Mendoza hacia Puerto Stanley, había terminado pasando por un escritorio del Registro Civil. Primero había sido una relación entre dos jóvenes que se conocieron a distancia; después, un casamiento. Finalmente, apareció un problema aparentemente administrativo que terminó convirtiéndose en una discusión sobre identidad, territorio y soberanía.
Escayola recuerda que aquella historia tuvo repercusión en su momento y que fue recogida por medios de Buenos Aires y de Mendoza. "Era noticia en todos lados", señala al reconstruir aquellos días. La pareja había llamado la atención por la singularidad del encuentro y del matrimonio, pero detrás de la noticia había una cuestión que excedía largamente a los protagonistas.
La historia de Victoria y Terence tampoco terminó en Mendoza. Aunque después del viaje inicial habían decidido quedarse en la provincia, con el tiempo cambiaron de idea y terminaron viviendo en las Malvinas. Escayola recuerda haber vuelto a encontrarse con Victoria años después, cuando ya había dejado la función pública y la provincia había atravesado una etapa de intervención institucional.
En ese encuentro, Victoria le contó que finalmente habían viajado a las islas. El matrimonio no duró para siempre y la relación terminó en divorcio un año después del casamiento. La vida allí tampoco resultó sencilla.
Terence Darwin Hansen murió en las Malvinas en 1992, a los 56 años. Para entonces, aquella acta mendocina que había motivado la intervención de Escayola era ya parte de una historia mucho más amplia. En un documento provincial habían quedado registradas las marcas de una disputa que atravesó generaciones y que, en el caso de Hansen, también formaba parte de su propia identidad.
Con el paso del tiempo, Escayola volvió varias veces sobre aquella decisión. Para ella, las personas nacidas en las Malvinas pueden quedar atrapadas entre dos formas de identificación, una vinculada al lugar donde nacieron y otra relacionada con la posición argentina sobre el territorio. Su reflexión actual va más allá de aquel caso particular y plantea la necesidad de que esas definiciones no dependan únicamente de decisiones administrativas individuales.
La exdirectora del Registro Civil considera que una legislación nacional podría establecer con claridad el reconocimiento de quienes nacieron en las Malvinas como argentinos, evitando que esa condición dependa de cada trámite o de la interpretación de un funcionario. Su planteo parte de una idea sencilla: si la Argentina sostiene oficialmente una determinada posición sobre la soberanía, esa posición debería tener también consecuencias concretas para las personas nacidas allí.
Por eso vuelve sobre aquella decisión de 1973. No la recuerda solamente como una corrección administrativa, sino como una forma de llevar una posición del Estado a un documento cotidiano. En un acta de matrimonio, dos palabras podían parecer un detalle. Para ella no lo eran. Allí también se estaba definiendo cómo un organismo argentino reconocía a una persona nacida en las islas.
Más de cincuenta años después, aquella historia conserva algo de su singularidad. Una revista puso en contacto a una joven mendocina con un muchacho nacido en las Malvinas. Una carta terminó en un casamiento. El casamiento llevó a una consulta en el Registro Civil. Y esa consulta hizo que una funcionaria tuviera que decidir qué debía decir un documento argentino sobre alguien nacido en un territorio cuya soberanía continúa en disputa.
Para Escayola, el episodio también dejó una enseñanza que mantiene vigente: las declaraciones sobre soberanía no deberían quedar solamente en los discursos o en los documentos internacionales. También tienen que expresarse en los actos concretos del Estado y en la manera en que este reconoce a quienes considera parte de su comunidad. En su recuerdo aparece una expresión que resume esa mirada: "los nuestros".
La historia de Victoria y Terence quedó así atravesada por una cuestión que ninguno de los dos había buscado al comenzar aquella correspondencia. Se conocieron por una carta, se casaron en Mendoza, vivieron finalmente en las Malvinas y siguieron caminos diferentes. En el medio, una oficina del Registro Civil mendocino convirtió su matrimonio en el escenario de una discusión que, en realidad, hablaba de algo mucho más grande que ellos.
Fuente: Los Andes
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